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 De Guadalupe a las Virgenes

 
20100304

Solo un día hemos pasado en Les Saintes. En la mañana del lunes, sin prisas levantamos los fondeos, el plan es recorrer la costa Oeste de Guadalupe rumbo a la bahía de Deshaies, aunque hacemos una paradfita en las islitas de Goayaves, que según nos han dicho son una preciosidad para el buceo, pero no nos detenemos, ya que el fondeo está prohibido y únicamente existen dos boyas amarillas para los deportivos y encima se encuentran al NW de la isla grande,

Deshaies es una cala bastante bien resguardada, con un pueblecito turístico bastante agradable. Recorremos la calle, que tiene varios restaurantes, regresamos una hora después, todos los barcos han borneado y el Bahía se encuentra junto a un catamarán tuístico, fondeado a muerto, tocando con su proa los candeleros, aparentemente no ha pasado nada, arranco el motor, me separo y levantamos el fondeo para ponernos un poco más lejos, pero el besito no ha sido en balde, enseguida me percato que la placa solar de babor está doblada y el cristal protector hecho añicos, no me cabreo por el precio de la placa, sino por no haber previsto ese posible borneo y como la ley de Murphy suele ser implacable en estos casos, ha tenido que tocarse en el punto más debil.

Pero no me agria la tarde, volvemos a desembarcar y les invito a cenar en uno de esos lindos restaurantes con terracita junto a la bahía, la cena sin ser una maravilla, al menos hemos probado el pescado, que últimamente no lo catamos demasiado. Paseito a lo largo de la calle, de vuelta al pequeño puerto donde hemos dejado la neumática y a dormir que mañana hemos de madrugar.

Salimos a las seis y media de la mañana recien amanecido,

Ponemos rumbo a la Isla de Manserrat, a un waitpoint que he dado al oeste de la isla, según las informaciones hay que darla un respeto de dos millas, yo he añadido media más, el motivo es el volcan Hillis, en erupción al sur de la isla, que desde el año 95 permanece activo y que en sus contínuos vómitos de lava y ceniza ya ha arrasado con la capital Plymouth, el aeropuerto y algunos pueblos costeros.

Seguimos haciendo millas y el viento sin aparecer, poco a poco Monserrat la vemos más cerca y la debastación es evidente, grandes ríos de cenizas que parten del cono volcánico, del que emanan varias fumarolas de humo blanco, y muchas urbanizaciones abandonadas, medio sepultadas, que se mimetizan en el uniforme color beige de la ceniza.

Es medio día cuando sobrepasamos la isla, momento que la brisa de levante hace acto de presencia, me alegro mucho porque llevamos seis horas de navegación a motor y se hace cansino. Orientamos velas y aunque al principio la marcha es lenta, en menos de dos horas ya vamos más rápido de lo que lo hacíamos a motor.

Nuestro objetivo, la isla de Nevis ya la tenemos con claridad en la proa, mientras navegamos con el piloto, doy los últimos retoques a la bandera de cortesía que he fabricado.

Arribamos al fondeadero de Charlestown, la capital de la isla, no es muy protegido al viento del sur que traemos, pero existen boyas fuertes y muy bien dispuestas, a una de ellas nos amarramos y avisamos por radio a Jose que siga nuestros pasos, para situarse a nuestro lado, ya que la mayoría de boyas están libres.

Cenamos a bordo del Cap's para explicarles nuestras intenciones y despedirnos hasta que nos encontremos de nuevo en San Martins, ellos tienen tambien intención de pasar por San Eustatia, donde han quedado con un electrónico especialista en Pactor 3.

Salimos de amanecida, como está siendo habitual, siempre que recalamos en un país en el que no hacemos entrada oficial, ponemos rumbo a pasar por el estrecho entre Nevis y San Kitts, que són el mismo país, para dejar esta isla por babor. El paso es sin complicaciones, aunque hay que prestar atención a un par de islotes, situados en medio del estrecho, de una milla,

Como pensaba, a sotavento de la isla ya no hay marejada, pero el viento racheado sopla a veces con más fuerza, acelerado por las lomas de la isla. Izamos mayor con un rizo y ahora si navegamos a buena marcha a rumbo directo hacia San Martins, a cincuenta y dos millas de distancia.

