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ISLAS DEL CARIBE

    Después de la movida travesía atlántica, unos días de tranquilidad en Martinica me bastan  para estar ansioso de navegar estas aguas caribeñas, la tripulación ya ha vuelto a España y tengo ganas de conocer el tan afamado Caribe.
 
  Puntualmente mis amigos bilbaínos, como habíamos quedado, llegan a la isla francesa el día 11 de Febrero, también con hambre de Caribe.
 
  Fernando, que fuimos socio en mi primer barco, su mujer Mª Asun, su amiga Amaya, a la que yo no conocía, sobre la que tenía mis dudas, por que iba a ser su primera navegación en velero y por último, mi eterna amiga Amayita, siempre dispuesta a embarcarse allí donde se lo proponga, con su actual pareja, Luís, buen conocedor del Caribe en el que ha charteado numerosas ocasiones, reciente capitán de yate, pero con escasos conocimientos prácticos de navegación.
 
  La acomodación en el Bahía las Islas ha sido sencilla, las dos parejas se reparten ambos camarotes, para Amaya habilito el pañol de velas convirtiéndolo en un confortable camarote individual  y para mí, me reservo la cámara central.
 
  Propongo que los chicos vayamos a realizar la compra de comida, a un gran supermercado del pueblo de Le Marin, un poco apartado del puerto, aprovechando que todavía dispongo de un coche alquilado, mientras ellas se ocupan de acomodar sus camarotes.  A última hora de la tarde ya tenemos el barco dispuesto en orden de partida, la haremos a la mañana siguiente, el resto de la tarde la ocupamos en disfrutar del ambientillo portuario y cenar bajo los sones de la música rigey

Día 12-2-06
   Soltamos amarras sin haber madrugado demasiado, una vez he despachado la salida en la oficina de policía, sobre las 10h, esta va a ser la tónica del crucero, como digo, ritmo caribeño. Las cámaras fotográficas no cesan de retratar el abigarrado fondeadero de Cul de Sac Le Marin, excepto para Luís, los demás son nuevos en estas latitudes.

   Salimos e izamos enseguida la mayor pero continuamos a motor, siguiendo el bien señalizado canal, entre bancos de arena, milla y media hasta la boya roja de babor (sistema 2 de balizaje) delimitando la entrada en la bahía, antes de llegar a ella, desplegamos el foque y detenemos motor, que ya solo lo utilizaremos para entrar y salir de los fondeaderos y puertos.
 
 Viramos la boya poniendo rumbo 190º, directos al N de Santa Lucía, distante 24 millas, siguiendo las sindicaciones de Luís, que será de aquí en adelante quien dirija la derrota, vamos a fondear en Rodney Bay, el viento del W de 20 nudos nos lleva en volandas de través por encima de los 8‘. Cuando dejamos la protección de Martinica y penetramos en el canal entre las dos islas, las olas crecen por encima de la marejada, provocando algún salpicón al chocar alguna cresta contra el casco, pero la temperatura es cálida y hasta se agradecen.
 
 Veo a Fernando disfrutar con la cabalgada como a un niño, pronto le cedo la caña y no acierta a expresar su satisfacción. Nos acercamos con rapidez a Santa Lucía y en poco más de tres horas  ingresamos en Rodney Bay una amplia bahía sin altura que proteja del viento, siempre constante.
 
  Preparamos algo de comer y pronto seguimos viento en popa costeando la Isla. Por babor vemos la amplia bahía de Castries, la capital, un par de grandes cruceros están atracados seguro que rebosantes de turistas, un poco más adelante se encuentra una recoleta bahía Marigot Bay en la que dice Luís que si entramos más tarde de las 17h y salimos antes de las 8 de la mañana nos evitamos de hacer papeleo de entrada al país y ahorrarnos unos buenos dólares.
 
 Como no tenemos intención de parar en la isla más que para dormir, retrasamos un poco la llegada. Entramos en la espectacular y profunda cala, de la que se cuenta que un almirante inglés metió allí sus barcos y cubrió la entrada con ramajes, pasando así desapercibido de la flota francesa que le perseguía.
 
  El paraje realmente sugestivo, posee una entrada estrecha formando en el interior una amplia ensenada con fondos de 5 metros hay fondeados bastantes barcos pero con suficiente espacio para largar nosotros el ancla, hago una inspección con la zodiac acompañado de Luís y Fernando, al manglar del fondo de la ensenada donde desemboca un pequeño río, salimos después a cenar en uno de los restaurantes de la rada.
   
