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DESDE JAMAICA, REMONTANDO HACIA EL ESTE

2011/03/08

Después del fiasco de nuestra pretendida visita a los Jardines de la Reina en Cuba, no tuvimos más remedio que poner de nuevo rumbo a Jamaica, un plan B que ha servido para conocer un poco más a fondo la personalidad de un país bastante desconocido para el grueso de los navegantes de la vieja Europa.

 La Marina Errol Flynn nos recibe con amabilidad, como la anterior vez, ya somos conocidos, incluso las autoridades han sido mucho más benévolas y ágiles en sus tramitaciones, también menos barcos en el puerto apenas media docena.

Nada más ver nuestra bandera nos dan la bienvenida Román y Anuska, los tripulantes del Altair, catalán y vasca, que navegan muy tranquilos, esperando siempre la mejor meteorología.

Permanecemos en Port Antonio unos días, un poco para recuperarnos del bajón de la frustración cubana, disponer de internet libre y tranquilidad para dedicamos a echar unos vistazos por los arrecifes cercanos.

A pesar de la poca vida que vemos, Carlos ha conseguido un buen contacto con un paisano, al que llamo su amigo “Lobster” que nos surte de crustáceos a buen precio cuando, los necesitamos para una buena paella.

También nos ponemos en contacto con nuestros amigos cubanos con los que lo pasamos en grande de cena en cena en casa de Roberto, un personaje con historia.

 Pero demasiados días amarrados a puerto ya nos va siendo un poco cansino, así que ponemos fecha a la partida para recorrer la costa norte jamaicana, la más vistosa y turística de la isla, con numerosas bahías y fondeaderos.

La primera singladura la hacemos hasta Oracabessa, a 33 millas, una amplia bahía que dispone de un pequeño puertecillo, pero de fondo muy escaso, en el que ya hemos tocado la arena cuando lo inspeccionábamos, decidimos largar el ancla fuera, Todo lo que abarca la vista de la isla es un gran vergel, montañas no demasiado altas cubiertas de vegetación.

Al día siguiente nos equipamos convenientemente para explorar el arrecife y lo mismo que el de Port Antonio, ni un solo pez de más de un palmo, eso si, los arrecifes más vistosos de los encontrados últimamente.

 La siguiente singladura Ocho Ríos, poca brisa para navegar a vela, pero no desaprovechamos la ocasión de izar el spi que al menos durante una buena parte de las 10 millas que separan ambas bahías, nos permite disfrutar.

Ocho Ríos es el destino más turístico de la isla donde arriban los grandes cruceros cargados de turistas, atraídos mayormente por el visitado mausoleo del legendario Bob Marley, que aquí veneran como si de un santo se tratase.

La entrada a la bahía no es complicada aunque la protege un largo arrecife, está bien balizada con boyas para los grandes transatlánticos, aunque en el acceso al fondeadero hay que sortear los grandes pilotes de amarre de los barcos por un estrecho pasillo sin señalizar.

En Ocho Ríos solo permanecemos una tarde y la noche, es suficiente, tanto trasiego de turistas no es lo nuestro, en contrapartida, encontramos un surtidísimo supermercado donde compramos algunas viandas más europeas que ya echábamos en falta.

 Ponemos como siguiente meta la cerrada bahía de Discovery bay, 19 millas mañaneras para navegar con una buena brisa de popa, que hace la navegación costera una delicia.

Diseminados por la costa vemos muchos de los hoteles de los que nos habían hablado.

En la bahía de Discovery se encuentra una explotación minera que nos hace torcer un poco el gesto, entramos de todas formas, pero la amplitud es grande y al otro extremo, apenas se hace presente la zona industrial.

Fondeamos frente a una bonita playa de aguas azul turquesa, sitio protegido y tranquilo, aunque cuando nos disponemos a desembarcar llega una patrullera de soldados fuertemente armados, pensamos que nos van a echar del fondeadero, pero no, solo nos piden muy amablemente los papeles y nos dan la bienvenida cuando les decimos que tenemos intención de quedarnos dos días.