Encima de San Kitts está cayendo una buena tormenta que libramos por poco, aunque ya el viento se ha establecido con regularidad entre los 15 y los 17 nudos que nos hace navegar por encima de los siete nudos a pesar del rizo que llevamos y la mar crece por momentos no mucho más de la marejada. Por babor las islas de San Eustatia y Saba las vemos con claridad, son islas con conos volcánicos de considerable altura y por estribor, San Barthelemy, al sureste de San Martin sin ser tan alta, se hace visible

A primeras horas de la tarde nos acercamos a nuestro objetivo, el fondeadero de Simson bay, por donde se penetra al lagoon, un inmenso puerto natural, controlado por el paso de un puente levadizo, pero con la marejada del sur va a ser muy incómodo el fondeo, así que miro alternativas y la mejor opción es dirigirnos a la bahía de Marigot, al oeste de la isla en la demarcación francesa, ya que esta isla de San Martins, la parte norte pertenece a Francia y la sur a Holanda.

De todas formas nos acercamos a Simson bay y como era de esperar solo vemos fondeados unos mega yates. Varío el rumbo poniendo proa a la punta de Terres Basses, luego la punta de Bluff que da paso a la gran bahía de Marigot.

Largamos ancla en esta inmensa bahía de aguas mansas con fondo de arena a cuatro metros y con el barco más cercano a un cuarto de milla, esto es como fondear en medio del mar, una sensación extraña, largando la cadena que me de la gana y que sople lo que quiera, que dormiremos a pierna suelta.

Desde este lugar tenemos Anguilla, a poco más de cinco millas y sobre la isla una masa negra de nubes, presagio de una inminente tormenta, cerramos todo, preparo el recoge-lluvias y nos preparamos para darnos un baño de agua dulce.

La descarga de lluvia no se hace esperar, aunque no ha durado mucho, ha sido una gozada poder ducharse a la forma natural.

Sin madrugar demasiado recorremos las siete millas a motor, que hay hasta Simson bay, fondeamos en las inmediaciones del puente de ingreso al lagoon y nos dirigimos al edificio de inmigración, con la neumática, situado al lado mismo del puente.

Hacemos los papeles de entrada al país y al lagoon y esperamos turno a que abran el puente a las 11,30 penetramos con normalidad y nos dirigimos al fondeadero junto a la cabecera de la pista del aeropuerto. Hay bastantes barcos pero encontramos hueco sin dificultades.

Enseguida salimos a inspeccionar las marinas y las tiendas de acopios, que según las guias que tenemos son abundantes. Primero visitamos la de Simson Bay Marine, pero no vemos lo que nos interesa, preguntamos y nos remiten al lado norte del brazo del laggon, en esta zona ya encntramos lo que buscamos, varios hipermercados náuticos y un gran supermercado de alimentación.

En primer lugar nos asustamos de los precios hasta que caemos en la cuenta de que vienen marcados en florines holandeses, que aún tienen vigencia en esta parte del mundo, donde el euro aún no ha hecho su entrada, siendo la segunda moneda el dolar americano, aún así las cosas no son tan baratas como nos las habían pintado, aunque aún queda mucho por descubrir en este pequeño mundo de grandes fortunas, a tenor de la gran cantidad de megayates que se ven por todos los lados.

Aquí si que se hecha de menos una buena neumática con caballaje porque las distancias a recorrer dentro del lagoon son considerables, por todos lados se ven las auxiliares de un lado a otro a toda leche.

Pasamos el día de tiendas y supermercado, de vuelta al Bahía, contacto por radio con el Cap's III que están viniendo de San Bhartolomy donde llegaron desde Nevis, pasando por San Eustatia, donde no pudieron parar por la incomodidad del fondeo. Les doy las oportunas indicaciones para que hagan los papeles y la entrada en el lagoon en la apertura de las 17,30

Esperamos a que lleguen nuestros amigos, para que fondeen en un hueco que hay justo a nuestro lado, cenamos juntos en el Bahía y nos ponen al día de sus peripecias por San Bhartolomy, de la que ya sabíamos es la isla más cara del Caribe, donde incluso te cobran por fondear cerca del puerto.

Por la mañana a primera hora, hacemos los papeles de salida de San Maarten, para salir del lagoon por la tarde y continúo de tiendas para interesarme por las neumáticas y las placas solares, estas bastante asequibles, pero que de momento tiraré con la estropeada, que sigue cargando.

