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RUMBO A LAS GRANADINAS Y GRENADA

 
2010/06/03 Jue

 
   La llegada de Carlos ha alterado un poco mi ritmo vital, de lo cual me alegro, el reencuentro de dos buenos amigos es suficiente para que todo lo demás sea secundario.

Sin demora partimos hacia las Granadinas, a mi nuevo tripulante le parece muy bien lo que decida en cuanto a la navegación, le he propuesto pasar de largo Santa Lucía y San Vicente, para recalar directamente en Bequia, donde esperan nuestros amigos del Cap's III.

Allí ponemos rumbo, son casi cien millas, pero Carlos viene con hambre de navegación y le parece de maravilla la propuesta.

El viento de 15 nudos y la corriente hacia el oeste es fuerte, navegamos rápido, no hay demasiada ola.

Pasamos como a dos millas de Marigot, y nos acercamos a los Pitones, ganamos un poco barlovento y siguiente salto a San Vicente, la navegación es una gozada, nos alternamos a la caña, únicamente nos frena las corrientes en contra, aunque otras veces es a favor, generalmente en los sures de las islas, a ratos hemos de meter un rizo y poco después quitarlo.

Llegando a San Vicente se hace de noche, al pasar frente a Wallilabou, ya es noche cerrada, vamos siguiendo los waypoints que he marcado en el GPS y la marcha se está cumpliendo para arribar a Bequia sobre las 11 de la noche.

A la entrada de Port Elyzabhet ya hablo con Jose, indicándome donde están situados, largamos el ancla junto a ellos y poco después los tenemos a bordo, charlamos un rato, cenamos y a dormir

 

Con el nuevo día bajamos a tierra, para hacer la entrada oficial, me acompaña Virgi, pero los trámites son sencillos y sin complicaciones.

Aquí piden si llevas animales de compañía, desde luego no declaro a Rufino y vuelve a se ilegal. El día hoy está bastante desapacible, ventoso y lluvioso, pero el calor sigue siendo caribeño, nos tomamos unas cervezas en el New York, el bareto que estuvimos con Joaquin, Aitor y Guiller y que nos cayó muy bien su dueño.

 

Pasamos el tiempo entre paseos y baños, Carlos se ha ido a echar un vistazo a los roquedales del fondo de la playa, a su vuelta, le propongo que vayamos al cabo de punta Peter en la salida de la bahía, cogemos el equipo y el fusil submarino, fondeamos la neumática junto a una playita en el mismo cabo, que se llama Rocky bay, nos vamos cada uno por un sitio a echar un vistazo, cuando Carlos me llama que traiga el fusil, que ha visto un par de langostas.

Ya veo que su estancia en los Roques de Venezuela supo aprovecharla bien, enseguida ha localizado los crustáceos bajo una roca un par de disparos fallidos y se encasquilla el fusil, volvemos al barco a cambiar por el otro de reserva, regresamos a la roca y allí están los bichos.

Esta vez soy yo quien intenta cazar y al segundo disparo ¡¡bingo!! mi primera langosta, pero es poco para los cuatro, localizo la segunda y a la primera, la ensarto.

Contentos con las capturas y sobre todo con la experiencia adquirida, volvemos al barco, relamiendonos del arrocito con langosta que tendremos hoy para comer.

 

Los dos días en Bequia se nos hace a poco, pero hemos de continuar hacia los Cayos de Tobago, la previsión es buena para todo el día y viento de flojo a moderado, rumbo al waypoint que he puesto en Canouan, 17 millas con el viento de 10 a 12 nudos, un poco por la aleta, navegamos con una corriente en contra de un nudo, pero vamos rápido y más cuando quito el rizo que llevaba en la mayor.

Entramos en el fondeadero de Canouan, hay muy pocos barcos, largamos el ancla, preparo el dingui, recogemos a Jose y Virgi y desembarcamos en el muelle de un hotel junto a la playa, para dar una vuelta por el pueblo, nada más abandonar el recinto hotelero, oimos cantar gospell y enseguida nos encontramos con la misa dominical, que se celebra en una explanada al aire libre, donde casi todo el pueblo parece que está reunido, ha sido un acierto pasar por aquí, aunque solo damos una vuelta y volvemos a comer al Cap's III.

