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RUMBO A JAMAICA

 

2010/12/05

 El reencuentro con mis amigos emotivo como siempre, Fermín y Lali vienen a pasar quince días de vacaciones y Carlos con Piedad para acompañarme en una más larga singladura por el mar Caribe.

Disponemos para esos quince días un programa que nos hagan conocer más a fondo las que ya han dejado de ser Antillas holandesas, las populares ABC, Aruba, Bonaire y Curaçao, ya que Curaçao se ha independizado y las otras islas llevan el mismo camino, si bien Bonaire mantiene su estatus de municipio holandés.

En principio mantenemos el alquiler del coche con el que he ido a recoger a mis amigos al aeropuerto y nos damos una vuelta por la isla. Se recorre pronto. Llegamos a Westpoint, cuya paradisíaca playa ha sido arrasada por el reciente paso del huracán Tomas y casualmente hemos coincidido con un equipo de televisión que está haciendo un reportaje del desastre.

La isla en si no tiene ningún atractivo especial, paisaje de vegetación bastante pobre, salvo en la costa suroeste un poco más tropical, por lo demás lo más turístico es la capital Willemstad, el centro Punda, tiene una fachada de estilo holandés, un puente móvil de lo más curioso a base de pontones que se abre y se cierra a conveniencia del paso de embarcaciones hacia la dársena portuaria interior y la atractiva zona de compras donde me he hecho con una buena cámara submarina, ya que he descubierto recientemente las posibilidades que dan los fondos coralinos.

La isla en un día está vista y mis amigos están deseosos de conocer las excelencia marinas de las islas que según tenemos entendido es lo más turístico que tienen, sobre todo Bonaire.

Pero estamos pendientes de que me llegue la nueva cocina encargada a Miami, porque la vieja ya está a punto de cascar definitivamente y ¿que vamos a hacer con las previsibles visitas a las pescaderías si no podemos cocinar?

Así que la primera excursión la hacemos a Klein Curaçao, la pequeña isla satélite situada a 10 millas al sureste de la principal.

Navegamos una mañana resplandeciente con una brisa moderada que nos hace disfrutar de la navegación a vela.

Alcanzamos la islita en unas horas y previo control por parte de una patrullera guardacostas, fondeamos próximos a la playa de blanca arena, donde ya se encuentran un par de veleros

Mientras la chicas se dan una vuelta por la playa, Carlos, Fermín y yo nos vamos a echar un vistazo a los fondos submarinos, al otro lado de la isla y de paso procurarnos la cena. Pero nos ha decepcionado un poco lo encontrado y de bigotudas, como familiarmente Carlos llama a las langostas, ni rastro, a duras penas nos hemos hecho con unos peces para poner al horno.

Al día siguiente la mar se ha serenado bastante y sopla vientecillo del este, así que en cuanto se levanten todos y desayunemos saldremos para Bonaire.

Izamos mayor y por el norte de Klein salimos hacia Bonaire.

 No hay muchos barcos en las boyas, frente a la ciudad, único lugar donde fondear, ya que echar el ancla está prohibido en toda la isla, nos acercamos a las libres más al este y nos amarramos cerca del bar donde desembarcaremos.

Krinderdijk, la capital, es una pequeña población de casas en su mayoría de madera, también con un marcado estilo holandés, que se reducen a un par de calles, aledañas al muelle marítimo.

La economía de Bonaire se centra principalmente en el turismo y particularmente en el destinado al buceo, por todos lados se ven centros de buceo y escafandrismo, por tanto vamos ha hacer los honoroes y con el nuevo día nos disponemos a visitar esos tan cacareados fondos coralinos.

Armado con mi nueva cámara submarino, recorremos un par de millas en la neumática hasta acceder a Klein Bonaire isla satélite cercana al fondeadero.

Nos amarramos a una boya, pues ni al dinghy dejan echar el ancla y nos sumergimos. En una hora ya está vista la zona y para los que ya llevamos tiempo por el Caribe no nos dice mucho lo visto

Para el siguiente día hemos alquilado un coche, Carlos y Piedi que ya conocen la isla nos animan a pasar por la entrada al parque Washinton national Park, finalmente decidimos que por 10$ persona demos una vuelta.

La verdad que ha merecido bien la pena, el paisaje es curioso, terreno volcánico salpicado de infinidad de cactus, el camino es una pista en bastante mal estado, hacemos varias paradas a fotografiar, iguanas, flamencos, caracaras y algún burro salvaje, que es el animalito símbolo de Bonaire, pasamos por algunas playas de piedras pero hay bastante ola en la parte norte y finalmente llegamos a otra playa, Slagbaai, donde nos damos un baño y nos comemos unas hamburguesas, justo cuando nos ha caído un buen chaparrón.

Acabamos el recorrido largo de 34kms en la misma entrada yendo sin parar hasta Kralendijk.

Un par de días más y regresamos a Curaçao, he de mencionar que en Bonaire ni hemos hecho entrada oficial ni hemos pagado canon alguno por la estancia de cuatro días amarrados a la boya.

