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AÑO NUEVO EN EL CARIBE

2012/02/29

Resulta extraña la representación de la Navidad por estas latitudes, iconos que la mayoría de la gente no sabe que representan; abetos navideños, muñecos de nieve, verdes hojas de acebo adornadas de cintas. Por aquí, fuera del cine o la televisión, nadie ha visto nunca un pino, ni la nieve y mucho menos qué es un acebo, pero la Navidad vende, aunque sea importada de lejanas tierras.

Por mi parte no estoy para muchas celebraciones y únicamente la cena de navidad se ha salido un poco fuera de lo normal, incluso el fin de Año me fui a dormir antes de la media noche, aunque el atronar de cohetes y petardos, claramente me indicó que a partir del nuevo día tendría que añadir el numero doce, cada vez que escribiese la fecha.

Desde Los Roques regresé un día más tarde de lo previsto por hacer un favor a mis nuevos amigos valencianos Carlos y Toni, y traerme la documentación del SIROCO DIEZ para tramitar su salida de Venezuela, rumbo a Bonaire, ahorrándoles una navegada de 300 millas y la pérdida de cuatro días, al no haber otra opción para formalizar los asuntos aduaneros, que la capitanía de Puerto la Cruz, ya que el mismo día de primero de año arriban a Puerto la Cruz mis buen amigo Fermín con su mujer Lali, han venido a disfrutar las magras vacaciones que ella dispone en estas fechas.

Conociéndolos como los conozco, de otras muchas singladuras y vacaciones juntos, no era de extrañar que se deleitasen de lo lindo en este pequeño mundo salvaje, donde la naturaleza prima por sobremanera sobre y bajo el mar, pero creo que me quedo corto al enumerar lo que esta pareja sintió.

Pocas veces he visto disfrutar tan intensamente de cada momento, de cada situación y cada escenario.

He de apuntar que Fermín me ha sorprendido gratamente con su habilidad artística a la hora de plasmar en imágenes estos quince días, tanto que mis cámaras prácticamente permanecieron mudas y casi todo el material que guardo para el recuerdo es obra suya, eso sí, cerca estuvo de colapsarme el ordenata.

La vuelta la hicieron desde los mismos Roques en avión, para evitar a Lali la engorrosa navegada de 150 millas, de regreso a Puerto la Cruz, con el viento no demasiado favorable.

Pero yo continúo con el ir y venir de Puerto la cruz a Roques y viceversa estoy haciendo lo que me gusta que es navegar, solo y con mis amigos y siempre con el grumetillo Rufino atento en todo lo que se mueva alrededor del barco.

No me he quedado solo mucho tiempo, a mediados de mes llegan mis inseparables amigos Carlos y Piedi, acompañados de unos buenos amigos, que para más señas de tierra adentro y es la primera vez que se embarcan.

Sorprendentemente han disfrutado de lo lindo de las maravillas de mi paraíso

Pero aparte de lo fenomenalmente bien que hemos pasado estos días, también voy a contar los momentos negativos que hemos vivido, los que no siempre se cuentan y aunque verdaderamente tampoco es que los haya habido de relevancia en lo que llevamos navegado por el Caribe, la noche de salida desde Isla Tortuga hacia Los Roques tuvimos una de esas ocasiones, que como digo le recuerdan a uno que no te puedes relajar ya que a la mínima en cualquier momento ocurre el incidente, que puede ser más o menos grave.

Los hechos se sucedieron de la siguiente manera:

Para navegar las 83 millas que separan ambas islas había dispuesto de salir a las 20h para arribar a Roques con la amanecida. Lla noche oscura como boca de lobo, con las únicas luces a la vista de dos pesqueros que por la tarde habían fondeado a un cable de nuestra popa.

Durante la maniobra de salida me desvío un poco para librarlos por babor, a su altura, ¡¡zasss!! cabeceo y frenazo del barco, !¡mierda, hemos varado en un banco de arena!! motor atrás y sin problemas salimos de la varada. Recomponemos la marcha, ahora entre los dos pesqueros, en los que oímos algunas voces de saludo y quizás de guasa, ya a rumbo comentando el asunto, salimos a mar abierto detenemos el motor con el viento de popa y en un descuido pasa violentamente la vela mayor de una banda a otra

con tan mala fortuna, que la escota que la sujeta se engancho en el pedestal que monta la rueda del rompiéndolo por la base.

Segundo susto en pocos minutos, enseguida me doy cuenta que así no podemos navegar, a pesar que el timón responde, media vuelta y de nuevo al fondeadero, después de evaluar la rotura vemos que no es tan grave como en principio habíamos temido, pero necesitamos tiempo para hacer la reparación, así que cenar y a la cama.

Al día siguiente en poco más de una hora ya tenemos la bitácora firmemente amarrada y listos para navegar aunque no lo haremos hasta de nuevo al atardecer, un día de retraso que tampoco nos ha supuesto demasiado trastorno.