Nuestro próximo destino Montego bay, otra de las ciudades turísticas, la más al oeste de Jamaica. Nueva navegada de lujo de 35 millas. A medio recorrido adelantamos al Altair de nuestros amigos, hablamos por radio y quedamos en vernos en la marina de Montego a la que arribamos poco después de medio día.

Largamos el ancla en las inmediaciones del único pantalan, cerca de un barco francés, el Datura, que conocimos en Port Antonio, enseguida nos ponen al día de las particularidades de la marina, cuyo club social es lo único bueno que vamos a encontrar, ya que fuera no hay más que un par de hoteles y para ir a la ciudad es necesario hacerlo en taxi.

Aguantamos un día más, haciendo buenas migas con nuestros amigos Román y Anuska e iniciamos la vuelta.

 La meteo no es muy favorable, cien millas con el viento de proa, ceñir no es de caballeros, pero en el Caribe, todo lo que se navegue cuesta abajo luego hay que subir, porque el viento se mantiene impertérrito soplando de este a oeste, con más o menos intensidad y por desgracia nos toca la vuelta con más intensidad, entre 20 y 22 nudos.

La primera etapa la hacemos hasta Falmouth bay, 19 millas, casi cinco horas de dura ceñida. En esta bahía están construyendo una terminal para cruceros turísticos, hemos largado el ancla tras el arrecife pero aún así entra bastante marejada y el barco se mueve incómodamente.

Propongo que salgamos a última hora de la tarde para hacer de un tirón hasta Port Antonio, contando que el viento baje como todas las noches anteriores. Carlos y Piedad están de acuerdo, así que a las seis de la tarde dejamos el fondeadero, pero estamos en el día gafe y el viento por la noche no ha bajado sino que se ha incrementado un poco. En vista que por la proa vemos acercarse una tormenta con aparato eléctrico, decido que pasemos la noche fondeados en Discovery bay.

Conocemos bien el lugar, así que no tenemos dificultades en largar el ancla en el mismo sitio que en el viaje de ida. Nos alegramos de no haber pasado una nochecita de perros.

 Temprano continuamos viaje, la mar con todo lo que ha soplado en la noche ha crecido a fuerte marejada, el Bahía navega bien de ceñida con el foque autovirante y dos rizos a la mayor, pero... ¡¡Horror!!, vemos que la vela se está rasgando a la altura del refuerzo del puño de escota del segundo rizo, me viene a la memoria la rasca en aquella noche de autos, navegando entre Aves y Jamaica, pienso que tuvo que ser el origen en la rotura del refuerzo en el puño del rizo.

Recogemos enseguida el foque, pasamos al primer rizo y a motor remontamos mar y viento, veinte millas hasta el cabo Galinas, desde donde el cambio de rumbo ya da suficiente ángulo para navegar en una ceñida abierta hasta nuestro destino a 33 millas, con foque y un rizo, y puntas de 28 nudos vamos un poco pasados de trapo, pero mejor eso que acabar rompiendo toda la vela.

 Sin más novedades que la rotura de mi nuevo ordenador, que ha salido volando en un pantocazo y haber pasado un día de navegación bastante más agitado de lo habitual, amarramos en nuestra conocida marina de Port Antonio. Ahora unos días para preparar el barco, mantenimiento de motor, que ya le toca cambios de aceites y filtros, otras revisiones y en unos días zarparemos hacia República Dominicana.

 Las previsiones meteo siguen sin ser muy benignas que se digan, el alisio está establecido en veinticinco nudos a lo largo y ancho de todo el Caribe, pero tenemos ganas de alcanzar la República Dominicana cuanto antes y entendernos en cristiano con el personal, que ya estamos un poco hartos del jinglis que apenas controlamos.

Así que nos despedimos de Cesar e Iban, padre e hijo canarios, que han bajado desde USA con su barco recién comprado y a media mañana dejamos Jamaica con el tanque repleto de combustible, en previsión de utilizar el motor para remontar el viento, cuando la ocasión lo requiera y no se hace esperar, porque nada más dejar Port Antonio por la popa, la brisa no quiere colaborar y se pone de la misma proa.

