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CRUCERO POR LA COSTA VASCA

 

Bilbao, Octubre de 2007

 

     No es fácil reunir cuatro días seguidos a lo más granado de la tripulación del Bahía las Islas, pero esta semana de Octubre lo hemos conseguido y hacemos planes para acercarnos a Valencia, navegar, disfrutar y entrenar con el Bahía las Islas.

   El propósito es recoger en Arnedillo a Carlos (Urtzi), en su restaurante Casa Cañas. Allí echamos un último vistazo a la meteorología y la cosa es bastante negra por el Mediterráneo, una gota fría está haciendo estragos por la costa valenciana. Alguien sugiere, en vista de la situación, que en el Cantábrico tendremos buen tiempo y el Urki III a nuestra  disposición, así que sin pensarlo mucho volvemos de regreso al norte, hablamos con José Mari, su dueño, queda en acercarse al puerto a saludarnos y  despedirnos con harta envidia, aunque bien sabe que deja su Dufour 41 Prestige en buenas manos.

   En principio siempre hemos hablado de poner rumbo hacia Gijón, donde nos encontramos a gusto navegando y escanciando unas buenas sidras.

   Abandonamos el puerto ya entrada la noche, con brisa del NW  de 12 nudos, una marejada incómoda de proa nos impide avanzar con soltura. ¿Y si nos vamos para el Este? Sugiere alguien, la idea cuaja de inmediato, todos de acuerdo y en segundos abrimos velas rumbo a cabo Villano.

   La noche es oscura y fría, el viento que prometía una rápida navegación nos ha fallado y hemos de ayudarnos del motor para superar el cabo. Como no hay prisa en alcanzar la meta de cabo Higuer estamos dispuestos a dejarnos llevar por la suave brisa del Oeste, atangonando el génova a orejas de burro.

   Al otro lado de Matxitxako aumenta un poco la brisa, e incluso ha subido algunos grados la temperatura, nos turnamos de dos en dos guardias de tres horas, dejando al abuelo de la tripu, Enrique, que duerma a gusto. Tampoco es que la vigilancia sea extrema, pues en toda la travesía hemos visto un solo pesquero en las proximidades de nuestra derrota. Pasamos las horas plácidamente, en ocasiones a no más de un par de nudos. Las poblaciones costeras bien iluminadas indican donde nos encontramos, sin tener necesidad de ayudas electrónicas.

 

      Amanece entre nubes, estamos a la altura de Donosti y la brisa ya no da más de si, hemos de recoger génova y continuar las últimas millas a motor.

   Entramos por la ría del Bidasoa con la marea casi en su apogeo, por estribor el náutico de Fuenterrabía y un poco más adelante, a babor, la entrada al  francés de Hendaya, pero sobrepasamos la bocana y amarramos un poco más adelante, al nuevo  pantalán, en el antiguo muelle de pescadores.

   Hacemos una visita a la tienda de artículos deportivos situada allí mismo, de la que salimos bien cargaditos, vienen a visitarnos nuestros amigos franceses, a los que invitamos a cenar esta noche.

   Por la tarde salimos a navegar aprovechando que continúa la brisa del NW y al anochecer regresamos al mismo lugar en el pantalan. Nos extraña que el guardamuelles no haya aparecido para preguntar si pasaremos la noche, a pesar de ello, para no pagar, nos vamos a una de las boyas libres que se encuentran en el fondeadero de la amplia bahía de Txingudi.

   Con el nuevo día, si prisas, como nos hemos propuesto, salimos hacia San Juan de Luz.

   Antes de abandonar Txingudi, entramos en el náutico endayes, amarramos un momento en el pantalan frente a la entrada para cargar el tanque de agua, tal como entramos nos vamos sin que nadie nos diga nada.

    Salimos a mar abierto, teniendo buen cuidado por estribor de librar con holgura los bajos que jalonan la bahía francesa. Nuevamente navegamos a motor las cuatro millas que separan los dos puertos. Entramos en la artificial bahía y seguimos las enfilaciones para acceder por el estrecho canal del río Nivelle, a la dársena portuaria.

   El pequeño náutico se encuentra de frente, con calado suficiente para un velero de hasta 3 metros. Amarramos junto a la entrada en el primer pantalan, apenas hay un par de huecos libres, vamos a dar una vuelta por esta bonita ciudad. Pasamos por capitanía para hacer la entrada, tenemos dos horas de amarre gratis y las aprovechamos en ir a la plaza del mercado y abastecernos cumplidamente de marisco.

   De vuelta al puerto, salimos sin demorarnos y decidimos fondear en la bahía para preparar una buena paella y comer tranquilamente, en vez de largar el ancla, agarramos una boya libre.

   Para las cuatro abandonamos el fondeadero y nos dirigimos a San Sebastián donde pasaremos la noche. La brisa ya de NE no es lo suficientemente para navegar solo a vela y llegar no demasiado tarde, así que motor a bajas revoluciones para arribar a la bahía donostiarra antes de hacerse de noche.

De aquí en adelante es el momento de recoger el reglamentario pabellón español y discretamente disimularlo, nos adentramos en territorio comanche, y no es cuestión de que algún radical, ignorante de la legislación vigente, nos juegue una mala pasada.

   Entramos en el puerto viejo sin saber si el pantalán de transeúntes está libre, afortunadamente lo encontramos vacío, amarramos para pasar la noche y tomarnos unos potes por la parte vieja de Donosti.