Hasta los Cayos, solo son cinco millas, el día sigue bueno. Entramos por el paso norte, el normal, penetramos en el canal, junto a Petit Bateau, que no hay ni un solo barco fondeado y echamos un vistazo al fondeadero de Baradal, en el que si hay unos cuantos, pero ni comparación de cuando llegamos a finales de Enero.

Me gusta más fondear en el canal, se lo digo a Jose, volvemos y largamos el ancla donde queremos. Enseguida vamos nadando a dar una vuelta por la playa de Petit Bateau, da gusto la tranquilidad que se respira, sin tanto charterista como en temporada alta.

Carlos se va a dar una vuelta por unos arrecifes y al regreso ya me dice que por la mañana hay que ir a por material, que ha visto peces y alguna langosta.

 

A las seis de la mañana, preparamos los equipos y vamos al arrecife, hay poca visibilidad y bastante marejada, enseguida localizamos un par de langostas, una ya de un tamaño considerable, las tiramos, pero es muy difícil posicionarte, porque la marejada te mueve mucho y no se puede apuntar, pero al menos conseguimos arponear cuatro peces rojos, dos cada uno, que nos van a dar una alegría en la comida de hoy.

Volvemos un poco frustrados al barco, peleando contra una corriente considerable, tanta que Carlos se le han subido los gemelos y se ha tenido que agarrar a la cadena del Cap's y yo ir a buscarlo con la neumática.

Comemos los cuatro, los peces rojos al horno que nos han sabido a gloria.

 

Con el nuevo día, nos preparamos para, como decimos familiarmente, ir a la pescadería, Jose nos trae su fusil submarino, ya que yo tengo averiado el segundo, así hoy nos distribuiremos el trabajo, Carlos se dedicará a los peces y yo a los crustáceos.

Salimos hacia el arrecife del norte de Petit Rameau, sin perdida de tiempo vamos cada uno a lo nuestro, yo busco los corales cuerno de alce, son los únicos en los que he encontrado langostas. Después de mucho buscar al final encuentro uno aislado, miro y veo tres langostas juntas y con facilidad de disparo, me preparo con tranquilidad, apunto a la más grande y la ensarto a la primera, las otras dos ni se han enterado así que una tras otra las tres al saco.

Considero que ya es suficiente con las tres para hacer la caldereta de langosta y vuelvo poco a poco hacia la neumática, de camino arponeo tres peces, no vaya a ser que Carlos no haya tenido suerte y nos quedemos sin pescado para hacer el caldo, además así practico para cuando la pesca, sea la base de nuestra alimentación.

Carlos también ha arponeado varios peces, pequeños meros en su mayoría, satisfechos volvemos para el barco.

Luego de capar las langostas y limpiar el pescado, nos vamos con Jose y Virginia a Baradal, a ver las iguanas corretear libres por la isla y en su acotada playa hay gran cantidad de tortugas, ha sido una de las más agradables sensaciones poder nadar junto a ellas, tan cerca que incluso se las llega a tocar, he podido fotografiarlas con la camarita submarina de usar y tirar,

De regreso a bordo preparamos el material para la caldereta, utilizo una receta de un librito, no me gusta mucho ese sistema, pero por una vez voy a seguirla paso a paso.

Al final el resultado, sin ser espectacular, ha estado rico, pero quizás las langostas al ser pequeñas, para cuatro, han sido un poco escasas.

 

Pensaba pasar antes de marchar por la pescadería de Petit Bateau, pero he pensado que debemos dejar a las langostas tranquilas, que crezcan y críen, así que nos preparamos para zarpar, rumbo a Union, el objetivo es fondear en Chatham bay.

A la llegada a esta gran bahía me he llevado una pequeña decepción, ya que la recordaba virgen y en cuatro años ha cambiado bastante, en la playa se ven varios chiringuitos, incluso lo que parece ser un pequeño resort, además hay bastantes barcos, aunque no estamos cerca los unos de los otros.

Al menos en este lugar Rufino dispone de una larga playa donde corretear, pero los perros del lugar, enseguida marcan su territorio para mantenerlo libre de intrusos y al final he tenido que sacar al pobre Rufino en volandas, para que no tenga un percance.

 

Desde la capital de la isla Clifton hacemos la salida hacia Carriacou, que pertenece a Grenada, nuevos papeleos y tras recorrer poco más de siete millas, ya tenemos que de nuevo pasar por la burocracia en otro de estos países bananeros.

