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RUMBO SUR, CERRANDO EL CIRCULO

2011/06/23

La estancia de casi dos meses por la madre patria no ha servido más que para  clarificar alguno de los menesteres burocráticos en los un prejubilado se haya inmerso, desafortunadamente los asuntos económicos aún no se han resuelto aunque espero, si soy optimista, que este mismo verano se solucionen.

Regreso a la República Dominicana acompañado de Carlos, que ya se ha hecho asiduo del Bahía, aunque esta vez Piedi se ha quedado en Arnedillo y Cesar un buen amigo sevillano, que le ilusiona tener un primer encuentro caribeño, para que cuando se haga pre-jubileta venirse a estos pagos con su flamante catamarán.

Nada más arribar a La Española, nos ha faltado tiempo para hacer una escapada a Santiago, ciudad de acogida de Rufino, donde Dan y Claudia han cuidado de él como si fuera un niñito y ahora le toca regresar a la dura realidad del marino.

Ya en el barco, toca ponerlo a son de mar, montar velas, montar brazo del timón que llevé a Bilbao a encasquillar, montar en la perilla del mástil la antena de la radio VHF, que perdimos en el nefasto día de autos cruzando cabo Beata y un sinfín de pequeñas puestas a punto, pero la peor de todas es que he descubierto una avería seria en el motor del molinete del ancla, se ha partido uno de los terminales y si él no hay manera de subir la cadena.

Afortunadamente Tony se lleva el motor a un mecánico que conoce y unas horas después, por un módico precio motor funcionando, un gran peso se me quita de encima, ante la tesitura de tener que andar fondeando a mano

Navegando el Caribe por latitudes superiores al paralelo 12, en esta época del año, se ha de estar muy atentos a la meteo. Los prolegómenos de la recién estrenada temporada de huracanes, vienen anunciados por rápidas tormentas tropicales, que sin llegar a la categoría de huracán, no son como para tomárselas a broma y es necesario estudiar su trayectoria.

En estos momentos tenemos una estacionada al sur de Cuba y hemos de esperar a ver su evolución unos días más de los previstos hasta que nos da la oportunidad de poner rumbo sur, si bién los vientos no serán los más favorable.

 Decidimos la salida para la mañana del viernes día 3 de Junio y sin más tardar, con los papeles de salida formalizados, por los que de nuevo hay que aflojar la cartera, esperamos a que las autoridades  nos metemos a cruzar de nuevo el mar Caribe, esta vez de Norte a Sur, algo más de 400 millas.

Tres días ciñiendo a cara perro. Nuevo contratiempo, desde que dejamos atrás Boca Chica, el piloto automático cada cierto tiempo pierde el rumbo lo que nos obliga a permanecer muy atentos cuando empieza a pitar la perdida de señal del timón o timoneando a mano largas horas, sobre todo de día.

Pero el Bahía las Islas camina airoso por encima de los 6 nudos, navegando en aguas agitadas entre la marejada y la marejadilla, y salvo un par de chubascos de 30 nudos, los que llamamos "negros" por lo oscuro de su pelaje, nos movemos en vientos de media 15 nudos, con bastante sol y contentos de que el piloto aguanta sin jugárnosla bastantes horas, sobre todo cuando navegamos a vela, que es la mayoría del tiempo.

Como digo, justo cuando se cumplen los tres días de navegación avistamos  Aves de Barlovento en la soleada mañana del lunes día 6, nos levanta el ánimo si es que en algún momento había decaído algo, aunque me preocupa el piloto si realmente tuviera una avería grave, pero no, unos días después hago por Iridium una llamada a mi técnico de Bilbao y tras las indicaciones, compruebo en el brazo del timón el indicador del ángulo de la pala, enseguida encuentro el fallo, un ajuste y vuelve a trabajar normalmente, como siempre digo, la inactividad del barco es uno de sus peores enemigos.

 Disfrutamos de Aves un par de días a nuestras anchas, empieza la dieta de pescado, mi primera gran barracuda arponeada, empiezo a perderlas el respeto a su fiero aspecto y de momento las langostas se hacen de rogar. Pero la suerte está con nosotros

Estamos charlando con los del barco catalán, cuando se han acercado un par de pescadores a los que se les ha agotado el tabaco y andan pidiendo a los veleros fondeados, los catalanes andan muy justitos ya que no hicieron escala en Roques, nos despedimos de las os parejas y nos vamos al Bahía, a lo lejos vemos el peñero a la espera de que lleguemos al barco y sin pérdida de tiempo vienen a nosotros, como siempre llevo una provisión para estos casos y me gusta estar a bien con los lugareños, les paso un par de cajetillas. Más contentos que unas castañuelas y sin pensárselo dos veces ¡¡nos pasan una langosta de casi dos kilos!!,:eek: menudo cambio, se nos alegra el ojo, relamiéndonos de antemano ante la suculenta paella que nos va a preparar Cesar.

Poco antes del hecho, Carlos, nos indica un lugar de la isla, por la que ya pasó con el Rebeca III, el año pasado, en el que los navegantes que arribamos a la isla, se tiene por costumbre dejar el nombre del barco pintado en una piedra, sobre un túmulo. Allá vamos a dejar nuestra impronta y descubrir la que dejaron ellos, seguido aprovechamos a hacer una excursión por los manglares y fotografiar bien de cerca la infinidad de aves que los pueblan, alcatraces, petreles, gaviotas…

 Dejamos Aves por la parte sur, otra vez a ceñir rumbo a Roques, pero tenemos prisa por llegar y el motor se encarga de recorrer las 30 millas que separan ambas islas venezolanas.