A sotavento de la isla La Española, como denominó Colón la que hoy es Haití y República Dominicana, la cosa está un poco más tranquila, así que aprovechamos para ganar barlovento unas cuantas millas antes de la presumible rolada, rumbo a la minúscula isla de Navassa de propiedad yanqui.

Antes de anochecer la previsión se cumple, rola la brisa al NE , cambiamos el rumbo al ESE, directos el sur de Haití. Disfrutamos de la navegación a vela, cenita y repartimos las guardias entre Carlos y yo mientra que dejamos a Piedi dormir a sus anchas.

Pero la alegría dura hasta poco antes del amanecer, cuando la brisa se pone de nuevo de proa, desviada por la costa haitiana, no estamos para hacer bordos, así que ni me lo planteo, máquina avante.

Al amanecer, la perseverancia de Carlos y Rufino con el aparejo de pesca que todos los días largan por popa, ha dado sus frutos, una fenomenal barracuda de un metro, que nos hará las delicias de la cocina.

 Ya que navegamos cerca de la costa de Haití, nos ha hablado el francés del Datura, muy bien de la isla de la Vaca, de unos 30 kilómetros cuadrados, en la que se supone no hay cólera, tiene numerosas playas y merece la pena visitar .

Nada más acceder a la amplia bahía donde se encuentra la islita, nos llama la atención gran cantidad de velas que vemos navegando. Nos cuesta creer que en el país más pobre de América y el 7º del mundo, haya tal cantidad de afición por la vela deportiva, pero pronto salimos del error al comprobar que son embarcaciones de pescadores, que no alcanzan a disponer de un motor fuera borda y tienen que recurrir a la navegación tradicional para subsistir.

 Largamos el ancla en una playa que nos parece bonita, hasta vemos un hotel, pero entra un poco de marejada por lo que nos vamos en busca de otra más al norte que esté protegida del oleaje, justo cuando varias piraguas vemos navegar desde la playa en nuestra dirección.

Elegimos otra playita de aguas turquesas en la punta noroeste, un lugar precioso con amplios palmerales, buen sitio para darnos un baño y preparar el ágape.

En ello estamos, cuando sin mucho tardar, tenemos en nuestra popa la embarcación que estaba fondeada en una esquina de la playa, con cinco jóvenes a los que apenas entendemos, si no fuera por la acción del que debe ser el más espabilado, al señalarse la barriga.

Ese gesto es inequívoco, así que ponemos en una bolsa, un buen trozo de pan de molde, medio chorizo y una lata de foi-gras, se van dándonos mil gracias, no tarda en aparecer otra pequeña embarcación con otros dos chicos pidiendo más comida a los que pasamos otra bolsa.

Pero de la pretendida siesta, nada de nada, no dejamos de tener visitas, aunque una de ellas es para traernos unos cocos en agradecimiento de lo que les hemos dado anteriormente, este gesto me ha conmovido, pero hemos de seguir navegando y dejamos la isla de la Vaca, cruzando por entre los arrecifes de su lado norte, donde los pescadores con los que nos cruzamos nos saludan efusivamente y algunos con gestos, nos advierte que tengamos cuidado con los bajos.

En todo momento, con Carlos situado en proa, mantenemos la atención al color del agua, pero ya hemos comprobado que la cartografía digital en la zona, es muy precisa.

Comentamos, que si no fuera por las precarias condiciones sanitarias de Haití y el caos gubernamental en el que está sumido el país, lo que puede resultar peligroso, este lugar lo consideraríamos como uno de los últimos auténticos paraísos del Caribe.

 Continuamos rumbo este, viento y mar de proa, seguimos a motor, cuando salimos de la protección de los cayos, el viento ha subido y la mar se ha incrementado, arreciendo durante la noche.

Nos hemos dejado un pequeño portillo abierto y un roción ha mojado el ordenador que llevo en la mesa de cartas con la consiguiente defunción.