A la llegada a nuestro amarre en la Marina Santa Bárbara nos encontramos con Fernado y su tripulación del Rebeca III, con los que nos iremos a cenar, que mañana mismo partirán hacia Colombia.

También tengo la buena noticia de que por fin ha llegado la nueva cocina, sin pérdida de tiempo la instalamos podemos cocinar la primera comida consistente en un sabroso guiso de judías verdes.

La estancia en la marina es desesperante por doble motivo; uno, la ausencia de cualquier servicio y lugar de esparcimiento hostelero y dos, por el ataque despiadado de los mosquitos habitantes de los manglares cercanos, así que enseguida emigramos de nuevo a Klein Curaçao, que nos parece el mejor sitio, habída cuenta de que en Curaçao solo está permitido el fondeo en cuatro plallas de toda la isla y visto como quedó Westpunt mejor vamos a Klein.

Pero la meteo no nos da mucha tregua, al día siguiente una fuerte tormenta nos hace retornar de nuevo a la marina y a la pelea con los mosquitos, de los que nos defendemos a base de insecticida y la mosquitera de mi buen amigo Juanjo, autor de esta misma pagina, al que cualquier día vamos a poner en un cuadro de honor a bordo del Bahía, por el favor tan grande que me hizo con su regalo.

El Rebeca III ya ha partido, quien sabe cuando nos encontraremos de nuevo, buena proa.

 Los días pasan inexorables y ya quedan pocos para que Fermín y Lali hagan las maletas, aprovechamos los últimos para ir a conocer uno de los fondeaderos próximo a la marina el de Fiuk baai, un bonito y recogido lagoon en el que hemos pillado las únicas langostas aceptables, para que nuestros amigos se vayan con el buen sabor de boca de haber degustado la preparación de uno de los platos estrella del Bahía, arroz caldoso de langosta.

Despedimos a Fermín y Lali con una cena en un cercano restaurante portugués que nos ha recomendado nuestra vecina de pantalan, Manuela.

 Ya solos los tres, la estancia en Curaçao no tiene ningún sentido y nos aprestamos a zarpar antes de que se cumpla el mes, por el que habíamos parado la marina, hacemos los trámites aduaneros y de inmigración, nos despedimos de nuestros nuevos amigos americanos Manuela y Sid y nuestro destino Jamaica.

 Primero queremos hacer una visita a Ave de Sotavento, hacemos escala en Bonaire y al día siguiente ponemos proa al pequeño archipiélago venezolano, que me faltaba por conocer.

Tenemos 32 millas por delante con un viento del morro de 20 nudos y la mar está bastante revuelta, hay una marejada incomoda, rayando la fuerte marejada, hacemos 3 o 4 bordos, pero cuando falta la mitad del recorrido para nuestro destino, Carlos me indica que hay agua en el camarote de proa, compruebo que efectivamente entra bastante por el contra-molde sobre todo cuando cabecea el barco.

Recogemos el foque y a motor hacemos rumbo directo las últimas 19 millas, mientras Carlos tiene que ir achicando el agua que se deposita en la balda de estribor.

A tres millas de la islita de Chipi, donde hemos puesto la recalada, nos llaman por radio la patrulla guardacostas de Aves, en principio no logramos comunicarnos y para no tener problemas nos acercamos a la isla sur donde está la base, ya conseguirnos ponernos en comunicación avisando un poco aparatosamente que tenemos una vía de agua de la que desconocemos el origen, al Teniente Fariñas, comandante de la base se pone en alerta y se preparan a ayudarnos, nos indican el camino para fondear en el cayo La Culebra, allí nos dirigimos.

Cuando Carlos abre la tapa del cofre del ancla, nos damos cuenta de que está totalmente anegado de agua, por obstrucción de los desagües, enseguida me asalta el temor de que se ha ahogado el motor del molinete, pero me dice Carlos que funciona, largamos ancla en 5m y achicamos hasta dejarlo sin agua, por radio estamos en contacto con los militares y enseguida vienen a ayudarnos, les damos cuenta del origen de la vía y ya más tranquilos nos dicen que estemos tranquilos, que ya mañana vendrán a hacernos la entrada, le damos mil gracias y nos ponemos a achicar y a sacar todo lo mojado a cubierta para que se seque.

 En Aves permanecemos tres días con una meteorología adversa, así que ponemos fecha para zarpar hacia Jamaica, 650 millas para las que he calculado tardar cuatro días de navegación, sin forzar la marcha a unas 160 millas diarias, ya que viento parece que no va a faltar, así lo predice Eduardo desde Santander, que nos mantiene al corriente de las previsiones.

 El domingo día 28 por la mañana tras despedirnos del teniente Fariñas y la guarnición, ponemos rumbo Noroeste.

En principio la brisa es demasiado suave y nos ayudamos del motor, pero poco a poco la brisa del E se va reforzando y desplegamos el foque a orejas de burro.

Por la tarde el viento rola del ENE al noreste lo que obliga a modificar la maniobra y poco a poco va en aumento, primero un rizo y una hora después el segundo.