Al día siguiente tras una apacible navegación nocturna, arribamos a Roques a la hora prevista, por la boca de Sebastopol, donde nos esperan nuestros amigos del SIROCO DIEZ con un espectacular desayuno que nos supo a gloria.

A partir de ahí paz, gloria a disfrutar de las deliciosas playas, cayos y buena pesca, aunque las langostas, esta vez, han estado mucho más remisas de lo habitual.

Pero todo se acaba y regresamos a Puerto la Cruz, en una grata navegada de poco más de 24 horas, para que nuestros amigos Luisa y Pepe tomen el avióno de vuelta a la Rioja.

Con Carlos y Piedi preparamos y avituallamos al BAHÍA para el viernes día 3 de Febrero poner rumbo a las pequeñas Antillas. El primer objetivo Grenada, navegaremos en semi conserva con el MOSKITO VALIENTE, de Jose y Lurdes que han decidido remontar también las Antillas y de momento lo haremos en compañía, hemos tenido unas dudas del recorrido a seguir ya que hay cierto temor a los piratas por navegar al sur de Margarita, como es mi intención, para ahorrar unas cuantas millas de más y la incomodidad de navegarlas contra el viento y la mar.

Salimos por la tarde para hacer la navegación por la zona caliente de noche y nada más salir, el Moskito Valiente, al que han estado preparando durante los últimos 15 días, ha tenido una avería eléctrica, a pesar de ello deciden continuar.

Sin incidentes aunque con unas horas de retraso en mis previsiones, amanecemos a la vista de la costa en el canal entre Margarita y tierra firme, un tramo de 40 millas, de fondos en torno a los 30 metros, lo que posibilita trabajo a un sinfín de pescadores artesanales, los mismos, que según cuentan, a veces, se dedican al pirateo de veleros, sobre lo que personalmente tengo mis dudas, pero ya no hay vuelta atrás y es la hora de la verdad de comprobar personalmente que hay de verdad en todas esas habladurías. Por de pronto en la popa del Bahía las Islas he colocado, como medida disuasoria, una gran bandera venezolana que un amigo trabajador del consulado de este país en Bilbao, me regaló.

Por popa nos sigue el MOSKITO como a media milla, Por radio mantemos constante contacto, avisándonos de las incidencias con que nos íbamos encontrando, pero por fortuna de piratas, de momento, nada.

Ya de día, situados al sur del cabo Mosquito, a la vista de la población de Porlamar, Jose me advierte que por popa se acercan dos lanchas a toda velocidad, tomo los prismáticos y efectivamente observo las dos pequeñas embarcaciones saltando entre las olas de la creciente marejada que nos vienen por proa.

Con preocupación veo como una de ellas se acerca mucho al MOSKITO VALIENTE, aunque enseguida compruebo que no se ha detenido y ya lo ha sobrepasado viniendo hacia nosotros, eso nos tranquiliza, tanto Carlos como yo nos mantenemos bien erguidos en la bañera, que se nos vea bien y como era de suponer el peñero, con cuatro tripulantes, pasa como una exhalación a escasos diez metros de nuestro costado, con un saludo brazo en alto por parte de todos y poco después la otra lancha nos adelanta un poco más alejada.

Comentamos por radio el incidente y ya relajadamente Lurdes nos dice que Jose había echado mano la pistola de bengalas que llevan a bordo.

Quedan algo más de cien millas a nuestro destino, con la mar la corriente y el viento a la contra, sabemos que tenemos por delante algo más de 24 horas de incómoda navegación a motor, desde este momento nos separamos de nuestros amigos y cada uno gestionar la navegación de la manera más conveniente. Nos deseamos suerte, para encontrarnos en Grenada.

Subo las revoluciones del motor un poco por encima de las habituales de navegación en crucero y con ello apenas superamos los cinco nudos, el viento se mantiene impertérrito del este noreste, conservo la navegación con un ángulo para que la mayor no flamee porte algo y el Bahía pase mejor las olas que ya ha crecido en torno a los tres metros, pero de vez en cuando es imposible evitar algunos fuertes pantocazos. Según Piedi, que apenas se ha levantado de la cama desde que se acostó ayer por la tarde, parece que el barco se va a partir en pedazos, pero no, sabemos que el Bahía es fuerte como el acero y no se va a romper.

A medio día ya los tenemos a la vista las islas de los Testigos, que vamos a pasar por el norte. Hacemos alguna llamada a nuestros amigos pero no obtenemos respuesta, deben de estar mucho más al sur que nosotros.

La navegación nocturna sigue siendo tediosa y pesada, el run-run del motor ya se ha hecho parte de nuestra vida, tantas horas funcionando que casi ni molesta, y las millas que faltan se van desgranando con lentitud, a la fuerza no queda más remedio que acostumbrarse a esta navegación desquiciante.

Amanece sin ningún cambio, bueno si, que quedan unas pocas millas menos, cada dos por tres compruebo el GPS por si esta corriente infame deja de atormentarnos, pero nada, velocidad 4 nudos.

