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DE NUEVO EN ROQUES O COMO PASAR EL VERANO

2011/08/20

        Año y medio viviendo en el Caribe ya da como para sentirme partícipe de pleno derecho a considerarme caribeño, aunque todavía faltan muchos lugares por visitar.

De lo que he visto hasta ahora y tendría que decantarme por un lugar paradisiaco en concreto, este sería, Los Roques de Venezuela.

Hay una gran diversidad de pareceres en lo que cada uno entendemos por "Paraíso" y no por ello fueran menos válidos. Los gustos son tan dispares como opuestas somos las personas. Todo es relativo en la vida, lo que unos disfrutamos fondeando en una playa desierta, a otros les encanta el bullicio de las bahías o de las marinas, donde se amalgaman las más diversas embarcaciones y las relaciones sociales son más fáciles, para gustos son los colores.

Por eso digo que Roques es mi particular "Paraíso", bellas calas y bahías de blanca arena con apenas una docena de barcos y casi todos de charter, que de vez en cuando te encuentras y saludas, pero claro, salvo naturaleza, sobre todo submarina, nada de nada más.

Me viene a la memoria, en estas mismas fechas, ¿cómo andarán los rincones de nuestras bonitas islas Baleares?, no quiero ni imaginarlo. Por eso, esto es otro mundo, esto es Venezuela y unas cuantas leguas de mar proceloso de por medio separan ambos paraísos, me reafirmo diciendo que todo es relativo.

Si Roques se encontrase a 70 millas de la costa española en vez de la venezolana, que diferente sería el "Paraíso", pero es lo que hay y por eso estoy aquí, pasando mi verano tranquilo, a cubierto de la oficialmente declarada, temporada de ciclones.

Los Roques se encuentran en la latitud 11º, por tanto fuera del paso de esos monstruos, pero no por ello se libran de los efectos y daños colaterales que producen.

Sin ir más lejos, el pasado año me tocó vivir de cerca el paso del último huracán de la temporada, el Thomas, a primeros de Noviembre. Su trayectoria discurrió por el centro del mar Caribe, a cien millas al norte de Curaçao, donde me encontraba a resguardo. A esa distancia, no sentí más que unos vientos de escasos veinticinco nudos y una lluvia como si las compuertas del cielo se hubiesen abierto.

Unos días después, como ya conté en su momento, las playas de Curaçao fueron destruidas por el maretón que el Thomas había formado.

De la misma forma también afectó a Roques, varias de las playas que conocí el pasado verano, han cambiado su morfología y en general unas cuantas han perdido su encanto, el caso más fragrante la playa de Madrisqui, una de las más turísticas, ha desaparecido el bonito puntal  que la remataba.

Pero la naturaleza es así, unas veces quita y otras pone.

 

Como ya comenté en la anterior Crónica, tras la marcha de Carlos y Cesar desde Puerto la Cruz, no tardaron en arribar nuevos amigos a disfrutar de unas vacaciones en mi personal "Paraíso" de los Roques, Jose, Fernando, Hortensia y Amaya los que tienen grandes deseos de conocer tras las maravillas que les he ido contando del lugar.

Un fugaz paso por la isla de Tortuga donde coincidimos con el naufragio de un velero, al que luego me enteré que días después rescataron. Navegación diurna de otras 90 millas, para penetrar en Roques por la Boca de Sebastopol en el remanso de aguas protegidas por el arrecife, al sureste del archipiélago. Siempre había hecho de noche este tramo, pero bueno es de vez en cuando cambiar la partitura, siempre claro está, que se arribe aún con sol, para no errar la puerta de entrada entre la barrera de coral y meternos en un compromiso, pero a pesar del poco viento durante gran parte de la navegación, la corriente favorable nos ha dado un plus de velocidad para no haber tenido que madrugar demasiado y hemos llegado a tiempo.

Veinte días con mis amigos en este mundo da para poco, aunque les llevo a los lugares que les van a gustar, Francisquí, Gran Roque, Madrisquí, Crasqui, Dos Mosquises, etc, etc.

Tanto tiempo como llevo navegando por el archipiélago ya me puedo considerar, si no un experto, al menos un buen conocedor de fondeaderos, arrecifes para visitar y mis particulares pescaderías para abastecer de proteínas frescas a la tripulación, ávida, como no, de saborear un rico arroz caldoso de langosta y otros manjares que de vez en cuando tomamos furtivamente.

