ver fotos

 

ROQUES UN MUNDO POR DESCUBRIR

 

2010/10/22 Viernes

 

   Sin más contratiempos que un pequeño retraso en el vuelo desde caracas, veo aparecer a mi amiga Begoña en la terminal aeroportuaria con ese aire medio despistado arrastrando una enorme maleta rígida que bien podría servir de balsa salvavidas, cuando caigo en la cuenta de mi error por no avisar de que un barco no es un cómodo hotel estival donde cabe todo, aunque tampoco es que tengamos problemas de espacio para los dos.

Con la llegada de Begoña no podía resistirme a dejar Venezuela sin visitar el delta del Orinoco y a ella la ha encantado la excursión de tres días que he programado.

Tras un anodino viaje en coche por las llanuras del oriente venezolano, sembradas de pozos petrolíferos, arribamos a San Juan de Puja donde nos recogen en canoa motorizada para llevarnos al hotel-campamento donde tendremos nuestra base.
Si en Roques el cromatismo eran los tonos azules, aquí, el verde es universal y la selva de galería, surcada por los brazos del río, es adentrarse en el “primitivo” mundo de los indios waraos.
La palabra “warao” significa “hombre de la canoa” y como tal es un pueblo que ha vivido ancestralmente ligado al mundo fluvial del delta del Orinoco.

Tres días que hemos disfrutado de una naturaleza bien diferente, a lo que nos encontraremos en Roques, e incluso hemos navegado en “curiara” la típica canoa indígena fabricada a partir de un tronco de arbol.

Para Begoña esta va a ser su primera navegación de altura, está ilusionada por las sensaciones que espera percibir.

No ha defraudado el viento, una navegación casi perfecta, ocho horas para cubrir las algo más de cincuenta millas hasta Tortuga, la limpieza del casco se nota una barbaridad y da gusto navegar ligeros.

La navegación ha sido genial, ni mareos, ni miedos, ni fantasmas que suelen aparecer en las primeras navegaciones, conozco a mi amiga desde hace muchos años, pero ha sido toda una sorpresa para una navegante novel.

Arribamos a playa Caldera, en punta Delgada, lugar bien conocido para el Bahía, largamos ancla bastante más cerca de la playa que en la anterior ocasión, hoy solo estamos tres veleros y un par de peñeros locales, enseguida desembarcamos para ir a visitar al amigo Moncho en su ranchito.

Nos recibe con alegría y nos pone al día de las últimas novedades y la más importante es que se ha echado novia este verano y tan fuerte ha sido el flechazo que en unos día se viene a vivir a Tortuga. Le felicitamos por el acontecimiento y para el día siguiente quedamos en acompañarle a una excursión pesquera, me pide que lleve el fusil submarino.

Por la tarde vemos llegar al fondeadero al Adelante, un velero francés, con el que hemos hecho amistad en Puerto la Cruz, Manolo y Pascale, con sus dos niñitos pequeños.

No tan temprano como habíamos quedado, viene a buscarnos con un amigo en su peñero, se conoce prácticamente cada piedra del lugar, después de un vistazo en el primer sitio, sin apenas rendimiento nos lleva a otro en el que asegura hay buenos pargos que cazar, mientras él se dedica a capturar langostas a lazo, todo un arte que requiere mucha práctica.

Tal como me había anunciado, la oferta de pargos ha sido fructífera y aunque él no ha quedado satisfecho con sus capturas volvemos a playa Caldera con media docena de crustáceos y unos cuantos peces.

Invitamos a nuestros amigos franceses a una paella a bordo del Bahía, cosa que aceptan encantados.

No dejamos Tortuga sin antes pasar por las islitas de Palanquines y Tortuguillos, pero esta vez la meteo no es tan benigna y hemos de trasladarnos a la costa de Tortuga en la playa de Tamarindo, para desde allí salir hacia Roques

Con viento sur suave, al atardecer, ponemos proa a Roques, Bego está impaciente por navegar de nuevo a mar abierto.