Una vez legales, Rufino sigue en su papel de ilegal, damos una vueltecilla por la capital de la isla Hillsborough, no hay mucho que ver, aunque enseguida localizamos un buen bareto en el qe ponernos a la sombra y tomar una cerveza bien fría.

En este fondeadero apenas hay barcos y de ha dado la paradoja que los tres únicos somos españoles con diferentes banderas, la española del nuestro, la inglesa del Cap's y la suiza del Jomay, un Ovni 45 tripulado por una pareja española residente en Suiza, con ellos pasamos unos buenos ratos, los dos días que hemos permanecido en Hillsborough.

Antes de abandonar Carriacou, pasamos por la bahía de Tyrrel, al sur de la isla, donde hay bastantes más barcos, pero no nos ha gustado nada.

 

Nueva navegación esta hasta Grenada, cuarenta millas, esta noche ha soplado más fuerte de lo habitual, así que navegamos un poco más conservadores, haciendo un rumbo por barlovento de las islas Ronde, para evitar pasar cerca del volcan sumergido Kicken Jenny, del que no sabemos como anda de actividad y al que todas las cartas obligan a darle un resguardo adecuado.

De paso nos hemos estrenado con el curricán, hemos pillado una barracuda pequeña, de tres kilos de peso, que nos ha alegrado el día, más de lo que ya lo teníamos, porque la navegada ha sido toda una gozada, aunque a sotavento de Grenada la inestabilidad del viento ha hecho que pongamos toda la atención para hacer avanzar al Bahía y bien que lo hemos conseguido, arribando a medio día al fondeadero de San George's, la capital del país, sin arrancar el motor.

Primeramente hemos de localizar una agencia para que Carlos consiga un billete de vuelta a Martinica, al final vamos al aeropuerto y allí lo compra directamente, también hemos alquilado un coche para tres días, así poder llevarle a que coja el vuelo, a la intempestiva hora de las seis de la mañana.

También hemos decidido de entrar al náutico, elegimos el viejo del Grenada Yachs Club, porque, a demás de ser más barato, por dos días nos regalan uno más, además ya estábamos utilizando su parking para dejar el coche

 

Aprovechando que estamos motorizados, los cuatro nos hemos ido a recorrer el interior de la isla, nos ha gustado su exuberante vegetación, visitamos Grenville, la segunda población de la isla y el parque de las siete cascadas, un paseo medio selvático acompañados de un guía, en el que nos hemos dado un buen baño en una de las cascadas.

 

La Ciudad de San George's es bastante populosa, buen ambiente y nada agobiante para nosotros durante la semana, porque los días festivos se convierte en ciudad fantasma.

Con la marcha de Carlos, que me ha despedido invitándome a una cena en un buen restaurante isleño, he vuelto a mi estado de semi soledad, aunque con Jose y Virginia seguimos juntos, pasamos muchas horas en nuestros barcos dedicados a nuestros quehaceres, que en mi caso no son pocos.

 

Sin nada más que hacer en la capital nos vamos los dos barcos a la parte sur de la isla, primero a Pricklin bay, donde hay un gran varadero y una completa tienda de pertrechos náuticos, Budget, donde estoy gestionando la compra de otra neumática de suelo de aluminio, más segura que la que llevo, de cara a las navegaciones por los arrecifes.

En pricklin permanecemos un día, a la mañana siguiente partimos hacia otra de las calas recomendables, la de David's bay, ocho millas de navegación contra viento y marea que hago a motor.

Esta bahia también tiene un gran varadero donde la gente deja sus barcos en tierra para pasar en sus países la temporada de los huracanes. Nosotros aprovechamos las boyas libres y como nadie viene a cobrarnos al final nos quedamos tres días, a pesar del calor, los mosquitos y las aguas un poco oscuras, debido a los manglares de sus orillas.

Pero hay una buena pescadería en el arrecife de entrada, así que no falta pescadito fresco en la mesa.

 

Con la llegada a Grenada pongo fin a la segunda etapa de mi viaje caribeño, cuatro meses en los que he disfrutado de la navegación, de bonitos lugares y de gente encantadora.

También ha habido momentos no tan buenos, pero esos mejor olvidarlos, aunque de todo ha de haber.

De aquí en adelante iniciamos la singladura hacia las islas de Venezuela, con sus historias de piraterías, que últimamente parece que traen de cabeza a los navegantes con los que hablamos.

En el próximo capítulo os contaré de ello.

   
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