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DE LAS VIRGENES A ANTIGUA

 
2010/04/07 Miércoles

Desde Savanna, con mis amigos llegados de Bilbao, hacemos rumbo a Sound Gorda, pasamos tres días disfrutando de las cristalinas aguas en Pricklin island y Eustatia island, recorremos los entresijos de estos islotes, con infinidad de playitas y calas preciosas.

Partimos hacia Road Arbour para avituallarnos en el único supermercado, con precios asequibles, para volver nuestros pasos a la bahía de Beef, donde nos montamos una barbacoa playera de chuparse los dedos, si no fuera porque los mosquitos se han dado también un buen festín a cuenta nuestra.

Continuamos el recorrido a la inversa, acompañados por el Cap's III, hacia Guana island, fondeando en White bay y luego amarramos a unas boyas, de donde no han tardado mucho en echarnos con cajas destempladas, ya que pertenecen a un resort cercano, yéndonos a las del parque natural de punta Monkey, muy cerca del lugar.

Al día siguiente, vuelta a Jorsf Van Dyke, no sin antes de hacer una parada a darnos un baño en la encantadora isla de Sandy cay, de aguas turquesas y tomar las típicas fotos de la playa con palmeras.

Como segundas partes nunca fueron buenas, cenamos en el restaurante Foxy de Jorf Van Dyke y la verdad que no hemos salido muy contentos, servidos tarde y mal a mi entender, aunque con la música de salsa Jose y su mujer se hayan marcado unos buenos bailables.

Los últimos días antes de que mis amigos regresen a España los pasamos en Peter island en la bahía de Deadman, días de sol y playa, para desde allí regresar a Trellis bay junto al aeropuerto de Tortola y despedirnos de Mª Asun, Marijose, Jose y Fernando, han sido quince días por la Vírgenes, que además de navegar lo hemos pasado en grande, acompañados por nuestros amigos del Cap's III, Jose y Virginia.

Hacemos la salida en Gorda para dirigirnos a Saint Maarten, la meteorología no es muy favorable pero al menos no es demasiado adversa. Aunque salimos junto con el Cap's, cada uno escogemos nuestra propia estrategia, nosotros a rumbo directo desde el norte de Gorda y ellos desde Anegada.

Setenta y cinco millas que hacemos de noche, salvo las primeras horas que el viento nos ha permitido navegar a vela, el resto una motorada de diez horas, aunque he disfrutado de un firmamento estrellado.

Fondeamos en Simson bay, esta vez fuera del lagoon para evitar pagar el paso del puente y sobre todo las sucias aguas estancadas del interior.

Sin pérdida de tiempo gestionamos la compra de un nuevo motor fuera-borda. Con el plan de estar siempre fondeados, es imprescindible el desembarco seguro, por ello hay que tener un motor de reserva, además me he decidido a comprar un 10 cv Mercury, porque con el otro de 5 cv, las grandes distancias a recorrer en a mayoría de los casos, se hace interminables, ahora con mayor potencia, la neumática planea que es un primor y el tiempo se acorta en los desplazamientos.

También, después de darle muchas vueltas, me he decidido a cambiar las baterías de servicio del barco, las que puse el pasado año en la Puebla de Caramiñal, unas Tudor sin mantenimiento, han sido un fiasco, porque pierden enseguida la carga y últimamente ando con la energía un poco precario. Una pasta perdida, porque desde aquí no puedo hacer uso de la garantía, pero tampoco puedo andar racaneando con ese tema, así que pongo otras tres con un poco más de carga y voy más tranquilo.

Después de las compras, el Cap's III, que también ha comprado otro motor, salimos para Philisburg, la capital, distante media docena de millas, fondeamos en su amplia bahía donde arriban los grandes transatlánticos, vomitando miles de turistas ávidos de comprar en las tiendas libres de impuestos. Hasta siete de estos grandes barcos hemos contado en los muelles de cruceros, así que las calles de esta pequeña capital, estaban abarrotadas de gente.