La navegación se hace incómoda, muchos pantocazos en medio de una fuerte marejada, en la que los 55 caballos del motor, apenas nos hacen avanzar a cinco nudos. Resignados esperamos que vayan pasando las horas para acercarnos a la protección del prominente cabo de La Beata ya en territorio de la República Dominicana.

Arribamos a nuestro objetivo de recalada en Cabo Rojo, donde sabemos que hay un puesto de la guardia costera en el que hacer la entrada al país.

Llegamos ya bien entrada la mañana, bastante cansados y sin la antena de la VHF en la perilla del mástil. Ni que decir tiene, que por estos parajes pocos veleros se acercan y cada vez que uno como nosotros lo hace, parece que es fiesta en la guarnición.

El comandante, amablemente, nos han recibido con un café, aunque una vez rellenos los formularios, no nos libramos de una inspección del barco, cosa que no llevo nada bien.

Bajamos a pasear por la playa, el lugar podría considerarse bonito si no fuera por la mina de bauxita que hay en las proximidades al muelle comercial donde cargan el mineral.

Con el despacho en la mano para Salinas, salimos una ventosa mañana, rumbo sur a doblar el cabo Beata, distante veinte millas.

Como era de esperar, sin una nube, con el viento por el través, la mar plana y soplando veinticinco nudos, la navegación de escándalo, por encima de ocho nudos, disfrutando de lo lindo, sobre todo Carlos y yo, Piedi noto que no participa de nuestro gozo, que como suele decir a menudo “yo navego por amor” y noto su felicidad cuando siente disfrutar a su marido, muy a tener en cuenta.

Por babor Bahía de las Águilas, uno de los parajes con más encanto de la República Dominicana, http://www.youtube.com/watch?v=GzoWpkMGMF8

No nos detenemos en esta por el fuerte viento y porque no queremos demorarnos en doblar el temido cabo Beata, una península que se adentra como un estilete treinta millas en el mar Caribe, pero antes hemos de superar el cabo Falso, donde ya nos haremos una idea más precisa de lo que nos encontraremos en adelante.

 Lo que descubrimos al otro lado de este pequeño cabo, no nos gusta demasiado, un fuerte oleaje y un aumento del viento a treinta nudos, seguimos rápidos por encima de siete, pero no podemos evitar que los rociones pasen constantemente por encima nuestro, teniendo que soportar estoicamente a la caña sus embestidas.

Para cuando lleguemos a Beata casi será medio día, hora poco propicia de cruzar el cabo, así que propongo fondear en la isla Beata, casi en la punta y esperar a primera hora de la mañana para pasar. Mis amigos están de acuerdo, así que abrimos un poco el rumbo y nos acercamos a una protegida playa que tiene un gran palmeral y en la arena bastantes lanchas.

Largamos el ancla en aguas mansas de color turquesa, nos sorprende ver un gran asentamiento de pescadores. No tardan en acercarse dos guardias de la guarnición de Beata, nueva inspección y comprobación de papeles, esto es lo que menos me gusta de esta parte del Caribe, ni mal tiempo, ni mosquitos, ni la falta de servicios, ni etc, etc... Las dichosas inspecciones y el control de todos los movimientos es lo que realmente me exaspera.

Pero bueno, el lugar tiene su encanto, paseamos por entre el pequeño poblado, donde las iguanas campan a sus anchas y Rufino persiguiéndolas sin piedad, aunque saben defenderse con la cola.

Temprano dejamos el fondeadero, el viento apenas ha remitido en toda la noche, siguen los treinta nudos de ayer, nos acercamos al cabo por el paso de la isla Beata, con fondos de entre cinco y siete metros, a medida que nos acercamos a la punta las olas van creciendo considerablemente, navegamos a motor, queremos superar el cabo lo más rápidamente posible, pero justo cuando estamos saliendo a mar abierto notamos una desagradable vibración en el barco, algo no va bien en el motor, deduzco que hemos enganchado un arte de pesca , de los que fondean los pescadores.