Como digo, el tiempo en los paraísos tienen otra medida y el suyo se agotó inexorablemente una mañana cuando una de las pequeñas avionetas turísticas los lleva a Caracas para retornar a Bilbao.

 

Renovar papeles y continuar otros quince días disfrutando de mi "Paraíso" significa pasar de nuevo por el viacrucis de los cuatro estamentos oficiales; Guardacostas, Guardia Nacional, Imparques y Autoridad Unica (más o menos el ayuntamiento), burocracia infinita y pagar, que a fin de cuenta somos turistas y como tal se nos ha de aflojar el bolsillo. Solo se puede permanecer legalmente en Roques un máximo de treinta días, aunque nos las arreglemos para ampliar el plazo de forma un tanto clandestina, la verdad es que no se controla demasiado, pero el Bahía las Islas es de sobra conocido por todos y no es cuestión de arriesgarse a una multa.

Estos días en solitario pensaba dedicarlos especialmente a descubrir nuevos rincones de las infinitas posibilidades que da el archipiélago, pero el encuentro con Eduardo y su mujer Jaqueline, navegantes venezolanos que conocí en Puerto la Cruz, han trastocado un poco mis planes, porque a la buena sintonía que ya apuntamos, se ha sumado otra pareja de franceses navegantes  en  catamarán, Philippe y Cathy los tres barcos hemos recorrido Roques, fondeando en magníficas playas solitarias, aún así dado que mis amigos disfrutan de sus vacaciones con mucha tranquilidad, suelo adelantarme bien temprano y descubrir algunos lugares inéditos, que habitualmente no se recorren 

 

Un dato más que ya creo que expresé el pasado año y es que en Roques como en Tortuga las cartas electrónicas y ploters tienen un considerable error; 0,4 millas y 195º, teniendo en cuenta estos datos se puede navegar con seguridad porque por ejemplo en el Maxim están perfectamente registrados casi todos los bajos, pero aún así hay que navegar con el sol en alto o por la espalda, para ver bien el color del agua, como he dicho antes.

De todas formas, una vez que se ha pasado por un sitio se guarda el track del GPS y ya no hay problema, con solo seguirlo, se puede navegar hasta de noche, aunque salvo en caso extremo, yo no lo hago.

 

A los tres barcos nos caduca la estancia en Roques en torno a los mismos días, así que decidimos regresar a Puerto la Cruz navegando en conserva. El catamarán de nuestros amigos franceses tiene un problemilla en las cajas de cambio de sus motores y noto que se sienten más tranquilos navegando juntos.

Lo que no tengo clara es la propuesta de Eduardo, ya que quiere pasar por Tortuga, preferiría como en anteriores ocasiones hacer la navegación en una sola etapa de ciento cincuenta millas aprovechando los vientos locales para navegar de un solo bordo.

Poner como meta de etapa La Tortuga significa navegación a motor o haciendo bordos y no estoy por la labor de una cosa ni otra, pero la meteo previa a los días fijados para la partida ha sido benevolente y el viento está rolando por las tardes hacia el noreste, lo que nos facilitaría el rumbo directo a Tortuga y es lo que hace decidirme en acompañar a mis amigos del Bogavante y Tangerine Dream

 

Nos ponemos de acuerdo para hacer la salida desde la Boca de Sebastopol. Una vez formalizada el zarpe con las autoridades, aún nos quedamos un par de días por las inmediaciones de Gran Roque antes de navegar hasta Sebastopol. Este trayecto de unas doce millas discurre, para mi, por uno de los lugares más encantadores de Roques, entre el bajo de la cabecera y la gran extensión de bajos fondos que forma la parte central del archipiélago.

El pasillo es estrecho y lo hacemos a vela, como el viento por la mañana se pone de sureste hay que hacer unos cuantos bordos, que para el catamarán y para el Bahía que llevan foque auto virante, es una nadería, pero para el Bogavante con génova tradicional, es todo un esfuerzo y me acuerdo de Eduardo hijo que me le imagino tirando de winche cada menos de cinco minutos, luego me diría que fue divertido y deportivo, ayudado de su mujer Laura, y el génova un poco recogido para facilitar el paso por el mástil, la cosa no fue dura.

Fondeamos en el mismo lugar que lo hice no hace mucho con mis amigos, sabedor de unas buenas piedras con langostas, pero esta vez no se han dejado ver, nos hemos quedado con un palmo de narices y sin la paella que había prometido, aunque la buena suerte de Cathy al arponear una bigotuda nos hizo degustar un buen arrocito.