No había visto a nadie llorar de emoción y expresar sus emociones con tanta vehemencia, ante una puesta de sol, navegando plácidamente con las velas desplegadas, en la mar calma, realmente me ha conmovido y aprecio aún más el momento, realmente como decía anteriormente, mi amiga está descubriendo la auténtica pasión por el mar.

Si en las primeras horas de la noche, la brisa sur y una luna casi en su plenitud presagiaban una plácida y agradable navegación, la cosa cambia radical a partir de la media noche, negros nubarrones se ciernen por doquier, rayos y truenos en sinfonía continua, asustan la brisa y las velas dejan de impulsarnos. Doy marcha al motor y a esperar que ninguna de las aparatosas tormentas nos intimiden demasiado.

Pero por fortuna esta noche Neptuno ha sido benévolo y de las seis tormentas que nos han rodeado ninguna se ha acercado a menos de tres millas.

Me ha maravillado que cuando al amanecer he despertado a mi tripulante, para que viera amanecer, ésta haya dormido plácidamente y ni los truenos la han perturbado.

Con la salida del sol se levanta una brisa de popa, aparejo el barco al nuevo viento y a navegar las últimas millas a todo trapo, aunque en el horizonte ya diviso la línea de manglares del sur de Roques.

Aún está bajo el sol cuando arrío velas a una milla de la boca de Sebastopol, en otro momento hubiera esperado a tener mejor visibilidad para penetrar en la barrera de arrecifes, pero conozco bien el lugar y no tengo ninguna duda, así que entramos en otro mundo de aguas cristalinas y tranquilas como las de una piscina, sé muy bien donde fondear y largamos el ancla en la protección del propio arrecife.

Begoña me da un beso llena de felicidad y las gracias por haberla permitido vivir esta primera experiencia, me pide que sigamos navegando, quiere continuar esa sensación recien descubierta, no me lo pienso dos veces y la digo de ir a Aves antes de recalar definitivamente en Roques sería una buena opción, se muestra entusiasmada, así que el plan está hecho para la próxima semana.

Desayunamos y nos preparamos para zambullirnos entre los corales cercanos a la boca de Sebastopol. Da gusto nadar en aguas tan claras rodeados de todo tipo de peces que no se asustan demasiado.

A medio día llegan al fondeadero nuestros amigos franceses del Adelante, desconocen la zona y salimos con el dinghy a facilitarles la entrada por la boca, fondean cerca nuestro y les contamos nuestros planes de continuar a Aves, ellos se quedarán por allí tranquilamente y nos encontraremos a nuestro regreso.

Al día siguiente temprano, izamos velas y por el sur de Roques navegamos casi veinte millas hasta dos Mosquises, a Bego la encantan las tortugas, así que visitamos el centro para su protección que allí existe, fotos y más fotos, lo fotografía todo.

Noche tranquila y nada más amanecer, rumbo a Aves. El viento nos favorece y sin dudarlo saco el spi de su funda, espero que no esté demasiado enmohecido, tanto tiempo sin izarlo se me hace raro, pero no, se encuentra en perfecto estado cuando se despliega, que sensaciones más placenteras me provoca su poder, el GPS marca dos nudos más.

Begoña intenta llevar la caña con él, pero todavía ha de practicar mucho con las velas normales para no causar un desaguisado.

Todo no puede ser perfecto y a medio camino de Aves hemos de arriar, una tormenta muy negra se aproxima por popa, nos preparamos para un buen remojón y aunque no ha sido muy aparatoso nos ha quitado el salitre y de traer el viento por la popa nos lo ha puesto casi de morro, a cazar velas y a ceñir, que aunque como dice el dicho popular, no sea de caballeros, nos lleva a nuestro objetivo.

Penetramos en el pequeño archipiélago que forman Ave de barlovento, una isla estrecha como de una milla al sur y luego varios islotes, algunos con vegetación, diseminados en un radio de un par de millas.

Fondeamos en la isla sur cerca de un gran manglar donde anidan infinidad de aves, nos acercamos con con cautela en la neumática para fotografiar y comprobar que por algo se llaman Aves estas islas, las hay cientos y son tan confiadas que podemos acercarnos a menos de dos metros de ellas.