Día 13-2-06
    Nos levantamos temprano, con idea de abandonar el fondeadero antes de las 8, hora en la que llegan los aduaneros, una ligera lluvia ha mojado de madrugada la cubierta del barco.
 
  No somos los únicos que abandonamos casi a hurtadillas la bahía, nos sigue otro velero y dos catamaranes, la idea es llegar a San Vicente para hacer, aquí si, la entrada oficial al país, el crucero va a desarrollarse en su totalidad en San Vicente y las Granadinas, según cuenta Luís, lo más caribeño de las islas de Barlovento.
 
  Costeamos la isla hasta alcanzar los dos majestuosos pitones, dos antiguos conos volcánicos de piramidales laderas y que en siglos pasados los llamaban las Tetas de Santa Lucía. En este lugar abandonamos de nuevo el sotavento de la isla para cruzar el canal de San Vicente, con  otras 22 millas de mar descubierto, el rumbo es un poco más abierto que el del día de ayer, el viento se mantiene uniforme 22 nudos.

   Disfrutamos manteniendo una particular regata con los dos catamaranes que nos siguen, afinamos velas y sacamos del Bahía cada décima de  nudo, con la satisfacción que a pesar de ser catamaranes de nuestra misma eslora, no nos han alcanzado, así y todo, sin sacar la artillería pesada, o sea, el spinaker.

   La recalada haremos en la bahía de Walilaboo, donde dice Luís que se realizan los papeles de ingreso. Hemos tenido que echar mano del GPS para reconocerla, por que a la distancia de una milla que navegamos de la costa, apenas se muestra y no estábamos seguros, al ser una bahía bastante abierta.

   Hacemos el ingreso hacia una serie de veleros fondeados, rápidamente se acerca una lancha con un negrito ofreciéndonos una boya de amarre, los muchachos dicen que si, siendo casi obligado por que el fondo de la cala no sube de los 12m hasta bien cerca de la orilla.

   Cuando llegas a este lugar, lo más sorprendente es la cuidada arquitectura antigua de los pocos edificios, pero… ¡sorpresa! todo es cartón piedra, corresponde al plató donde se han rodado las escenas de Piratas del Caribe caracterizando el puerto de Fort Royal. Aún se conserva todo, tal como lo dejó la productora Disney.

   Ya hemos cometido la primera novatada de turistas, el negrito que nos ha ofrecido la boya le hemos pagado los 10 dólares US que nos ha dicho que vale el amarre, pagamos religiosamente, pero minutos más tarde llega, digamos, el oficial exigiendo los 10 dólares del amarre con su recibo correspondiente, por mucho que hemos peleado, nada, 20 por la boya, ya he aprendido la lección, estaré prevenido la próxima vez.

   Desembarcamos para hacer los trámites de entrada al país, en la improvisada oficina que dos funcionarios montan solo en las primeras horas de la tarde y de paso ver de cerca todo el decorado de las famosas películas de piratas. La tramitación ha sido rápida, rellenamos unos impresos por triplicado, pidiendo visado para una semana por el que hemos tenido que abonar 85 dólares US, menudo negocio se tienen montado los morenitos, lo dicho, todo es un vil mercantilismo.

   Luego de unos baños en las cristalinas y tibias aguas, preparamos la cena a bordo y ya no desembarcamos de nuevo, tampoco hay muchos lugares donde ir, que no sea la cutre taberna junto al embarcadero.

Día 14-2-06
          Nuevo chubasco matutino, pero no es óbice para que la tripulación vaya hacer una excursión hasta una cascada, como a un kilómetro del ficticio puerto pirata, yo prefiero quedarme a bordo, preparando el barco para la partida, y recorrer la bahía con la Zodiac, aprovechando a sacar unas fotografías de diferentes ángulos.

   Con la entrada ya legal en el país, ponemos rumbo a la más grande de las Granadinas, Bequia. A partir de aquí la mar baja un poco por que nos internamos en un dédalo de islas que detienen en gran medida la marejada.

   La navegación más de lo mismo, viento por la aleta y a correr, en algún momento he comentado de que todo lo que se baja hay que subirlo, pero creo que no me han captado la indirecta, quiero poco a poco ir poniendo sobre aviso, a la inexperta tripulación, que la vuelta, por el mismo camino (no hay otro hacia Martinica) no va a ser tan placentero como en estos momentos, el comentario general es que cuando volvamos ya veremos.