Pienso rápidamente en las opciones, se puede volver a la isla Beata sin problemas con solo la mayor, pero quiero probar como ciñe el Bahía en estas condiciones, cuando la alarma de viento, calibrada en 35 nudos se dispara sin cesar. Desenrollamos medio foque y en unos minutos compruebo que avanzamos cercanos a los 6 nudos.

No me lo pienso dos veces, lo hago saber a mis amigos, que están de acuerdo a lo que yo decida, únicamente Piedi tiene la cara un poco compungida pero continuamos la navegación a vela, será más larga y costosa, estamos de acuerdo en que es mejor que volver atrás, veo puntas en el anemómetro de 38 nudos y la mar establecida en gruesa, con algunas olas que superan los 5 metros.

Me siento orgulloso de mi barco, a pesar de todos los inconvenientes de carga, parafernalia crucerista, velas en precario estado, el Bahía navega que da gusto, con medio foque y tres rizos en la mayor.

En tres bordos superamos la Beata, no quiero reproducir los exabruptos que la hemos dedicado a tan excelso nombre, por el varapalo que nos ha dado.

 Una vez al otro lado del cabo, con las condiciones meteorológicas que han descendido, pero muy poco, me entra una ligera angustia de verme con la costa a sotavento y sin motor, si se rasga alguna costura del foque, nos veríamos en un serio aprieto, así que decido hacer un bordo hacia afuera de varias millas, para en caso de percance, nos diera tiempo a aparejar otra vela antes de derivar hacia la costa.

Pero afortunadamente nada se ha roto, bueno, solo el tercero de los ordenadores que no ha aguantado su soporte en la mesa de cartas y el cintoncillo de goma del costado de babor se ha desprendido de su cajera y a tiempo lo hemos recogido para no perderlo.

Poco a poco, el viento nos rola a la buena a medida que ganamos norte y va amainando. Con la cosa un poco más calmada arranco el motor y compruebo definitivamente que es un enganche en la hélice quien no la deja trabajar, doy avante y atrás varias veces y noto como de repente lo que la tenía trabada.

Las últimas millas, para no hacer ya mas bordos motor avante hasta Salinas, fondeando poco más de trece horas después de la salida, habiendo recorrido 80 millas, no está mal la media de más de 6 nudos.

 El fondeadero en la bahía Calderas, junto al náutico de un hotel nos brinda un buen reposo para pasar unos días, además un amigo del foro, Dan Morgan, se ha puesto en contacto con nosotros para brindarnos su apoyo y conocernos personalmente.

Pero las cosas siguen torcidas y al día siguiente, Carlos y Piedi reciben con desolación la noticia del mortal accidente de la mujer del cocinero del restaurante Casa Cañas y tienen que salir precipitadamente hacia Arnedillo en el primer avión que han conseguido vuelo.

El amigo Dan Morgan se ofrece a acompañarme la última etapa hasta Boca Chica, llega por la tarde, enseguida conectamos y al día siguiente partimos con unas condiciones de mar y viento, que nada tienen que ver con las sufridas hace dos días, navegamos en parte a motor y en parte a vela.

Arribamos a Boca Chica donde tomamos amarre en el puertecillo bien acondicionado.

A pie de pantalan me espera mi gran amigo Orestes con su mujer Zoa, una alegría inmensa encontrarnos después de cinco años de amistad por internet, me presenta alguna gente conocida en la marina y los cuatro charlamos en torno a unas cervezas, mañana mismo sale para Colombia, pero a su regreso tendremos tiempo de contarnos muchas aventuras.

Dan me acompaña un par de días más, le agradezco la compañía y que sea él quien se quede con Rufino durante mi estancia en España.

El resto del tiempo hasta mi partida, la dedico a ir reparando desperfectos y tomarme con tranquilidad la estancia en República Dominicana, alguna salida de navegación mañanera con Tony y su mujer Lisa, los amigos que me presentó Orestes, alguna buceada en el arrecife exterior de Boca Chica y poco más.

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