Pero también hay mosquitos a mansalva así que montamos la mosquitera qe me regaló Juanjo y al día siguiente cambiamos de fondeadero, alejándonos de los manglares y buscando solo la protección de la barrera de arrecifes, que detiene el oleaje del este.

La decisión ha sido acertada, además de alejarnos de los mosquitos estamos más cerca de buenas zonas de buceo y pesca. En total pasamos cuatro días, cambiando cada uno de lugar en busca de nuevos horizontes submarinos.

Para el regreso a Roques, el amigo Eduardo desde Santander, nos anuncia vía Iridium, vientos flojos del este,

Salimos bien de mañana, por el lado norte de Ave. Las primeras millas navegamos con soltura pero poco a poco nuevas tormentas tapan ese poco viento y al final no hay más remedio que empujar a motor para llegar a una hora prudencial a las islas más al oeste de Roques, Cayo Agua.

Con el sol alto entramos por el lado sur, estas tres islas en forma de atolón son un remanso de paz y soledad, en el que Begoña que no le teme a nada, fotografía el entorno desde la perilla del mástil, donde no sabía que se podía subir, para descubrir nuevas perspectivas.

Largos paseos por las playas desiertas al atardecer, visitas a todos los arrecifes de la zona y degustación de la buena cocina del Bahía, son los principales quehaceres diarios.

Dos días después cambiamos de fondeadero yéndonos a la isla del norte, esta tiene poco fondo en sus alrededores pero no nos importa estar alejados de la playa, además en estos arenales hay infinidad de grandes estrellas de mar y muchos botutos.

Cojo un par de ellas para que Bego las fotografíe de cerca y probamos las supuestas excelencias de la carne del botuto, esa caracola gigante, que abunda por estas islas y que su pesca hace años se ha restringido, aunque se siguen cogiendo indiscriminadamente por los lugareños.

Nosotros con una tenemos bastante, su carne, lejanamente parecida a la del pulpo, no nos anima a exterminarlos.

También visitamos el arrecife que descubrí anteriormente, donde hay buena pesca pero esta vez, una banda de media docena de grandes barracudas, demasiado curiosas, han hecho que nos batamos en retirada.

Continuamos la navegación hacia levante, pasamos por la larga isla de carenero, no nos detenemos más que un momento, ni hemos arriado velas porque sus manglares son una “factoría” de mosquitos y nos dirigimos a Sarqui, donde nos esperan el Adelante y el Nuage.

Otro par de días de relajada estancia, sin visitas inoportunas de las fastidiosas motoras, donde pescamos y disfrutamos de coloristas fondos, amén de algunos platos con langostas, que en Ave y Cayo Agua no ser dieron demasiado bien.

Siguiente escala en Noronqui, en cuya laguna he de entrar a ojo avizor , porque se ha perdido la ruta que tenía trazada en el GPS, pero he entrado infinidad de veces en lo que llevo de verano y no hay dificultades.

De aquí saltamos a la vecina isla de Crasqui, pero llevamos unos días con mar de fondo del norte y el fondeadero es incómodo, así que seguimos hasta Agustín, sorteando con cuidado el largo arrecife que bordea la isla por el oeste.

Largamos el ancla en la bahía cerca de la pequeña comunidad de pescadores y aunque es medio día ya tenemos visita de los inefables mosquitos. Montamos a toda prisa la mosquitera y desembarcamos para hacer una visita a Polito, el primo de Moncho, por fin damos con él, personaje de características similares a nuestro amigo.

Nos indica buenos lugares de buceo y pesca de langostas, aunque en una de nuestras excursiones, hemos dado con su vivero clandestino, sin saber que una simple bolsa de arpillera depositada entre los corales, con dos buenas langostas en su interior eran suyas. Y nosotros pensando que estaban perdidas...

Aunque llevo más de tres meses en Roques, no me canso de disfrutar y descubrir nuevos lugares aún más preciosistas que los anteriores, verdaderos jardines submarinos, como el del lado Este de la isla Agustín, que ha dejado pequeño todo lo que anteriormente había visto. Una vasta extensión de petreos corales cuerno de alce, esféricos cabezos de coral cerebro y majestuosas catedrales blancas, de un coral del cual desconozco su nombre.