   Me parece muy bien, pero yo, ya he hecho el cálculo, viento aparente de proa de 25 a 27 nudos y ceñida a rabiar, será divertido si no varía el viento, además de la corriente de unos dos nudos que nos hará abatir, teniendo que ceñir más todavía, será divertido.

   A menos de dos millas de la recalada en Bequia, vemos una pequeña Zodiac evolucionar en medio de la marejada, que se nos acerca, hacemos gestos de que se aleje, navegamos a más de 8 nudos y no es como para ponerse a jugar ante nuestras narices, pero poco después, nos percatamos que se trata de un fotógrafo que dispara su cámara sin cesar en nuestra dirección, nos olvidamos pronto de él, aunque no dejamos de sentirnos orgullosos de la bella estampa que debemos dar, para que vengan a fotografiarnos, (que pardillos somos)

   Entramos en  la protegida bahía de Admiraty Bay donde se encuentra la capital de la isla Port Elizabeth, enseguida se acercan los nativos con sus maniobrables lanchas para ofrecernos boya, pero como venimos un poco escarmentados, declinamos su oferta, además por lo que he visto en la carta, el fondeo es muy bueno, así que largaremos el hierro.

   Después de Le Marin es donde más barcos hemos visto fondeados, pero la amplia rada es grande y hay sitio para todos, ahora es cuestión de localizar un lugar apropiado, con fondo sobre los 4 metros y no lejos de tierra para el desembarco.

   Una vez hemos recogido velas, nos acercamos suavemente a motor por el lado derecho de la bahía, considero bueno un amplio lugar sin barcos que en la carta se llama Princess Margaret Beach, a unos 100 de una playita y a otros tantos de un pequeño embarcadero, donde dejar el anexo cuando bajemos a tierra, hago unas pasadas por el lugar para comprobar que no guarda ninguna sorpresa con los tripulantes atentos a descubrir cualquier inconveniente en las transparentes aguas.

   Sin más, largamos el ancla en 4 metros, aquí las mareas son inapreciables, parece que estamos en el mediterráneo. Como esperando la orden, nada más detener el motor todos al agua, Fernando siguiendo mi consigna se ocupa en echar un vistazo al ancla, que se encuentre bien clavada en la arena, aunque en este lugar estamos bastante protegidos del viento y aquí tenemos la seguridad de que no va a rolar ni hacer alguna de las suyas, pero en la mar todas las precauciones que se tomen no están de más.

   Las chicas pronto proponen desembarcar para echar un vistazo a la  población, les llevo en dos tandas hasta el embarcadero pero yo prefiero quedarme a bordo, donde disfruto más a gusto del lugar.

   Poco más de una hora después, me piden por radio, que les vaya a buscar al chiringuito del embarcadero donde están tomando un aperitivo, de donde salen echando pestes, casi 100 dólares que les han clavado, por unos daikiris, no si el Caribe que bonito

   Estamos a bordo preparando la comida, cuando se acerca una Zodiac tripulada por un muchacho americano que nos trae un album de fotos del Bahía las Islas, ¡¡pero si son las que nos ha hecho en la recalada!! Y además son preciosas, pero como todo, unos precios de escándalo, aún a pesar de ello mis amigos me regalan la que yo elija y realmente me cuesta decidirme.

   Poco después, ahora son unos negritos los que nos ofrecen langostas, a todos nos apetecen darlas un tiento, pero ya vamos un poco escaldaos, así que me nombran negociador y tras un buen tira y afloja nos hacemos con dos que pesan juntas casi dos Kg. y medio y de los 40 dólares que nos pedían inicialmente, las consigo por 25 más 4 paquetes de tabaco, de los que llevo a bordo para el soborno, mis amigos se quedan a cuadros con mis negocios, pero hoy se presenta apetitosa la cena  

   Toda la ribera de Almirant Bay está saturada de chiringuitos musicales, que se llenan de gente con la caída de la tarde, en todos los sitios más de lo mismo, venir al Caribe para tomar copas, este no es el paraíso que yo pretendo, pero mis amigos son de ese estilo y me plegaré a sus gustos.

Por la tarde nuevamente desembarcamos, recorremos la única calle de la localidad, hasta lo que llamare3mos el puerto, donde hay un pequeño mercado de verduras, a precios desorbitados. Localizo un par de caber-cafés y tomamos unas cervezas en los locales para guiris.