 

Tal como estaba previsto, por a primeras horas de la tarde con el viento rolando al noreste levantamos los fondeos y ponemos rumbo a Tortuga, una navegación deliciosa, nos mantenemos los tres barcos en todo momento a la vista y en contacto por radio.

De madrugada el viento rola a donde no debiera y nos hace desviarnos del rumbo directo, pero ya hemos hecho muchas millas y tampoco importa con la mar bella y una luna casi llena.

Navegando los tres barcos tiene una gran ventaja para mí, que puedo dormir con toda tranquilidad sabiendo que mis amigos vigilan.

Solo un momento de atención antes de media noche nos ha puesto en alerta, ya que un gran petrolero se dirigía hacia nuestra posición, pero mi sistema AIS es detectado por él y vemos como desvía su rumbo antes de llegar a nuestras proximidades.

 

Amanece un espléndido nuevo día, cerca ya de nuestro destino, hago un bordo, me resisto a arrancar el motor, aunque mis acompañantes ya hace un buen raro que lo han hecho, pronto me quedo por detrás pero no tengo prisa, aunque no tengo más remedio que finalmente ayudarme de la máquina al hacerse más débil la brisa con la salida del sol.

Fondeamos al unísono en Cayo herradura, me asombra que haya ya en el lugar más de una docena de veleros y tan solo una motora, cuando este lugar es la Meca de los motoreros, la entrada ajustadita, treinta centímetros de agua bajo la quilla pero es arena así que hasta la cocina.

Pasamos el día entre paseos por la larga playa con Rufino a sus anchas persiguiendo cangrejos y lagartijas y baños en las cristalinas aguas.

Al día siguiente cambiamos de fondeadero yéndonos hasta Punta Delgada. Salgo antes que mis amigos, ni tan siquiera arranco el motor, todo a vela, hay una brisa suave pero suficiente para que el bahía ciña a cinco nudos, unos cuantos bordos y en tres horas largo el ancla en la playa bien conocida.

Me entero por unos compañeros pescadores que mi amigo Moncho está en Margarita, esa novia que se echó el pasado año ha hecho que modifique su modo de vida.

Poco después llegan, primero el Bogavante y más tarde el Tangerine, que sigue renqueando a motor, comida a bordo del Bogavante y a las ocho de la noche, hemos puesto la hora para poner rumbo a Puerto la Cruz.

Noche similar a la anterior, pero una anunciada subida del viento a media noche no ha permitido que me vaya a dormir, pero poco a poco va amainando hasta que ya de madrugada hay que arrancar motores y ahora si, a dormir.

 

Durante la segunda parte de la noche, hemos navegado suavecito para no arribar a la marina a horas intempestivas y poco después de amarrar en nuestros respectivos atraques, se ha producido un hecho que no deja de ser un tanto rocambolesco.

Eduardo me pone al corriente de lo que desde esta misma mañana se ha enterado. Resulta que su hija se ha puesto nerviosa al no tener noticias de su padre desde hacía dos días y no se la ha ocurrido otra cosa que llamar a los guardacostas. Desde el día de ayer, hemos sido ajenos al operativo montado por la marina venezolana, que ha sido movilizada, iniciado el procedimiento de búsqueda de los tres barcos, estando dos lanchas ya listas para salir en nuestra búsqueda.

Afortunadamente, con la llegada a puerto se ha aclarado todo, aunque no nos hayamos librado de algunos papeleos extras para finiquitar el operativo desplegado. Una anécdota más a engrosar la larga lista de acontecimientos

 

Con el regreso a Puerto la Cruz a mediados de Agosto, ya como quien dice la temporada de navegación la doy por finiquitada, aunque a finales de Septiembre regreso un par de meses a España, haber si soluciono de una vez por todas mis asuntos de pre-jubilación que nunca pensé me iban a dar tantos quebraderos de cabeza, aunque antes, alguna escapada a Tortuga o La Blanquilla he de hacer, tanto tiempo encerrado en un amarre no es bueno para la salud

Aprovecho a irme para Bilbao ya que los meses de Octubre y Noviembre, son los peores del Caribe, mucha lluvia y muchos mosquitos, experiencia vivida en propias carnes el pasado año, luego en Diciembre, regresaré y después de pintar los bajos, amarinar el Bahía y aprovisionarlo, pondré rumbo a las Antillas, donde me encontraré con varios amigos que cruzan esta temporada el "Charco"

 

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