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VENEZUELA

 2010/06/30 Miércoles

 Nos despedimos de Grenada y de Daniel, el amigo granadino que hemos hecho, nos llevamos, a demás de una nueva neumática semi-rígida, de suelo de aluminio, el recuerdo de una isla amable y bonita, donde nos han tratado muy bien y a la que espero volver, en la primera ocasión que tenga.

Un lunes de mañana, hacemos los papeles de salida en el mismo Prickli bay y salimos hacia San George's, el cálculo de llegada a Venezuela a media mañana, nos obliga a partir de Grenada a media noche, por tanto, aprovechamos ir a la capital, a esperar, hacer las últimas compras en el supermercado y agotar la poca moneda local que nos queda.

Aprovecho el buen fondeadero en aguas limpias, para dar un repasito a la fauna y flora que con rapidez se adhiere al casco.

Salimos del fondeadero poco antes de media noche, cielo estrellado y con apenas una rayita de la luna, en su fase de creciente. Ausencia total de viento, navegamos a motor casi cuatro horas, hasta que considero que el Bahía con la brisa que ya hace media hora ha comenzado a soplar tímidamente, es capaz de navegar por encima de los cuatro nudos.

Abro la vela mayor, despliego el foque y detengo el motor. Son casi las tres de la mañana y el silencio, solo roto por el murmullo del agua en las amuras, me transporta a ese estado de relajación que solo se suele sentir cuando se está realmente a gusto.

Algo menos de media milla por detrás, veo con el ojo electrónico del AIS a mis amigos del Cap's III, que navegan sin luces, ahora poco a poco acercándose. Nos mantenemos en comunicación vía radio, informándonos con regularidad de que todo va bien en nuestros barcos.

De vez en cuando hecho una cabezada, a penas tengo sueño, he dormido mucho en Grenada, además no es necesario que vigile con demasiada intensidad en la oscuridad; mercantes no hay ninguno que se cruce con nuestra derrota en sesenta millas a la redonda, como testifica el AIS y en el barco de mis amigos, se que vigilan por turnos con bastante atención, así que el piloto del Bahía se encarga de llevar el rumbo con precisión.

La salida del sol ha sido espectacular, como si fuera una explosión atómica, la fuerte luminosidad, reflejada en las nubes estratificadas

No había visto ningún amanecer parecido.

Pronto diviso en el horizonte, a casi cuarenta millas de distancia, la más grande de la isla de Los Testigos y poco a poco van apareciendo algunas otras, nuestro rumbo nos lleva a pasar a diecisiete millas, consideramos que se encuentran dentro de la zona peligrosa, así que nos limitamos a visitarlas en la distancia.

Al atardecer, aparece Margarita por la proa, aunque también la daremos el mismo margen de distancia, que a los Testigos y la rodearemos por el norte

El momento más delicado de toda la navegación, ha coincidido con el cambio de rumbo rodeando Margarita, a las dos de la mañana, a demás de deshacer la maniobra del tangón y pasar el foque a la banda de estribor, unas millas más adelante se ha interpuesto en nuestra derrota, un grupo de pesqueros faenando, era necesario tomar una decisión, dejarlos por estribor o por babor, sin pensarlo mucho elegimos dejarlos por estribor, con el consiguiente acercamiento a Margarita, pero pienso que es lo más acertado y más a esas horas de la noche, acortar el recorrido, ganando unas millas.

De madrugada bonita navegación con el viento de través hasta su desaparición y lo peor de la travesía tres horas a motor, bajo una canícula inclemente, solo aliviada por una refrescante ducha en la bañera.

Poco antes de medio día ya tenemos por la proa las islas de la Borracha y la Chimana grande, entre las cuales hemos de pasar, pera entrar en la gran bahía de Pozuelos.

En Marina Bahía Redonda, cuando he llamado por radio, ya estaban avisados de nuestra llegada y ha sido agradable ser recibidos a pie de pantalan por el director de la marina y uno de los dueños, todo un detalle, que viene a cuento de una buena atención al cliente, dada la escasa afluencia de navegantes, no se si por la crisis o por la sicosis creada entre el mundillo de navegantes, al correr de boca en boca, la inseguridad en las costas venezolanas, quizás ambas cosas tengan algo que ver.

Los días siguientes a nuestra llegada, son jornadas de ubicación, conocemos a José Brotons, un jubilado ispano-francés, al frente de una agencia que se encarga de todo el papeleo de entrada en el país, así como del cambio de moneda y de todo lo que necesitemos, un hombre fenomenal, con el que acabamos entablando una buena amistad.

Recorremos las zonas comerciales de esta gigantesca urbanización lacustre, una visita al centro de Puerto la Cruz y pronto comprobamos la existencia de dos mundos en paralelo, el rico y el pobre, bien diferenciados a escasos metros el uno del otro.

Nuestra vida discurre un poco a caballo entre los dos, visitas al centro comercial de Plaza Mayor, donde nos avituallaremos en la mayor medida y salidas de la marina a tomarnos unas cervecitas en la zona de pescadores, aledaña a Bahía Redonda, dentro de la zona roja, incluso compramos pescado en el mercado del lugar, pero en la cual, no hemos percibido en ningún momento, el mínimo atisbo de inseguridad, más bien es en la noche, cuando las alimañas salen de sus madrigueras.

Mis amigos del Cap's III han tomado una excursión de tres días al delta del Orinoco, yo prefiero no ir, no puedo dejar tanto tiempo a Rufino solo, además no tengo especial interés en alejarme del ambiente náutico.

Rufino se siente a sus anchas en la marina, me ha costado unas buenas broncas, enseñarle que los gatos de este lugar son amigos y no se ponga a perseguirlos, me sorprende la mansedumbre de todos ellos, de hecho algunos se dejan, incluso, acercar para que Rufino los olisquee.

Coincide nuestra estancia en Puerto la Cruz, con la disputa de los mundiales de fútbol en Sudáfrica, vemos algunos partidos en la televisión de la agencia de José, ya que es un forofo aficionado a nuestra selección y aunque yo paso un poco del balompie, lo pasamos bien en esos momentos.

Joakin e Iñaki llegan a Puerto la Cruz en el tiempo previsto, les recojo en el aeropuerto de Barcelona y tal como imaginaba, cuando se han enterado del viajecito de la pareja, les ha faltado tiempo para organizarse ellos en ir a visitar la selva del Orinoco, cosa que me ha venido bien, porque desde que han llegado, mis quehaceres diarios se han ido posponiendo, así tengo tiempo, sin distracciones, de preparar el barco para la partida, en cuanto lleguen de la gira; hacer las últimas compras, repostar de gasoil, que aquí es casi tan barato como el agua, y dejar cerrado el compromiso de varada del Bahía las Islas, para limpiar y pintar el casco sumergido, cuando regrese en Agosto a Puerto la Cruz

 

   
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