   Volvemos ya de noche al barco a preparar las langostas y la cena exquisita, alta cocina, no era para menos dado el material.

Día 15 – 2 – 06
   A media mañana, sin prisas abandonamos Bequia por el sur, para dirigirnos a la isla de Moustique, situada bastante a barlovento, dejamos bien por babor los islotes de una fenomenal restinga y tomamos rumbo al paso entre las islas de Petit Nevis y Quatre.

Esta era una antigua zona ballenera, en Petit Nevis aún pueden verse sobre una pequeña playa los restos de una estación ballenera del siglo XXVIII, restos de los cetáceos y por las islas aledañas, ruinosas casas construidas con huesos, incluso hay un bar cuyo mostrador es el esqueleto de un cetáceo.

Desde aquí a Moustique 7 millas, abrimos rumbo para navegar de través, el pequeño archipiélago de Beliceaux por babor nos tapa un poco de la marejada.

La arribada a la isla, no presenta dificultades, si se tiene bien presente el arrecife de Montezuma, señalizado en medio de la bahía de Petros o Britannia bay, donde un muelle para ferrys hace de cordón umbilical con el resto de las islas.

Moustique, no tendría nada de especial, que su tipismo caribeño, si no fuera la isla escogida por una caterva de famosos actores americanos, para aposentar sus mansiones caribeñas, tal derroche se nota en los aledaños de la bahía, donde un pequeño pueblo de pescadores abastecen de langostas a tan ávidos clientes y como nosotros también estamos necesitados de paladear crustáceos, allí andamos negociando un par de bichos.

El fondeadero es bastante malo, pues entra mucha ola cruzada por el norte y sur de la isla, lo que hace que la tripulación no esté para florituras y a las 8 de la tarde ya están todos acostados, hoy se respira tranquilidad abordo, lo que hace un buen meneo.

Día 16 – 2 – 06
  La marejada sigue, un rápido desayuno y levantamos el fondeo rumbo al tan ansiado paraíso de Tobago Cays.

Rumbo Suroeste, a lo lejos se divisa la isla de Canouan, a 23 millas, allá vamos, viento en aleta a toda vela, ideal para el spí, pero como no veo muy buenas caras a nada que lo nombro, pues nada, a seguir disfrutando sin un poco de navegación divertida.

El viento se mantiene entre los 20 y 22 nudos, ni más ni menos desde que salimos de Martinica, ligeras variaciones de no más de 10 grados, tendiendo siempre a ENE. Hoy el día está bastante más nuboso que los anteriores y vemos a lo lejos varias tormentas.

En tres horas estamos al través de Canouan, no nos detenemos en su bahía por que lo haremos a la vuelta, continuamos directos a los cayos, otras 6 millas más, aunque hay que variar el rumbo al SE.

Me preocupa la tormenta que veo acercarse con rapidez por el través, no me fío, prefiero esperar que pase en aguas libres, que arriesgarme a meter el Bahía por una zona de bajos y nos pille un carajal antes de llegar al lugar de fondeo. Mando tomar directamente el segundo rizo, viendo la cortina de agua que viene, mandamos a las chicas al interior, nos ponemos los trajes de agua, tomamos unas vueltas al foque, viramos de amura y a esperar. La primara racha 30 nudos, cuando comienza a llover, nos sacuden 35 nudos, pero aquí no llueve, aquí abren las compuertas de algún depósito y allá va toda el agua, que manera de diluviar, no se ve dos esloras por delante, vamos a más de 7 nudos a ciegas, es una sensación desagradable, se que no hay nada delante, pero enseguida me entra la inquietud, pongo a Luís a la caña y bajo a la cabina a echar un vistazo en el ordenador y conectar el radar, increíble, en la pantalla se ve perfectamente la cortina de agua, como veo que nos alejamos con rapidez, les mando virar 180º, con la electrónica ya me siento controlar la situación.

En poco menos de media hora, la situación vuelve a su ser, luce de nuevo el sol y la tormenta se aleja con rapidez por sotavento. Retomamos la enfilación a los Cayos, siempre muy atentos a la carta y visualmente, estos son un dédalo de arrecifes coralinos con los que hay que tener muy seguros los pasos.

Recogemos velas y sin prisas a motor nos internamos, Luís tiene muy claro por donde ir y nos guía perfectamente, aunque para mi mayor tranquilidad veo que el barquito en el ordenata va también por el lugar correcto.