   Este pequeño pantalan, en el que se exhibe un cartel anunciando la exclusividad de uso temporal, pertenece al club náutico donostiarra, pero apenas lo controlan y no se ha acercado nadie, disponemos de agua, luz y un inmejorable lugar de amarre.

 

      Una mañanera compra de comida antes de soltar amarras rumbo a nuestro próximo destino, la nueva marina de Orio. Queremos conocer su entrada y posibilidades de atraque, a poco más de 4 millas de La Concha, alcanzamos el espigón rompeolas y que en alguna medida evita la peligrosa barra, que desde siempre ha caracterizado la entrada al puerto pesquero. Aún a pesar de la protección la entrada al estrecho canal sería complicado con más de una fuerte marejada.

   Ya en aguas mansas, a poco más de 100 metros de la bocana hay un muelle de amarre para embarcaciones grandes, seguramente, estación de espera a la marea para que los pesqueros puedan pasar bajo el puente de la autopista. Continuamos remontando, dejando dos espeques verdes a estribor  alcanzamos la marina. Enseguida nos llama la a tención lo abigarrada que se encuentra y el poco espacio que dispone para la maniobra. Definitivamente no es un puerto para embarcaciones foráneas de mediano porte.

   Sin detenernos, volvemos nuestros pasos por el mismo camino. Teniendo cuidado con las dos marcas, el resto no implica ningún peligro.

   Salimos de nuevo a mar abierto, poniendo rumbo al ratón de Guetaria, la característica isla que cobija a su vera, el universalmente conocido municipio, cuna del primer circunnavegador de la tierra, Juan Sebastian Elcano. Pero no nos detendremos en su náutico, del que conocemos de sobra la poca amabilidad de  sus empleados. Pasamos de largo para detenernos 3 millas más adelante en Zumaya.

   Me llama la atención lo que ha crecido este náutico, desde la última vez que pasé por aquí, toda la patina de agua se encuentra repleta de pantalanes, cuando hace menos de un año, más de la mitad del puerto estaba vacío.

   Joaquín y Enrique indican donde amarrar, ya que son buenos conocedores de los entresijos de este náutico, Urtzi nos prepara un guisado de cordero con caracoles, al estilo riojano que ha sido un escándalo, no hemos dejado nada más que las cáscaras de los moluscos y eso que la perolada hubiera sido suficiente para ocho comensales.

   Con la barriga llena, soltamos amarras, rumbo a la siguiente parada, el puerto pesquero de Motrico, en el que ninguno hemos entrado anteriormente. Otras cinco millas.

   Están construyendo un tercer espigón y según cuenta Enrique una central mareomotriz. La bocana del puerto interior es estrecha y la dársena se encuentra prácticamente vacía de pesqueros. Nos llama la atención media docena de veleros amarrados a boyas en las hileras de las pequeñas embarcaciones para la pesca deportiva.

   Nosotros nos amarramos al vacío muro del muelle comercial junto a la lonja del pescado. Desembarcamos a tomar café en uno de los bares cercanos y aprovechamos posteriormente a visitar las bien cuidadas calles de Motrico, pueblo de origen de la familia Churruca, la que daría ilustres marinos a la historia naval española.

   Casi dos horas después soltamos de nuevo amarras para saltar otra etapa hasta Lequeitio. Dejamos a poco más de media milla el considerado uno de los  primeros puertos pesqueros del Cantábrico, Ondarroa, seguimos navegando a motor, no hemos izado ni la vela mayor ante la falta de tan siquiera una ligera brisa.

   Con las primeras sombras de la noche, hacemos entrada el populoso puerto vizcaíno, un par de grandes atuneros se aprestan a partir, nosotros, después de un intento de amarre en el muelle principal, optamos por quedarnos junto a la bocana, lugar mucho más discreto y menos bullicioso.

   Salimos a callejear como hicimos en Motrico y enseguida volvemos a bordo, cenamos y pronto a la cama, nos hemos propuesto salir a las 4 de la mañana.

 

      Puntualmente soltamos amarras a tan temprana hora, cuando los aledaños del puerto se encuentran desiertos, una brisa terral nos indica que por fin navegaremos a vela. Izamos la mayor en la misma dársena portuaria, por que fuera, la noche está con solo la iluminación de las estrellas. Fuera ya de la influencia de la isla de San Nicolás.  Abrimos el génova y detenemos el motor, que gozada como navega el Urki III, pero a menos de una milla la brisa terral del Sur deja de acompañarnos, tapada por la alta costa de Ea y Elantxove, aunque estamos seguros de que volverá a soplar cuando alcancemos la ría de Gernika.

   La predicción no se hace esperar nada más dejar atrás el cabo Ogoño, en principio entra a un descuartelar para ir variando la dirección hasta llegarnos por la aleta una vez hemos sobrepasado Bermeo y como también era de esperar, al llegar a cabo Matxitxako se ha esfumado como por arte de magia.

Hacemos unos cortos turnos para echar una cabezada antes del amanecer, alternamos la vela y el motor según la inestable brisa.

Amanece al llegar a cabo Villano, antesala del Abra y nos recibe una niebla un tanto extraña, no lo suficientemente espesa como para encender el radar, al menos las últimas millas son a pura vela, entrando en el puerto de Bilbao haciendo bordos, hasta el mismo náutico, donde arriamos velas y amarramos poco antes de las 10 de la mañana.

   Una limpieza por dentro y por fuera, dejamos al Urkí III en perfecto estado de revista para su armador

 

                                                                  Bilbao, Octubre de 2007


 

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