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ANTIGUA

 
2010/04/18 Domingo

 
A la luz del día, el lugar en el que hemos fondeado, Morris bay, tiene buena pinta, una playa con un hotel a un lado, me doy un baño matinal y ordeno las pocas cosas que ayer quedaron fuera de su sitio, haciendo tiempo a que en el Cap's III se pongan en marcha.

A las ocho y media levanto el ancla y salgo a vela como siempre que tengo espacio, hay viento, rápidamente gano distancia para dirigirme en un principio a Englis bay, donde haremos la entrada de aduanas.

A la altura de Falmouth bay, en una conversación con Jose, de entrar en una u otra bahía, oímos por la emisora otra voz en español, diciendo que es mejor en la primera, cuando me intereso por quien habla, me responde que es el patrón del Espíritu del Xarey, ¡que sorpresa! Es el maxi-yate de Villagarcía, con el que hablé en Lanzarote, cuando entraban en marina Rubicón.

Doy media vuelta, recojo velas y entro en Falmouth, acercándome al gran velero de 45 metros que se encuentra fondeado a la entrada de la bahía, nos saludamos y desde la cubierta me invitan a que vaya hacerles una visita.

La entrada a la bahía dispone de un buen canal balizado, en el fondeadero como siempre, bastantes barcos, pero encuentro un hueco bueno donde largar el ancla en 5 metros.

Desembarco con Jose y Virgi a tramitar la entrada, dejamos el dingui al fondo de la marina, repleta de maxi-veleros, seguramente preparando la famosa regata de la semana de Antigua, a disputarse dentro de poco más de una semana.

Cruzamos la estrecha franja de tierra que separa las dos bahías, hasta English bay donde se encuentra el edificio de aduanas, dentro de un recinto, declarado parque nacional.

El lugar es la antigua base naval de la flota inglesa en el Caribe durante el siglo XXVIII, que aún conserva las antiguas edificaciones, rehabilitadas en los años cincuenta, con algunos restaurantes, tiendas y servicios náuticos.

En aduanas el papeleo ha sido rápido y sin problemas, aquí se paga por todo, aunque no ha sido caro.

Con los papeles en regla, menos los de Rufino, que he omitido la existencia de mascotas a bordo, recorremos un poco más detenidamente las antiguas instalaciones del arsenal, satisfechos de haber sido acertada la decisión de venir hasta aquí.

Desembarcamos de nuevo al anochecer, damos un paseo y recorremos los exiguos lugares de ocio de la marina, no demasiado concurridos y poco más es lo que podemos hacer.

Falmouth no es una bahía de aguas muy limpias, debido a la concentración de barcos, así que ponemos rumbo al Oeste de la isla, a un lugar llamado Five Island, el día es ventoso, unas quince millas de distancia, donde solo hay que cuidar la zona de arrecifes, junto a la que ya pasé la noche de la arribada.

Pero no siempre el peligro está en los arrecifes, los mayores problemas están a bordo, hoy he cometido el mismo error que hace unos años, con el viento de popa, he descuidado un momento la caña, para orientar una de las placas solares, justo en el momento que una ola ha desestabilizado el barco y ha trasluchado la mayor, “cazándome” y dándome un buen mamporro contra un winche, el saldo, una brecha en la cabeza, pero a pesar de lo escandaloso de la sangre, la herida enseguida ha dejado de sangrar, al llegar al fondeo, limpieza de la sangre seca, un poco de Betadine en la herida y la camiseta a la basura.

Recapitulando el incidente, hago hincapié en que sobre todo, tengo que cuidar los pequeños detalles, para evitar accidentes tontos, ahora que navego solo.

Five Island es un buen fondeadero por la parte sur, junto a una reciente marina Jolly Arbour, que posee una excelente marina seca, para reparar e ivernar, una buena tienda náutica de Budget, donde te ahorras los impuestos, presentando el acta de entrada en el país y un magnífico supermercado.

Dos días por aquí me ha dejado un agradable recuerdo y continuamos remontando hacia el Norte. Mis amigos del Cap's III quieren visitar la capital Saint John's, no es que me interesen demasiado las poblaciones, pero les acompaño.