Pasamos por un canal entre la isla de Petit Bateau y Rameau, el paso es precioso pero muy estrecho y con barcos fondeados en el canal que tenemos que sortear bien cerca de ellos. El fondo de 5 metros, se ve la arena como si la fueses a tocar, el agua de un azul turquesa incomparable, pero el viento, sigue impertérrito soplando del E

El fondeadero a sotavento de Baradal, la islita tiene una playa en forma de lengua muy fotografiada en los folletos turísticos. Esto es precioso, no hay demasiados barcos, comenta Luís, ¿como debe de ser esto cuando haya muchos?, pienso yo. Largamos cadena en 4 metros, entre dos barcos con margen suficiente, la verdad que el lugar es encantador, pero la pequeña ola que levanta el viento no deja que sea el lugar idílico que he visto en algunas fotos, aunque todo hay que decirlo, el Bahía las Islas no se mueve apenas.

Aquí pasamos dos días entre baños, visitas al arrasado arrecife de coral por el último huracán y a las islas vecinas con la Zodiac. El viento, si bien refresca el ambiente, no deja ser incómodo. Otro de los inconvenientes son los desplazamientos un poco largos, el anexo de fondo blando, es incómodo y lento con la ola generada por el viento, creo que somos los únicos que no disponemos de una gomona semi-rígida, y esto para el Caribe lo veo fundamental.

Día 18 – 2 – 06

Levantamos el sitio para continuar más al sur, destino Petit Saint Vincent, la última de las islas de las Granadinas, un poco más allá se encuentra Petite Martinique, pero pertenece a Grenada otro de los micro países en los que están divididas las islas de Barlovento.

La salida de los Cayos por el sur es menos complicada, aún así no se debe de descuidar la guardia, a cien metros se ven arrecifes a ras de agua. Enfilamos a  Palm Island, distante poco más de 3 millas, a estribor muy cerca queda Unión una isla bastante grande, Clifton su capital, con aeropuerto donde llegan los turistas que van a visitar la zona.

Pasamos cerca de Palm Island muy cerca, vemos en una de sus playas el catamarán Skkiper que hizo el Atlántico en la regata, les mando un saludo por radio y continuamos al sur otras 3 millas.

Antes de arribar a Petit Saint Vincent, nos acercamos a un pequeño arrecife coralino del que asoma una pequeñísima islita de arena, con una única sombrilla de paja en su centro, imagen que comercializó e hizo famosa una popular marca de vermouth, se llama Morpion, intentamos el desembarco en ella, pero está rodeada de arrecifes y necesitaríamos una semirrigida para buscar en paso, así que desistimos .

Una milla más adelante fondeamos en la rada de Petit, situada al sur de la isla, esta es propiedad de un hotel de lujo, en la que solo te dejan acercarte a una cafetería donde esquilmar los dólares al turista náutico, de todas formas el lugar es muy bello. Y sin tanto viento, porque la altura de la isla hace de parapeto.

 Día 19 – 2 – 06
Desde aquí iniciamos el recorrido de vuelta, me apetece visitar el Oeste de Unión, porque en las cartas veo una gran bahía a sotavento de la isla, Luís no la conoce, por que dice que no es turístico, pienso que con más motivo para ir a visitarla.

Largamos velas, ahora amurados a estribor con el viento por la aleta, recorremos las 6 millas en menos de una hora, al doblar la isla de Union por el sur nos quedamos sin viento, tapados por la buena altura de la isla.

Ante nosotros se abre la amplia bahía de Chatham bay, a medida que nos acercamos, descubro un paisaje encantador, libre de urbanismos ni chiringuitos turísticos, este es el Caribe que venía buscando desde hace días, un par de veleritos de propietario se hallan fondeados a cien metros de la playa. Me arrimo con cautela para comprobar que el fondo decrece suavemente y largo el  fondeo en 4 m, aquí el agua está como una balsa y sin viento, una auténtica delicia, aunque parece ser que a mis amigos, exceptuando Fernando, el que no haya chiringuitos para tomar copas no les atrae demasiado.

Desembarcamos para pasear por la arena de la playa, ¡solos! Que placer, entre los arbustos y las palmeras descubrimos un chiringuito de pescadores, más bien una choza, en la que se lee, “bienvenidos a la bahía de los tiburones”, ¡uf! Menudo recibimiento, ahora miramos con un poco de aprensión las azules aguas.