Carlos me avisa que la vela mayor se está haciendo añicos por la parte superior, Subo a cubierta y evalúo la rotura, la vela ha muerto, llevaba desde el verano intentando cuidarla para que al menos llegase hasta las Antillas y se ha cumplido el objetivo, ya no me importa que se destroce más, la parte baja sigue portando y estabiliza la navegación.

Poco después de medio día hacemos entrada en la bahía de Prickly bay, del Moskito Valiente no tenemos noticias, aunque los esperamos para bastantes horas después, pero amanece un nuevo día y no han aparecido, estamos pensando que se hayan detenido a descansar en los Testigos.

En estas cavilaciones estamos cuando no muy lejos nuestro veo que acaba de fondear un velero que enseguida reconozco ¡¡es el TROTAMAR III!! del difunto gran navegante Avelino Bassols, Allá me voy con el dinghy a dar la bienvenida a su hijo Joan y su mujer Ana que acaban de cruzar el Atlántico, con el que llevábamos más de un año de comunicación vía Internet y todavía no nos conocíamos personalmente, vienen acompañados de su hija Laia de 6 años, una sobrina, Samaya y un navegante sevillano, Rafael.

En la mañana del tercer día de nuestra llegada, aparece por radio la voz de Jose pidiendo ayuda para entrar en el fondeadero ya que no les funciona el motor. Enseguida Carlos y yo disponemos la neumática con cabos para remolcarlos y en un santiamén los metemos en la bahía donde poder largar el ancla y poder descansar de su agotadora navegación, que como luego nos relatarían, después de abandonar nuestra compañía, las averías se sucedieron; a la primera del regulador del alternador, se le sumaría el generador eólico, luego el piloto automático y para completar el drama, se paró el motor, así que a vela hasta Grenada, pilotando a mano, toda una odisea de cinco días.

En Prickly bay pronto quedan olvidados los malos ratos. Por desgracia a Carlos y Piedi, la crisis está afectando sus negocios y tienen que partir un poco intempestivamente hacia España.

A los tres barcos españoles se nos ha sumado el catamarán BEGONIA, de bandera americana al mando de Guillermo, su mujer Karla y sus hijos, que también acaban de cruzar el Atlántico, entre todos hemos hecho buena camaradería y nos hemos reunido en una bahía próxima, la de Hartman bay, donde se ubica la marina Secret harbour, en cuyas instalaciones hemos hecho nuestro cuartel general y hemos disputado casi todos los días unos disputados partidos de voley-playa.

Pero es hora de partir y con una afectiva despedida pongo rumbo al norte, me propongo navegar de un tirón las 160 millas que separan Grenada de Martinica, para ello elijo una ventana meteorológica en la que el viento ha rolado un poco más al este, que me permita navegar a vela, más cómodamente.

En poco más de 24 horas fondeo en Le Marín, el protegido puerto natural al sur de la isla francesa, allí nada más arribar me encuentro con el velero ALEA de Johan y Silvia, viejos amigos a los que no veía desde que trabajaban en el barco en Valencia. Poco después aparecen por Le Marín el BELLATRIX de Antonio María y su mujer Vivi y seguido el CIBELES de Julio y Maribel a los que conocí en Puesto la Cruz.

De nuevo ya tenemos el sarao montado, cenas, charlas y risas.

Una mañana nuevamente se produce uno de esos momentos de los que decía anteriormente no quieres que ocurran nunca pero a los que los navegantes estamos expuestos.

Resulta que cuando regreso del supermercado en mi auxiliar, desde el CIBELES Maribel me avisa que un barco canadiense tiene un problema con el ancla, me acerco a echar una mano y veo que ha enganchado una gran cadena perdida en el fondo, intento desengancharla y en un movimiento mi dedo pulgar queda enganchado entre ancla y cadena, no puedo zafarlo y tras un lapso de tiempo que se me hace interminable consigo sacarlo con una buena herida, pero con el convencimiento de que he estado a punto de perder el dedo, un descuido que bien pudiera acarrearme un serio disgusto.

Finalmente con la ayuda de Julio, que se ha lanzado al agua en mi socorro, cuando ha visto lo ocurrido y Johan que ha llegado más tarde, conseguimos soltarles el ancla a los atribulados octogenarios tripulantes del velero.

Dos días después acompañando al ALEA nos dirigimos a la isla de Dominica, nueva para mi, ya que anteriormente no había hecho escala en ella.

Hacemos entrada oficial en Roseau, la capital, un día en su exiguo fondeadero de boyas de pago, visita a la ciudad, que sorprende por su humilde arquitectura colonial, de casa de madera.

Con la llegada de un suntuoso crucero de turistas nos vamos hacia la bahía de Salisbury, un pequeño fondeadero en la costa oeste, centro de buceo y que nos ha gustado mucho, para continuar al día siguiente hasta Porsmouth en la bahía del príncipe Ruper, aquí pasaremos casi una semana, descubriendo las bondades de la isla y de la que estaba un poco equivocado, con respecto al país y sus gentes.

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