ver fotos

ADIOS CUBA, ADIOS

 2011/02/03

    La estancia de un mes en tierras hispanas, durante las Navidades, como cabía esperar, unas vacaciones para no olvidar el estrés, muchas quedadas con amigos, muchas cenas de celebraciones, mucho contar aventuras, mucho de todo de todo.

Pero el tiempo pasa rápido se acaba y es momento de regresar a la rutina de la placidez de Caribe donde no esperábamos que los acontecimientos se desarrollasen de diferente manera a lo que habíamos planeado.

De entrada, cuando fuimos a pasar las Navidades tomamos un vuelo de ida, porque no sabíamos la fecha exacta para la vuelta y por consiguiente el regreso lo hicimos con billete de ida también.

Nuestra sorpresa al pasar el control de embarque es que de buenas a primeras no nos permiten volar con solo billete de ida, menos mal que fui previsor y me traje todos los papeles de entrada en Cuba nuestros y del barco.

Después de presentar toda la documentación, hablar con unos y otros, sacar fotocopias de los documentes, consultar manuales aduaneros llegan a la conclusión que en sus normas no se contempla que un extranjero viaje a Cuba con solo billete de ida y que era el primer caso que se daba.

Total, finalmente embarcamos y llegamos felizmente a destino.

El reencuentro con Rufino, muy emotivo como cabía esperar, aunque se le notaba que en la casa de Eduardo y Alina había disfrutado a lo grande.

En esta segunda parte de nuestra estancia en Cuba, la intención era navegar a la zona de los Jardines de la Reina, una extensa zona de cayos y arrecifes coralinos de extraordinaria belleza en el lado suroeste de la isla, en la que íbamos a pasar casi todo el mes de Febrero.

Pedimos nuestro correspondiente permiso de navegación, que ya teníamos pagado de la salida que hicimos la anterior vez y que sin decir nada por nuestra parte nos lo extienden hasta Cienfuegos, bastante más lejos de nuestra pretendida navegación a los Jardines de la Reina.

Con el correspondiente documento en la mano, soltamos amarras a medio día del viernes 27. Proyectamos llegar al día siguiente a la bahía de Pilón, a escasas 80 millas de distancia. Como ha sido un poco pronto la salida, decidimos fondear en una playita cercana a Santiago para, limpiar un poco los bajos, comer y hacer un poco de tiempo.

Cuatro horas después levantamos el fondeo y con una brisa de 10 nudos del oeste, navegamos tranquilamente a vela. Llevamos recorridas un par de horas, cuando vemos aparecer una lancha de aduanas, creemos que vienen a hacer un control rutinario, pero después de unas preguntas de si teníamos algún problema para haber fondeado, nos ordenan que regresemos a puerto. La indignación es manifiesta con lo que consideramos un atropello arbitrario, pero no tenemos más remedio que dar media vuelta, porque los agentes se han puesto duros y más cuando les he dicho que lo que estaban haciendo era un atentado a la libre navegación, sin recapacitar que en este país semejante afirmación puede traerme otro tipo de problemas, como así me lo han hecho saber los agentes.

Seguimos navegando a vela, seguidos a corta distancia por la lancha patrullera y para más inri iluminados por un foco, vigilando como si hubiéramos estado traficando.

Al llegar a la bocana de la bahía de Santiago, otra patrullera ha salido al encuentro, así que penetramos escoltados por ambas bandas como si fuéramos unos vulgares delincuentes cogidos infraganti en delito.

Atracamos en el espigón libre y esperamos a que lleguen los oficiales.

Comentamos que algo gordo hemos debido de hacer porque han comenzado a reunirse no menos de veinte personas, entre los uniformados y algunas de paisano, entre nosotros acordamos no caldear más el descontento que sentimos.

Pronto nos enteramos que hemos infringido la norma 194/1999 en la que se prohíbe a todas las embarcaciones detenerse o fondear en zona costera no autorizada.

Nos quedamos anonadados, explicamos con fundados razonamientos de que nos hemos detenido a limpiar el casco del barco, comer y hacer tiempo para llegar de mañana al fondeadero de Pilón, insisten en que para su lógica, la maniobra que hemos hecho de fondear cerca de puerto no es normal y que es sancionable.

Nos defendemos argumentando que teniendo el despacho a Cienfuegos, distante 300 millas, nadie nos ha informado de que existen lugares intermedios autorizados para detenernos, y aunque sabemos que existe un procedimiento legal para la navegación en todos los países, un navegante extranjero, tiene muy difícil conocer todas las normativas vigentes a menos que se nos instruya sobre las más importantes, como es esta que ahora parece que hemos infringido.

Esto ya les ha bajado el tono de sus argumentos, pero no nos libramos de una indignante inspección del barco, de al menos media docena de agentes, con perro anti drogas incluido.

Finalmente nos hemos librado de la multa, firmo la declaración de que la inspección ha sido negativa y con una disculpa de que perdonemos las molestias, poco a poco se va marchando todos los uniformados.

A la pregunta si vamos a continuar con el pretendido viaje a Cienfuegos, nuestra respuesta ha sido clara y contundente; en vista de los impedimentos que las normativas cubanas tienen para navegar libremente, renunciamos a la pretendida navegación y mañana mismo solicitaremos el despacho para la salida del país, con destino a Jamaica.

Nos han retirado el permiso de navegación y mañana mismo vendrán los agentes a despacharnos los documentos para la salida de Cuba.

Al día siguiente nuestro estado de ánimo es bastante negativo, hemos de ir a descambiar el dinero cubano por euros y en la marina las caras de los empleados eran todo un poema, avergonzados de lo que sus autoridades náuticas nos habían hecho.

En este sentido el director de la marina me expresaba su solidaridad y me pedía disculpas de que ellos nada tuvieron que ver en la detención. De que todo había sido cosa de la capitanía del puerto de Santiago y que iba a presentar un alegato a las más altas autoridades, quejándose de nuestro caso y del trato recibido, en el sentido de que iba a cundir la alarma en otros navegantes evitando recalasen en Cuba, enterados de la falta de libertades a la navegación deportiva.

Agradecimos amablemente su interés y después de unas llamadas telefónicas a nuestros amigos, pusimos proa a la vecina Jamaica.

La navegación entre las dos islas, placentera, poco más de cien millas que hicimos en la noche la mayor parte del recorrido, únicamente de madrugada arreció el viento, cambiamos la configuración vélica y arribamos a Port Antonio en medio de un chubasco de los típicos en el Caribe.

La Errol Flynn Marina nos acogió como la anterior vez que recalamos en ella, enseguida nos sentimos como habiendo traspasado la barrera del espacio tiempo y aunque la frustración de lo acontecido aún se reflejaba en nuestros semblantes, hicimos buenos propósitos de olvidar lo sucedido, pero no por ello dejamos de hacer una denuncia pública en los foros náuticos y explicar los hechos entre los barcos de la marina, que al enterarse de que veníamos de Cuba, todos recababan información.

Han pasado unos días y aún seguimos un poco cariacontecidos, queremos navegar y conocer la costa norte jamaicana, pero dejamos discurrir los días un poco apáticamente por lo menos en lo que a mí respecta, creo que a los tres nos ha afectado más de lo esperado todos los acontecimientos vividos en nuestra añorada Cuba.

 inicio  anterior