Mas tarde, mientras espero a María que se ha ido a una peluquería, me voy al ciber, donde hoy sábado hay mercadillo de cosas de barcos de segunda mano, pero la cosa no ha estado muy lucida por que ha salido un día un poco tormentoso y han caído unos buenos chaparrones.

Recojo de nuevo a María y volvemos al barco, nuestros amigos tambien regresan de sus indagaciones y nos cuentan que han estado en Marigot, donde han encontrado una neumática a buen precio, que tienen intención de comprar.

Comemos en su barco y poco después nos preparamos a salir del lagoon, aunque primero vamos a la gasolinera de Simson Marine, por el camino oigo que me llaman por mi nombre desde una neumática, extrañado por que no recuerdo al chico, me dice que me conoce de las regatas en Asturias y que nos viene siguiendo nuestras navegaciones desde entonces, en el pantalan de la gasolinera hemos hablado un buen rato, patronea un velero de 70 pies de Vigo.

A las 16,30 estamos listos para salir del lagoon en cuanto abran el puente, lo hacemos de trás de un megavelero enorme, que justo pasa por la anchura del puente.

Fondeamos en la amplia bahía, frente a la playa de Simson, lejos de otros barcos, en la que estamos unos pocos.

Día 28 Domingo

Nos levantamos pasadas las cinco de la mañana y nos preparamos para la singladura hasta las Vírgenes, casi noventa millas que queremos hacer de día.

Una brisita del sur me anima a salir del fondeadero a vela, pero aún se debilita a medida que abandonamos la bahía y he de dar motor, navegamos con la máquina un par de horas hasta que de nuevo la brisa sube lo suficiente como para navegar, a vela, por encima de los cinco nudos, aunque en el cielo hay algunas nubes altas, el día es magnífico y la mar en marejadilla.

A medio día ya tenemos sobre doce nudos, permitiendonos navegar por encima de los siete nudos, me sigue maravillando el andar del Bahía con la carga que lleva y en proa el foque auto-virante, además la última mano de patente Ameron, que le dí en Rubicón, está resultando magnífica, de momento ni una incrustación.

En las primeras horas de la tarde a unas quince millas, diviso por la amura de estribor, difuminada, la isla de Virgen Gorda, ya estamos próximos a nuestro objetivo, Peter Island, hago cálculos de si conseguiremos llegar de día, porque el viento ha bajado un poco, tal como preveía el modelo de Ugrib que descargué ayer.

A menos de siete millas, sobre las islas que vamos, vemos una tormenta con carios conos de pequeños tornados, que salen de su parte baja, uno incluso ha llegado a unir con la superficie del agua formando una delgada tromba marina, me preocupa un poco porque estamós acercándonos a ella, pero no modifico el rumbo, también vemos como una gran cortina de agua cruza por la proa a no menos de cinco millas.

El viento sigue amainando, doy de nuevo el motor para llegar de día al fondeadero que hay nada más virar la pequeña isla. Los tornados no tienen mucha consistencia y se deshacen cuando alcanzan la parte sur de la isla, eso me tranquiliza y cuando alcanzamos el paso entre Dean Chest y Peter, solo media milla al fondeadero de Deadman bay, preparamos para arriar velas, en la misma bahía, que me había dado la impresión ser mar grande, dende se encuentran media docena de veleros, aún hay mucho sitio libre.

Justo cuando María se prepara para largar el ancla otro chubasco nos cae encima, hacemos la maniobra rápidamente pero no evita que nos empapemos, aquí la lluvia no es desagradable, aunque me habiera gustado haber llegado cinco minutos antes, para haberla recibido desnudo, con el champú en la mano, tal como hicimos en la llegada a San Martin, pero bueno, estamos felices de haber alcanzado nuestro objetivo de seado de llegar a Las Islas Vírgenes Inglesas. Hemos izado el pabellón de cortesía con la bandera Q y la señal de fondeo, prefiero ser sumamente legalista en un país donde no sé hasta que extremo las autoridades pueden ser quisquillosas.

Tal como llegó, la tormenta ha pasado y ha quedado una noche magnífica, con la luna casi en su plenitud y la rada de Deadman en perfecta quietud, solo las risas de los ocupantes de un catamarán cercano, rompen el silencio del entorno. Cenamos en la bañera y disfrutamos de la subremesa, con la visión de las luces de Port Purcell en frente, a menos de cinco millas, donde mañana iremos a hacer la entrada oficial

 
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