Preparo el barco para la navegación, que estos días está soplando casi veinte nudos del Este, aunque de madrugada flojea un poco, pero cuando salgamos fuera, estoy seguro que se notará.

Izo la mayor con el rizo que ya tenía puesto de cuando llegué y como siempre que no hay compromiso con otros barcos fondeados, levanto el fondeo y salgo a vela, el Cap's lo hace al mismo tiempo, navegando a motor.

Enseguida el viento se hace notar navegando muy rápido, doy sobrado respeto a los cinco islotes que dan nombre a la zona y pongo rumbo norte, a estribor veo la ensenada norte de Five Island, también hay unos cuantos barcos fondeados, pero como siempre pasa, como no hay marina ni pueblo donde ir, se nota que no es demasiado concurrido.

En unos pocos minutos alcanzo St John's Arbour, paso de largo y en un bordo enfilo las boyas del canal de entrada a la dársena.

La guía dice que se ha dragado hace tiempo, con lo que mejor respetar la señalización, hago la entrada a vela, haciendo cortos bordos, no hay demasiado viento y sin ola el Bahía se maneja bien con el foque autovirante, una gozada y un espectáculo para quien guste la vela y nos vea entrar así.

La entrada en el puerto comercial, me ha dado muy mala impresión, un pequeño fondeadero al fondo de aguas turbias, por radio les digo a mis amigos, que allí no me quedo, prefiero irme a fondear a una bonita bahía que hay justo a la entrada del gran harbour de St John's, donde les esperaré hasta el día siguiente, mientras ellos visitan la ciudad.

En poco más de media hora, con el viento en popa, entro en Deep bay, el sitio me encanta, agua limpia, fondo de arena a cuatro metros y un pecio para visitar en la entrada de la bahía.

No tardo en echarme al agua equipado para hacer snorkeling, me quedo maravillado de poder contemplar el pecio del Andes, hundido hace poco más de un siglo, de unos veinticinco a treinta metros de eslora, a unos ocho metros de profundidad, el primer naufragio que buceo, convertido por la naturaleza en un arrecife, que sirve de hábitat a una multicolor variedad de peces.

Pierdo la noción del tiempo recorriendo el metálico casco, bastante entero, me quedo tan embelesado contemplando el colorido de este microcosmos, que casi me olvido que me falta aire en los pulmones y he de ascender a toda prisa, unas bocanadas y otra vez abajo.

Por el fondo veo algunos peces bastante grandes, que si no fuera porque en esta zona hay peligro de ciguatera, volvería a por el fusil submarino y hacerme con un pescadito, que ando bastante necesitado de proteínas marinas.

Un poco cansado tras tantas inmersiones, casi una hora después, regreso al Bahía satisfecho, con una buena colección de fotos, realizadas con una camarita submarina de usar y tirar, que compré en Philisbourg, pero he de acabar el carrete para llevarlo a revelar.

Al día siguiente vienen mis amigos, un poco desencantados de la ciudad.

Regreso a Jolly arbour a primera hora de la mañana, el lugar tiene su encanto, como comprobamos anteriormente, pero prácticamente no lo podemos disfrutar porque al día siguiente, se ha abierto la espita del cielo y prácticamente no ha parado de llover en todo el día.

No me ha importado mucho, he montado mi recoge-lluvia, con lo que he llenado a rebosar el depósito de agua y como en el fondeadero cojo una wiffi, aprovecho a ponerme al día con mis amigos.

Un día después vuelta a Falmouth bay, esta vez, navegamos por el interior del arrecife de Middle, el paso es estrecho pero hace buen tiempo y no somos los únicos de ir por ese lugar.

Con un viento de quince nudos del Este, ideal para navegar a vela aunque sea de ceñida, no me lo pienso a la hora de izar velas, el Cap's III marca la pauta por delante navegando a motor, sigo su ritmo bordo tras bordo, el foque autovirante es una maravilla en este tipo de navegación, sin cansarme y sin perder casi velocidad en los bordos.