Desde que estuvimos en las Vírgenes y ahora en Saint Maartens, la relación entre María y yo, ha empezado a hacer aguas, algunas desavenencias irreconciliables, en el modo de enfocar la vida a bordo, están haciendo que la convivencia se está haciendo difícil y como somos adultos y antes de que las cosas vayan a peor, consensuadamente, hemos decido que lo mejor es continuar nuestros caminos por separado, quedar como amigos y ya veremos que pasa más adelante.

Saint Maartens tiene un aeropuerto internacional en el que opera Air France, desde donde María coge un vuelo a Valencia, vía París, aquí nos despedimos con cordialidad con un hasta pronto.

De regreso al Bahía, el hueco se me hace enorme, Rufino me mira como que pasa algo raro, evitando ponerme melancólico, preparo el barco presto para zarpar.

Las formalidades de salida ya están hechas desde ayer y en pocos minutos, después de haberla acompañado a que cogiese un taxi, a las nueve de la mañana, ya estoy navegando rumbo a Antigua.

Casi cien millas por delante, rumbo sureste, con una meteorología benigna, una brisa de diez a quince nudos de través, el Bahía navega rápido en esas condiciones y disfruto llevando la caña, intentando concentrarme en sacar esa décima de nudo más, para que la cabeza tenga en que ocuparse y no se pierda en divagaciones, dándo vueltas a porqué ahora estoy navegando en solitario.

Tiempo habrá para que uno y otra analicemos con calma, el motivo de las desavenencias y la consiguiente ruptura.

El rumbo directo entre Saint Maartens y Antigua, pasa por el sur de la isla de Saint Bartholomy, de jurisdicción francesa, considerada la isla más cara del Caribe, Jose y Virgi, que ya estuvieron un par de días en la isla, así lo corroboraron.

La dejo por babor a escasamente una milla, en su fondeadero se ven varios mega-yates y un gran paquebote turístico, de los que tanto abundan por estos pagos. La navegación se hace entretenida, pues siempre se está a la vista de tierra, por estribor, todo el rosario de islas, Saba la más al norte, Saint Eustatia desde donde hoy mismo también ha partido el Cap's III para encontrarnos en Antigua, Saint Kitts y Nevis y por último ya a la vista de Antigua, la paupérrima isla de Monserrat, con su volcán activo, asfixiando a su precaria población.

Al poco de dejar por popa Bartholomy un avión de la Cost Guard me saca de mi ensimismamiento, con una pasada a baja cota, cosa que pone furioso a Rufino, no se a que país pertenece, pero de nosotros se dirige a otro barco que navega en sentido contrario.

La navegación sigue sin variaciones, por la tarde la brisa ha aflojado un poco, preparo el spi, pero no rola como esperaba y me impide izarlo, así que de los casi siete nudos que venía haciendo, he de conformarme con avanzar a poco más de cinco y eso que me esfuerzo en navegar como si fuera en regata.

Por popa, veo a lo lejos, que un velero se acerca poco a poco, eso me da aliciente para no aflojar la atención por el perfecto trimado de velas, pero a la caída de la tarde a treinta millas del destino, me alcanza, es un Janneau de cincuenta pies, nos saludamos y poco después el sol que ha estado bastante cubierto por las nubes, se esconde tras la isla de Saint Kitts, enseguida la oscuridad es casi total, únicamente las lucecitas en poblaciones isleñas son visibles.

Antigua ya la llevo viendo antes de hacerse de noche, el GPS marcaba cuarenta millas, la atmósfera es excepcionalmente clara para poder verla a esa distancia, cuando además, no tiene las alturas de las otras islas, con altos conos volcánicos.

Al final de la tarde, el viento ha subido de intensidad y la dirección se ha cerrado un poco, eso me permite navegar de nuevo por encima de los siete nudos y algunos rociones mojan la cubierta del Bahía.

Son las diez de la noche cuando ya estoy a menos de diez millas del punto marcado en el GPS, al sur de la isla, consigo ponerme en contacto vía radio con el Cap's III que al anochecer fondearon en una pequeña cala.

Tras menos de quince horas, entro en la bahía guiado por la carta electrónica y con las indicaciones luminosas de mis amigos, el fondeadero se llama Morris bay, muy cercano a un peligroso arrecife, pero largo el ancla junto a ellos, una pequeña charla de barco a barco y nos vamos a dormir, tiempo tendremos para contarnos la curiosidades de la travesía.


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