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TRANSPORTE PORTOSIN BILBAO

 

Día 23 de Agosto de 2003 Sábado

Para las últimas etapas en el traslado del Bahía las Islas hasta su puerto definitivo en Bilbao, cuento con parte de la tripulación, Aitor y Pello.

A Roberto, que felizmente ha traído el barco, subiendo la ingrata costa portuguesa, se le ha hecho ya largos dos meses de mar y me pide desembarcarse.

Encantadísimo de tener el Bahía ya a las puertas de casa, no tengo ningún reparo a la gran labor que ha realizado con su tripulación, con gusto, le cedo mi coche para que vuelvan a Bilbao.

Solo ha habido una ligera avería en el display del piloto automático, a causa de  la humedad que ya venía arrastrando desde Córcega, este ha dejado de verse los dígitos, pero por otra parte el piloto funciona correctamente.

Los tres solos una vez que han partido los demás, dedicamos unos minutos a ordenar nuestras cosas, ya que el propio barco está impecable y después a degustar la gastronomía gallega.

 

Día 24 Domingo

   Amanece el día con una pertinaz niebla y ausencia de viento. Como vamos bien equipados de electrónica nos hacemos a la mar sin más dilaciones.

La visibilidad ronda los 50 metros en la ría de Muros, con el radar calibrado a milla y media, navegamos con las cartas digitales en el ordenador, tomamos el centro de la ría, en la que, de cuando en cuando, hacemos sonar la bocina de niebla para advertir a pequeñas embarcaciones, reflejadas en el radar, nuestra presencia en las proximidades.

   Esta confianza que da la ciencia nos permite navegar sin temor, a 7 nudos impulsados por el motor. Una hora más tarde abandonamos la ría de Muros, doblamos monte Louro, que sabemos está allí por que lo vemos en el radar y las cartas y arrumbamos a Finisterre, dándole un respetable margen de tres millas, al que tampoco vemos, aunque oímos su bocina. A medida que ganamos Norte, la niebla va disipándose lentamente.

   Por el VHF, cada dos horas se transmite un “securité, securité, securité” advirtiendo la regata de veleros que tiene lugar entre Camariñas y Portosin, justo el recorrido que estamos haciendo a la inversa.

   Una suave brisa del S de F2 ha hecho su aparición, por lo que izamos el spi asimétrico, esta vez lo atangonamos y hacemos un buen ángulo de popa

   Esperamos con ansiedad la aparición de los veleros anunciados en nuestras proximidades, pero a pesar de que a media tarde la visibilidad es buena, solo hemos visto 3 barcos navegando a vela y otros tres a motor, semejante regata solamente puede ser el rally vuelta a Galicia, precisamente este año iba de Ribadeo a Vigo.

   A medida que vamos cerrando el rumbo para entrar en la ría de Camariñas, con el viento más al través, el spi asimétrico desarrolla su potencial y el Bahía las Islas se siente más airoso, haciendo una espectacular entrada hasta el mismo puerto del pueblo pescador. Arriamos velas y amarramos en un pantalán del pequeño puerto deportivo, la idea es visitar el pueblo y hacernos a la mar con las primeras sombras de la noche.

   Un paseo por las estrechas y vacías callejas de empedradas casas, nos es suficiente para decidir soltar amarras con brevedad, estamos ansiosos de mar.

   El viento ha subido a F3 y se mantiene de S con la mar rizada.

   Pronto, una vez doblado el cabo Villano, a la salida de la ría de Camariñas, observamos los primeros destellos en los faros de Laxe y punta Nariga, navegamos cómodamente, ya sin spi, paralelos a la costa con un margen de dos a tres millas, la tan afamada costa de la muerte no está haciendo honor a su temible reputación, ni falta que le hace, pensamos.

   El faro de las islas Sisargas ya se ve claro en la lejanía y hacia él no dirigimos, siempre con el resguardo de seguridad a la costa. La idea es hacer otra recalada en Cedeira para que mis dos tripulantes conozcan uno de los más bonitos rincones de las Rías Altas gallegas.

 

Día 25 Lunes

      De madrugada el tiempo ha empeorado como estaba previsto, el frente poco activo del W nos ha alcanzado con lloviznas y sin viento, es necesario enfundarse los trajes de agua, además la temperatura ya no es la mediterránea y en  la travesía de la bahía de la Coruña hay que estar muy atento al tráfico de pesqueros, como siempre muy intenso.

   Prior y Candelaria ya son visibles por los pantallazos regulares de sus faros,                  aunque los chaparrones intermitentes nos ocultan la visión, el ojo del radar y el piloto automático, nos mantiene a cubierto de las inclemencias lluviosas.

   Próximos ya a la ría de Cedeira, una densa niebla costera impide toda visión más allá de unos metros, por lo que decido continuar el rumbo hacia Ortegal, evitando la complicación de la estrecha entrada en esas condiciones de nocturnidad, sin tener urgencia alguna para hacerlo.