Fondeamos en Cayo Agua por el interior, la zona la conozco muy bien, para nuestro contento no hay nadie, somos dueños de estos islotes de arena por los que paseamos como Robinsones, incluso los arrecifes cerca del fondeadero están bien surtidos de pescadería, esto es otro mundo y otro Caribe como he tenido el deleite de comprobar a lo largo de la ruta que hemos hecho.

También para Rufino es su particular paraíso, carreras sin parar por la playa o escavando agujeros en la arena en busca de cangrejos, todos estamos contentos.

 Al día siguiente pasamos por Dos Mosquises, a Carlos le veo feliz rememorando los lugares que disfrutó con su mujer y señalándole  a Cesar los lugares que ya descubrió hace meses y de los que toma buena nota para disfrutarlos en un futuro no muy lejano con su Temido III.

Dos Mosquises es un centro de conservación de tortugas, por lo tanto nos abstenemos de ir a la pescadería, en su lugar hacemos una excursión fotográfica a unos arrecifes del lado este de la isla que no conocía, recomendado por Manolo, el amigo francés que conocí en Puerto la Cruz. Pero el sitio me ha defraudado un poco ya que hay bastante arena en suspensión y la visibilidad no es la más óptima.

Demasiado de prisa pasan los días cuando se disfruta de buena compañía, de buenas mares y de lugares encantadores como Aves y Roques.

No podemos demorarnos demasiado en cada lugar y aunque los saltos diarios  son escasamente de dos horas de navegación a vela, ciñiendo, por supuesto, tenemos que ir ganando este.

El sábado 11 arribamos al Gran Roque. Oficialmente no estamos legalmente en Venezuela, porque solo se puede hacer la entrada en los lugares establecidos, como es el de Puerto la Cruz, nuestro destino final.

Aún así hacemos una visita al puesto de guardacostas, más por ver que pasa que por sentirnos más legales, pero "con la iglesia hemos topado, Sancho" no hay ningún inconveniente para que estemos en Roques "ilegalmente" pero hemos de pagar las tasas de entrada en el Parque Natural, pedimos que solo queremos estar un par de días y aquí surge la sempiterna picaresca, "1000 bolívares y nosotros nos encargamos de que nadie vaya a inspeccionarles", a pagar sin rechistar y a lo nuestro.

Un par de días en Gran Roque para abastecernos de las verduras que ya escasean a bordo, visita al viejo faro y disfrutar del ambiente de posadas que ofrece la pequeña población turística, para acabar cenando pizza en casa de Pedro.

Ya hemos hecho los cálculos para estar el domingo 19 en Puerto la Cruz, aún nos queda una semana que repartimos en islas como Crasqui, Agustín, Noronqui, donde Caritos localiza una espectacular langosta, que hace los honores a una suculenta caldereta al estilo menorquín, que les he preparado a mis camaradas.

 Para la última etapa, la inestimable colaboración meteorológica de Eeduardo desde Santander, nos indica que la mejor ventana es el viernes 17, un día antes de lo que habíamos previsto, pero ya nos encontramos en Sebastopol, la boca suroeste de los Roques, lugar idóneo para saltar al continente.

Aquí hemos pasado otros dos días a la espera, pero la hemos aprovechado muy bien, Carlos ya se ha convertido en todo un experto cazador de bigotudas, tanto que yo ya estoy un poco arto del menú langosteril en sus más variadas presentaciones, en paella, arroz caldoso, a la plancha, con macarrones, con garbanzos, etc

Yo me niego a matar más y me dedico a practicar, capturándolas vivas con el lazo, para después ponerlas en libertad, acción que supone que mis amigos se ceben, llamándome de todo menos bonito y cuando jugamos a las cartas, que suele ser al atardecer me humillan con sendas palizas, que le vamos a hacer, las cartas nunca se me dieron bien y lo cual no me causa ningún desánimo.

 La mañana del 17 zarpamos, la mar y el viento ha bajado como nos había anunciado Eduardo, la ceñida no es tan a rabiar por lo que navegamos muy rápido a pesar de tener la corriente de casi un nudo en contra.

Como en anteriores ocasiones que he hecho esta ruta, a medida que ganamos sur, el viento se va abriendo y en un bordo alcanzamos nuestro destino, aunque llegados cerca del continente el viento flojea y las últimas 15 millas se hace necesario empujar con el motor.

Como ya habíamos visto, el piloto funciona correctamente y las guardias nocturnas se hacen livianas

 Puerto la Cruz nos acoge como el año pasado, pocos barcos y poca actividad en la marina de Bahía Redonda, sigue el miedo entre los navegantes a acercarse a Venezuela y eso se nota. En Roques no vimos ni un solo barco que no fuera venezolano, la verdad que nosotros no somos ningunos valientes, pero de ahí a pensar que a cada momento te vayan a asaltar hay un gran trecho. Me gusta Venezuela y por el momento por la zona me quedo hasta que pase la temporada de ciclones.

Puntualmente en fecha y hora, Cesar y Carlos regresan a sus hogares y yo me quedo unos días solo, preparando de nuevo al Bahía las Islas para el mes que viene volver a navegar hacia Roques con nuevos amigos.

 

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