La mar con un viento de casi 25 nudos va creciendo y la ola de través se hace bastante incómoda, el piloto de momento gobierna sin problemas.

Para la guardia nocturna prefiero hacerla enteramente yo, quiero que Carlos esté descansado durante el día si las cosas se ponen difíciles. El viento en la noche alcanza los 30 nudos y la mar crece en consecuencia, el piloto no puede evitar que el Bahía se vaya de orzada bastantes veces, aunque retorna a su rumbo, llueve intermiténtemente y los rociones son constantes, una noche infame, siempre bajo el temor de que la vela mayor no aguante los continuos gualdrapeos a que se ve sometida regularmente

Echo de menos no tener puesto el tercer rizo, lo hubiera metido y hubiéramos ido más cómodos, navegamos siempre por encima de los ocho nudos y medio con puntas de 9, demasiado deprisa.

 De madrugada la cosa no cambia demasiado, Carlos me toma el relevo en la guardia, antes de irme a dormir arriamos la mayor, sin problemas, ya solo con el foque la cosa cambia radical, el piloto mantiene perfectamente el rumbo y la velocidad se mantiene a pesar del poco trapo por encima de los siete nudos.

El tiempo ha mejorado y ya apenas ha llovido, la mar se mantiene en fuerte marejada y por la tarde el viento se establece en 20 a 25 nudos, la cosa va más tranquila, comemos lo que podemos, no está la cosa como para cocinar, a bordo se mantiene buen ambiente aunque Piedi anda un poco mareada.

El Martes día 30 de nuevo hago toda la guardia nocturna, aunque ha caído algún chaparrón la cosa ha cambiado mucho con respecto a la noche anterior, el rumbo se ha mantenido constante, ni un solo pitido de aviso de fuera de rumbo, he podido dar alguna cabezada, aunque he tenido que mantener atención porque he visto tres mercantes que nos han pasado por popa, si bien la tranquilidad del AIS es un buen seguro.

Con el nuevo día la meteo ha mejorado mucho el sul luce con alegría, el viento ya no supera los 15 nudos y la mar ha bajado a marejada, nos mantenemos navegando con solo el foque a una velocidad sobre los 5,5 nudos, como vamos con adelanto sobre los planes mantengo el trapo reducido, tenemos previsto llegar el jueves por la mañana, el primer día hicimos 180 millas, 20 más de las previstas y ahora hay que rebajar la media para no arribar en la noche.

Hoy ya hemos cocinado y Piedi se encuentra mucho mejor.

 Tercera noche de guardia, pero ha sido radicalmente distinta, con brisa y la marejada que sigue bajando, el cielo totalmente despejado y estrellado, he disfrutado de la navegación nocturna, he dormido a ratos y me he reencontrado con la navegación en solitario.

Ya quedan pocas millas y la moral a bordo, que a penas había decaído ha subido mucho, ante la próxima arribada. Disfrutamos de nuevo con todo el velamen al viento y la cocina funciona a pleno rendimiento.

La última noche varío el sistema de guardia, la haremos entre los dos y a Piedi dejarla dormir, quiero mantenerme despejado durante la arribada prevista para la madrugada.

 Sin contratiempo y a la hora prevista hacemos entrada en la Errol Flynn Marine de Port Antonio, una pequeña, resguardada y coqueta marina que nos da un caluroso recibimiento en el día de mi cumpleaños 2 de diciembre.

El primer contacto con Jamaica ha sido muy agradable, pronto salimos a dar una vuelta por el pueblo para descubrir la auténtica Jamaica, la del pueblo del reegey, los rastafaris y los colgados.

Alquilamos un coche para visitar la capital Kingston Tres horas para recorrer los poco mas de cien kilómetros hasta la capital, por una carretera que como digo es un cumplido llamarla como tal, baches agujeros, socabones y simas jalonan la vía a cada momento, ya en la capital intentamos encontrar un restaurante donde comer y después de perdernos hacia las afueras de la ciudad por una autopista de peaje regresamos y ha sido misión imposible, pasamos por un mercado al más puro estilo africano y decidimos en vista de lo tarde que se está haciendo hacer camino de regreso por el mismo sitio y buscar algo en la misma carretera, con Carlos al volante y yo con el mapa en la mano, para no volver a perdernos, ni un sitio hemos visto donde comer, solo lugares que venden comida para llevar, todo muy cutre y sucio, una auténtica decepción.

Al final no hay mas remedio que meternos en un cutre fast food chino y meternos al estómago uno de sus platos.

La vuelta a Port Antonio, la misma odisea pero por el otro carril, total, casi ocho horas al volante para no ver más que baches en la carretera, que discurre, eso si, junto al mar en medio de una exuberante vegetación que no deja ver nada.

El domingo hemos tenido la suerte de conocer a unos cubanos con los que hemos pasado un fenomenal día de historias sobre Cuba y los cubanos y que bien viene para ir haciéndonos una idea de lo que nos encontraremos en un par de días....

 

 

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