Intentamos comprar pescado a los lugareños, me dicen que esperemos que ha de llegar una lancha con pescado fresco, nos dedicamos a bañarnos y pasar un rato a nuestras anchas. Veo acercarse una motora y desembarcar dos morenos con un saco, me voy a negociar nuestro pescado para hoy, pero sorprendentemente, me piden un precio por dos buenos peces parecidos a los besugos, mas que por las langostas que hemos comido, ni intención de bajar el precio, así que me doy media vuelta y nos quedamos sin pescado al horno, asombroso.

Comemos abordo y continuamos  bordeando por sotavento de la isla con rumbo a Maireau, la isla más grande de los Cayos. Cuando salimos de la protección de la isla, lo que me temía, viento en el morro, un rizo y a ceñir como bellacos, de momento solo 4 millas para ir haciendo boca.

Alcanzamos Maireau también por su lado Oeste, a sotavento, pasamos dos amplias playas pero nos dirigimos a una más pequeña al norte, Whistle bay muy bonita y turística por cierto, aquí  hay boyas, las chicas dicen que paguemos boya, pues a pagar, eso si, han intentado nuevamente el negocio de cobrar dos veces, pero ya venimos escarmentados. Como digo, playa bonita con hotel disimulado entre el palmeral, al menos han tenido buen gusto, chiringuitos, turistas, barcos y catamaranes de alquiler por todos lados, bendito Caribe. Paseo por la playa donde unos chicos juegan en el agua con una cría de tiburón y como era de esperar con mis amigos, una copa en la cafetería al aire libre del hotel

Día 20 – 2 – 06
Nos levantamos sin prisas como a diario, preparo el barco a son de mar por que a partir de hoy comienza la remontada en serio. Me pongo por objetivo la isla de Canouan, la intención es hacer más o menos la ruta inversa y pasar la noche en Bequia.

El viento sigue establecido de ENE entre 20 y 22 nudos, en esta zona las olas no han crecido demasiado , el arrecife de los cayos, y la propia isla de Canouan, hacen de parapeto a la ola atlantica.

Remontamos un trecho a motor, para dejar con amplio margen los arrecifes de las Islas Católicas, sobrepasadas estas, desplegamos el foque autovirante y a navegar a vela

El Bahía las Islas navega rápido con un rizo a la mayor, atraviesa sin dificultad la pequeña ola corta que el viento levanta y navegamos sobre los siete nudos.

Con un par de bordos en una hora entramos a reconocer el fondeadero de Canouan, una amplia bahía que tiene balizada la entrada con bajos a derecha e izquierda.

Charleston bay es una amplia rada con sondas de entre 3 y 5 metros, donde vemos fondeados gran cantidad de veleros de alquiler, damos una vuelta entre ellos y salimos de nuevo cuidando muy bien el balizaje.

Seguimos ciñiendo a rabiar, hasta Bequia tenemos 25 millas y la mar sigue bastante cómoda, aunque para mantener la velocidad y superar la ola, que nos frenaría considerablemente, he de llevar un poco forzado el barco, cosa que en una tripulante ha originado alguna protesta, pero soy el patrón y se como manejar mi barco.

Con otro par de bordos largos, en poco menos de 5 horas entramos en Admiralty bay, fondeamos de nuevo en Port Elizabeth como la otra vez, pero como ya tenemos más experiencia , llevo al Bahía mas próximo a la zona de desembarco sobre un fondo de tres metros, de todas formas, observo menos saturación que el otro día.

Preparo la zodiac para el desembarco, aunque prefiero quedarme abordo, no me apetece el tumulto de los bares de copas y todo esto es más de lo mismo.

Veo esta parte del Caribe muy degradada por el mercantilismo turístico y no me agrada lo que percibo.

Cenamos todos juntos a bordo y disfrutamos de una agradable velada abordo.

Día 21
Salimos del fondeadero una vez bien desayunados, sin prisas, la travesía de hoy es corta, la propuesta de Luís es de ir a pasar el día a Young Island, al sur de San Vicente, la distancia poco más de 8 millas, nos ha explicao que es un sitio marchoso, como no.

Vuelta a la navegación en ceñida, aunque por estos lugares no considero una corriente demasiado importante en menos de dos horas, entramos en el fondeadero, el lugar es bonito y bien concurrido, como todos los que visitamos, compruebo que la sonda es bastante profunda sobre los 12 metros, pero hay boyas libres por lo que aquí si es de obligado cumplimiento tomar una a precio similar a lo que estamos pagando, aunque no han venido los cuatreros a intentar estafarnos,

La islita de Young, que se halla a un centenar de metros de la costa, acoge un pulido resort medio mimetizado entre las palmeras para dar un ambiente a lo que los yanquis suelen venir a buscar, es obvio que entre los barcos fondeados, de gran eslora, abunden las banderas de las barras y estrellas.