Disfruto navegando así y más cuando por delante va un queche que va a hacer el paso a vela, ya tengo un competidor al que a ojos vista, voy dando caza rápidamente.

Cuando ya casi estamos al otro lado del arrecife, y mi “oponente” a un bordo de ser alcanzado ¡¡crasss!!, levanto la mirada y veo la vela mayor rasgada de gratil a baluma a la altura del sable superior, rápidamente me aproo, preparo la driza y echo la vela abajo, se acabó la diversión, recoger foque y a continuar a motor las tres millas que faltan para el fondeadero de Falmouth.

Esta vela, la verdad que ya tenía millas y la pobre ha dicho basta, ya pensaba llevarla al taller para hacerla un tratamiento rejuvenecedor, ahora he de hacerlo por auténtica necesidad.

Afortunadamente está Jose Antonio para echarme una mano y sustituirla por la otra mayor que llevo, en un par de horas ya está todo en orden. Ahora cuando llegue a Martinica la llevaré a reparar.

Faltan pocos días para que comience la Semana Náutica de Antigua y por aquí andan ya todos los competidores, mientras cambiábamos la vela hemos visto entrenar al Ranger, un clásico clase J.

Por la tarde hemos dado una vuelta por los pantalanes y lo que hemos visto ha sido para quedarse a cuadros, barcos míticos, como el propio Ranger, el Velsheda, el Windrose of Amsterdam, el Rebecca y muchos más, auténticas joyas que en unos días esperamos verlos navegar.

Quedan dos días y tengo verdadero interés en conocer el Este de Antigua, nos han hablado de Nonsuch, una bahía cerrada por un arrecife, también en la guía náutica la describen como una maravilla.

Allí nos vamos, la entrada complicadilla, como siempre que se penetra por un arrecife, despacio, pero se ven muy bien los bajos. El interior se asemeja a un lago rodeado de manglares y no demasiado urbanizado. Elegimos una profunda ensenada para largar el ancla, Ledeatt cove, verdaderamente un lugar con recogido, tranquilo y silencioso, solo el canto de los pájaros en el manglar me confirman que no he sido aducido a otra dimensión del espacio-tiempo y que sigo en Antigua.

Hacemos excursiones en neumática por los recovecos de la recortada costa, mucho manglar y pocas playas, las que hay me parecen artificiales y todas son privadas, pero a mi me gusta el lugar, sin barcos, sin gente, casi un lugar salvaje, si omitimos mirar al resort de enfrente, que afortunadamente se encuentra vacío.

Volvemos un día antes a Falmout, remojados por los chubascos tormentosos que nos ha tocado hoy, pero afortunadamente, las regatas han comenzado y llegamos en el momento oportuno de ver entrar en meta a los grandes clásicos, nos quedamos cerca del comité de regata y me harto de fotografiar a estos gigantes.

Por la tarde de nuevo en la planchada del náutico, party, entrega de algunos premios que no entendemos muy bien a que se deben y nos tomamos unos mojitos, invitación de la organización.

Invito al día siguiente a la tripulación del Espíritu del Xarey a una paella, hoy día 15 de Abril es el cumpleaños de Rufino así que buen motivo para la celebración.

Los trámites burocráticos de salida, sin complicaciones también y sin cobrarnos por los dos días de fondeo.

El día es muy desapacible, por lo que no salgo a ver las regatas, la verdad es que ayer me sorprendió los pocos barcos espectadores en el campo de regatas, la verdad en que tampoco el día estaba para disfrutar y la cosa se devalúa muchísimo.

Antes de preparar la paella, me da tiempo a hacer una limpieza bastante exhaustiva del casco, la vida por aquí no respeta ni buenas patentes y a nada que te descuidas unos días ya hay buenas colonias de caracolillo, adherido,

La paella ha estado como siempre pero del Xarey solo puede acudir Santiago, de todas formas los cuatro damos buena cuenta de ella y aún me queda para la travesía a Guadalupe de mañana.

 
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