   Nuevamente a vela en las proximidades de Ortegal, con las primeras luces del alba y la tenue cortina neblinosa, las espectaculares agujas que jalonan la restinga del cabo, se asemejan a fantasmas salidos de la nada, una visión única, motivo por el cual llamo a los muchachos para que no se pierdan esta imagen.

   Como no ceja la persistente llovizna haremos una recalada en la recogida dársena de Cariño, fondeando en su playa.

   Por espacio de casi dos horas, hemos dormido a pierna suelta, lejos de la humedad exterior, si bien cuando nos disponemos a desayunar, el ambiente está más seco.

   No prolongamos por más tiempo la parada y ponemos proa a la Estaca de Bares, punto más norteño de la geografía española, navegamos a vela con una brisa de popa, que nos permite avanzar a cinco nudos.

   A medida que nos adentramos en el Cantábrico, las amenazadoras nubes van dejando paso a grandes claros, animándonos a una singladura más placentera.

   Pronto San Ciprian, con su gran puerto industrial que tiene la empresa de aluminios Alcoa, queda por estribor y allá un poco más lejos los edificios de Burela, uno de los puertos pesqueros más importantes de Galicia y por el que ya pasamos con el Agón, nos abren paso al golfo de la Masma o de Foz.

   La suave brisa hace horas que nos ha abandonado y nuevamente navegamos a motor para recorrer las últimas millas de la singladura hasta Ribadeo.

   Entramos en la ría, pasando una vez más, bajo el espectacular puente que une las dos comunidades norteñas, para recalar en el recoleto puerto deportivo de Ribadeo, la entrada a este refugio con mala mar es un tanto complicado por que desde fuera, se ve solo una línea de rompientes, cuando en realidad son dos, la más afuera del lado asturiano y la de dentro del lado gallego, por lo tanto hay que hacer la entrada describiendo una ese, como digo, en condiciones de fuerte marejada.

   Amarramos donde siempre lo habíamos hecho con el Agón, a la vera del espigón, pero como está en obras de ampliación, suponemos que es uno de los motivos por lo que el Bahía se encuentra solo.

   Una obligada cena a base de pulpo, en el lugar que el pasado año festejamos desaforadamente la etapa de la regata asturiana, con el Agón, determina que pasemos la noche a pierna suelta, un poco cargadillos de ribeiro.

 

Día 26 Martes

      Con la previsión de buen tiempo y  viento SW, dejamos el puerto, contentos por los augurios de una espléndida navegación viento en popa, izamos spi nada más dejar la ría y comentamos felices la amplia galopada que nos aguarda hasta cabo Peñas. Pero como muchas veces ocurre, tres o cuatro millas más adelante con Tapia de Casariego por el través, el viento nos hace de las suyas rolando al E, spi a la bolsa y avante a toda máquina.

   Las horas van pasando monótonas siempre que se navega a motor, a medio día el Sol brilla con fuerza y la mar muy tranquila, pero la brisa continúa del E.

   Con cabo Peñas a la vista y Vidio a tres millas por estribor, el piloto automático nos hace una guiñada anormal, rápidamente tomo el mando y compruebo varias veces que ha dejado de funcionar, a partir de este momento hemos de timonear a mano.

   Ni tan siquiera, una vez doblado cabo Peñas la brisa no nos permite navegar a vela, ha rolado alrededor del cabo para seguir de la proa y solo en las inmediaciones del puerto del Musel permite que abramos velas y hacer la última milla como hubiéramos deseado.

   El náutico gijonés  nos acoge como siempre, esta vez con pocos transeúntes, debido a lo avanzada de la estación veraniega.

 Dia 27 Miércoles

   Por la mañana hacemos unas compras de comida y ferretería y tras pagar 33€ del atraque salimos de Gijón a primeras horas de la tarde, la idea es pasar la noche navegando y llegar a Castro por la mañana.

La navegación se desarrolla a motor con escasos intervalos en que el ligero viento se nos pone favorable para detenerlo.

    Día 28 Jueves

Durante la noche hay que permanecer atentos al intenso tráfico de pesqueros por la zona, nos relevamos Pello, Aitor y Yo cada dos horas.

La madrugada aparece a la altura de Noja y pocas horas después hacemos entrada en el puerto de Castro-Urdiales con día encapotado.

Atracamos al muelle de abrigo, en espera de que llegue Richar para llevar con  su coche todos los accesorios del crucero a la lonja.

A primera hora de la tarde nos trasladamos a la escalera real y con el coche ya a mano, vaciamos el Bahía de elementos superfluos para la navegación costera.

Sin más perdida de tiempo, soltamos amarras para realizar la última y definitiva travesía de diez millas y completar el periplo iniciado en el Mediterráneo, tras  3.500 millas de crucero en el que afortunadamente no se ha registrado más que el postrero incidente con la defunción del piloto automático, cosa que celebramos una vez el barco amarrado, hora y media más tarde, en el pantalán que tenía reservado en el Real Club Marítimo del Abra, que será su casa por los tiempos venideros.    

 

                                                                  Bilbao, Septiembre de 2003


 

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