En la playa frente al hotel hay un embarcadero para que los potenciales clientes accedan con sus zodiac, allí les dejo a la cuadrilla, me dicen que vaya con ellos a tomar una copa al chiringuito playero del hotel, una cabaña tipo palafito, en la que hay que mojarse para acceder, pero declino la oferta, me apetece estar en mi barco, aunque no tenga nada que hacer, hoy voy a prepararles la comida, le facilito una emisora portátil para que me llamen cuando quieran que les vaya a buscar.

Antes de ir al barco me voy a echar una buceada por los acantilados de la islita, de fondos en torno a los 12 metros, hay bastantes peces, pero no demasiado coral.

Al cabo de una hora recibo la llamada de Fernando, diciéndome que están con una persona que me quiere conocer, como se aproxima la hora de ir a buscarles, intrigado me acerco hasta el chiringuito, allí han conocido a una pareja de norteamericanos, que navegan en un bonito cuter, el marido está abordo y la americana una cuarentona de buen ver, borracha como una cuba, nada más verme, se me abalanza sin darme tiempo a reaccionar, entre las risas de mis amigos, pasado el primer ímpetu me tomo un coco preparado, no me extraña la tajada de la rubia. Al poco nos vamos, dejando allí a la tipa, un poco malhumorada, por que no la he hecho mucho caso, pero no estoy para yanquis beodas y menos con el marido a un paso en su barco.

Por la tarde desembarcamos en el lado de la costa y damos un paseo por el lado de la costa, esto ya tiene más pinta caribeña, sus gentes, negros como el tizón, las carreteras y los chiringuitos.

Paramos en un hotelito, muy peculiar y florido a tomarnos una cerveza, este si es el Caribe que yo busco, el de los auténticos lugareños.

Desde la terraza se ve un atardecer precioso y volvemos al Bahía ya casi de noche. Como siempre un buen rato de tertulia en la bañera, antes de irnos a la cama.

Día 22
Desde Young Island, remontamos hacia el norte, por el lado de sotavento de San Vicente, las primeras millas, una gozada, viento de aleta y la mar lisa. Por estribor sobrepasamos la punta Gardens, desde donde se abre la gran bahía de Kingstown bay donde está la capital y su puerto comercial.

El viento ya por el lado W de la isla comienza a fallar, las altas cumbres nos lo tapan y hemos de dar motor, a ratos navegamos solo a vela, intercalando encalmada, vemos la bahía de Wallilabu y muchas otras playas solitarias, con palmeras y algún que otro velero fondeado, estos son los lugares que me gustan, pero ya andamos un poco apurados con el tiempo y tampoco podemos detenernos lo que quisieramos.

Remontamos todo lo posible hacia el norte de la isla, pegados a tierra, así nos libramos del viento y la marejada, ganando millas en el salto hasta Santa Lucía, subiendo, además, más a barlovento, ya que tenemos más de 25 millas de mar abierto.

Con nosotros remonta la isla un catamarán, navega a motor un poco más afuera que nosotros, pegando unos pantocazos tremendos, en cuanto nos abramos de rumbo y dejemos la protección de la isla habrá regata hasta Santa Lucía, aunque en ceñida no habrá color.

Efectivamente lo que pensaba, más o menos hemos abierto el foque al mismo tiempo y una hora más tarde lo tenemos a unas dos millas a nuestro sotavento y nosotros haciendo buen rumbo a los Pitones, podíamos abrir un poco el rumbo por que pensamos ir a dormir donde lo hicimos cuando vinimos en Marigot bay, pero como hay que llegar mas tarde de las 17h por eso de ir furtivamente, hemos de hacer tiempo, parando un par de horas a darnos un baño en Anse des Pitons, un fondeadero con boyas de pago, naturalmente, donde hemos tenido que negociar la estancia de una hora, ya que estos piratillas querían cobrar el día entero.

Desde aquí a Marigot otra navegada como la de la mañana, vientro de través y mar lisa.

Entramos en la conocida caleta sobre las seis de la tarde, con similares barcos fondeados en el interior, enseguida encuentro un sitio donde largar el ancla. Las chicas están deseosas de desembarcar a cenar, yo me quedo abordo, no me atrae el ruido que oigo por la zona de restaurantes.