Begoña no para en animarme a ir aquí y allá, a veces sale del agua tiritando, que aunque sea cálida, demasiado tiempo en ella, hace bajar la temperatura corporal y ella es friolera.

Cada vez somos más parte del medio submarino, prolongando las apneas más allá de lo que nunca hubiera pensado, eso nos convierte en cazadores más eficaces y a las indefensas langostas ya no las arponeamos, ahora es más interesante cazarlas vivas a lazo.

Al principio es complicado, pero como la perseverancia es la madre de todas las ciencias y esta es una más, nos estamos doctorando en ella.

Practicamos cazándolas y devolviéndolas la libertad, a Begoña eso la satisface enormemente, solo de vez en cuando, sacrificamos alguna en aras de una buena caldereta, que para nada me gusta matar por matar, pero nuestra dieta es principalmente productos de la pescadería que tenemos bajo el barco.

De nuevo huimos de la pertinaz plaga de mosquitos que en esta época pueblan las islas donde hay manglares, menos mal que las mosquiteras hacen bien su trabajo, y a diario nos acordamos de mi buen amigo Juanjo, pero no es agradable vivir a bordo bajo un velo cual si fuésemos fantasmas, así que buscamos zonas libres de los zancudos.

Tras un fugaz paso por la civilización de Gran Roque, donde avituallarnos de algunas provisiones que escasean a bordo, nos internamos entre el dédalo de bajíos del Bajo de la Cabecera, un extenso arrecife coralino a ras de agua que protege de la marejada, todo el este de Roques.

La navegación en esa zona, sin ser complicada, hay que tomársela con cautela, y con el sol en alto para ver de lejos los tonos turquesas de los bajos fondos o los marrones de los arrecifes coralinos, sumergidos a flor de agua.

Desde luego, largar el ancla en semejante paraje, es como estar parados en medio del mar, con el agua mansa de una piscina, sin tierra firme en muchas millas a la redonda, es una experiencia inolvidable en la que sobre todo, las charlas al atardecer son un placer y que decir de la pesca, a nada que nos movemos un poco con la neumática entre los arrecifes cercanos tenemos todo lo que podamos desear, solo hay que ir con la lista de la compra, como en la pescadería.

El lugar elegido próximo a la Boca del Medio, es una pequeña laguna en medio de los arrecifes, donde hemos largado los cincuenta metros de cadena para evitar desagradables sorpresas si una de las habituales tormentas nos trajera viento en exceso.

Al principio cuando fondeas en lugares como este, aparentemente desprotegidos nada más que de la ola, se hacer raro, pero cuando le coges el gusto a la seguridad, es un auténtico goce, sin turistas, sin mosquitos, sin nadie que moleste la pausada vida que llevamos a bordo.

Así se nos pasan los días sin casi enterarnos, al final de la tarde tenemos el mismo comentario, qué rápido pasa el día. Begoña, una lectora ávida, se trajo una amplia biblioteca para disfrutar de su pasatiempo favorito, en un mes, apenas tiene recién terminada la lectura la primera de sus novelas. Pero el tiempo se acaba para ella, ya tenemos fecha, con un buen parte meteorológico para mediados de Octubre, navegar hasta Puerto la Cruz, de donde regresará de nuevo a Bilbao.

Hacemos de nuevo los tramites legales para abandonar Roques bien despachados y acometemos la navegación hasta puerto de una sola singladura.

Magnífica la travesía con viento casi toda ella, pero las alegrías ya no son las mismas como días atrás, en el ambiente flota una neblina de nostalgia por el tiempo vivido y lo realmente bien que lo hemos pasado, pero por el momento esta etapa se acabó.

Pero para Bego la adquisición de un bagaje de amplia experiencia náutica y un sin fin de buenos recuerdos, a buen seguro que darán para pensar en su rutinaria vida ciudadana, en la existencia de nuevos conceptos existenciales.

 

   inicio  anterior