Un año después en este mismo lugar, mis amigos, en un crucero semejante con un catamarán alquilado, fueron objeto de un robo mientras iban a cenar,  como hicieran entrada ilegal como hemos hecho hoy, no pudieron denunciar el robo, con lo que no pudieron reclamar al seguro, ventajas e inconvenientes de la ilegalidad.

Día 23
Temprano nuevamente remontamos la isla, de nuevo bonita navegación a vela, esta vez  “regateando contra una bonita y clásica goleta, repleta de turistas que había salido de Castries, la capital isleña, con destino como nosotros de la playa de Rodney bay.

A la vista de Martinca en el horizonte entramos en la bahía, el viento sigue impertérrito en el mismo lugar que lo dejamos hace casi dos semanas, unos baños y comida para despedir el crucero y salir runbo a Le Marin.

Ahora el rumbo ya no es tan de ceñida, más bien un descuartelar cerradito, para recorrer el canal de Santa Lucía que separa las dos islas poco más de 20 millas.

Pero a estas alturas he cometido un error de apreciación, ya que no he tenido en cuenta la corriente, que en este canal, si es realmente importante, de al menos dos nudos, el despiste ha hecho que para cuando me he dado cuenta, estamos ciñiendo a cara perro para alcanzar Le Marin.

Como habíamos dejado un día de margen, propongo a la tripu; que en lugar de pasarlo en Le Marin, que ya lo conocen, lo hagamos en Trois Ilets, un puertecito coqueto que conocí al poco de llegar a Martinica. Todos están de acuerdo y solo tengo que abrir un poco el rumbo hacia sotavento de la isla francesa.

La velocidad del Bahía vuelve a aumentar al no tener que remontar la incómida ola de mar abierto y por otra parte al acercarnos a la isla lo hacemos por el lado del Diamante un peculiar islote más alto que ancho, con una rocambolesca historia de guerras siglos atrás.

Enseguida dejamos atrás las bahías de Anse de Arlet y Grand Anse, ya con el viento en popa que circula en torno a las islas penetrando en la gran bahía de Fort de France, en cuyo extremo sur se encuentra el pequeño puerto de Nazaret.

Penetramos, amarándonos al primer lugar libre que encontramos para que capitanía nos ubique en un lugar definitivo, nos dan un hueco complicado de maniobra, encima se encuentra ocupado, vuelvo al lugar anterior echando pestes, por que con el viento que sigue soplando, las maniobras son arriesgadas en espacio tan reducido, el patrón de un barco que se encuentra cerca me dice que en el lugar que ocupo no hay nadie, encarecidamente le doy las gracias y allí me quedo sin volver a capitanía, además la hora que es ya van a cerrar.

Como todos añoran una ducha como es debido, allá que se van todos mientras  me quedo recogiendo todo el barco. Cuando llega Fernando, me dice que acaban de conocer a un muchacho valenciano que ha llegado en un barco francés, me intereso por conocerle, cosa que poco después nos saludamos, quedando a tomar una cerveza en el Bahía.

Que lejos estaba yo de imaginar que ese encuentro, cambiaría mi vida náutica.

Al anochecer salimos a cenar en los restaurantes de la marina como despedida del crucero, unos platos criollos.

Día 24
José maría que así se llama el valenciano, nos ha enseñado el barco de su amigo francés del cual se ha quedado el al mando una vez que el propietario regresó a Francia.

Para echar a correr con lo que cruzaron el Atlántico, hay que tener el valor  de  hacerlo en semejante trasto. Como lleva un tiempo por la zona, nos recomienda que de vuelta a Le Marín hagamos una paradilla en Anse de Arlet. En la despedida, le invito a que venga a visitarme a Le Marin donde permaneceré hasta que embarque el Bahía en el carguero que lo llevará de Vuelta a España.

Siguiendo la recomendación del nuevo amigo paramos a comer en la bahía indicada, donde comemos fondeados y nos damos un baño.

Por la tarde a remontar el viento hasta el puerto de Cul de Sac Le Marin, esta nueva ceñida es mucho más divertida por que con la protección de la isla no hay apenas ola y el Bahía navega a todo su potencial.

Amarramos, tres horas más tarde, en la marina, es tiempo de recoger equipajes y prepararlo todo para que mis amigos tomen al día siguiente el vuelo de regreso a España.

                                                                  Le Marin        27 de Febrero de 2006

 

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