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De Martinica a Guadalupe

 
 Diario_20100210


El Bahía se ha quedado un poco huerfano tras la marcha de Joakin y Aitor, aunque la compañia de Guiller aún nos deparará su alegría unos días más en la singladura hacia el norte, a Guadalupe.

Ultimamos compras de comida, cambio de velas en las nuevas singladuras y algún que otro ajuste para salir de Le Marin. Al Cap's tambien le queda ya un tripulante, Javier, que hasta el lunes no toma el avión para España. Como quedan dos días, decidimos ir a la bahía de Fort de France, y pasarlo en la zona, para que quede más cerca su desembarco del aeropuerto.

Salimos de Le Marin, después de haber finiquitado los asuntos burocráticos en la marina, A motor navegamos el canal de salida, mucho mejor señalizado, con boyas grandes, que hace cuatro años, cuando unos simples espeques, que apenas se veían, marcaban los arenales. Como en la anterior ocasión este puerto natural se encuentra repleto de barcos, me atrevería a asegurar que aún hay más todavía, desde enormes veleros hasta los más insignificantes veleritos, todos tienen cabida aquí.

Una brisa del este sopla lo suficiente para desplegar el foque autovirante que he montado en proa y detener el motor, enfilamos las dos últimas dos boyas rojas que dejamos por babor (hay que recordar que estamos en zona 2), izamos tambien la mayor y ponemos rumbo al peñón del Diamante, monolítico islote que se encuentra al sur de la península de Arlets. Al final la brisa se ha quedado en nada y vuelta a navegar a motor.

Echamos el ancla en la rada de Gran Anse de Arlets, sorprendentemente llena de barcos, nos damos un baño y preparamos la comida, confirmando que hay más cruceristas que hace cuatro años, estamos más de cincuenta fondeados, cuando la anterior vez que eché el ancla aquí, no había más de una docena, de todas formas hay sitio para todos.

Un par de horas después seguimos rumbo a la bahía de Mitan, junto al pueblecito de Lazaret, aquí también ha habido cambios, pues el barecito con embarcadero ha desaparecido y el desembarco ahora es un poco más complicado, hay que hacerlo en la playita de un hotel cercano.

Damos una vuelta por la pequeña marina de Lazaret donde hace cuatro años conocí a mi gran amigo Jose María, paseamos por elpueblecito, muy de cara al turista, una cervecita en una terraza y vuelta a los barcos a cenar.

Al día siguiente domingo, propongo ir a fondear a Trois Illetes, al otro lado de la pequeña península de Lazaret, tres millas de navegación, de camino vemos una regata de las yolas tradicionales, allí que vamos a tomar unas fotos de tan pintorescas embarcaciones, vemos sus evoluciones, con esa gran vela cuadra que compensan su empuje con la tripulación subida a unos palos que sobresalen por la borda, todo un espectáculo.

Largamos el ancla cerca de unos manglares en medio de la gran bahía de aguas mansas.

Por la tarde desembarcamos a dar una vuelta por la pequeña población, que se encuentra en plena fiesta de carnaval, aunque los festejos se limitan a eventos deportivos como la regata de esta mañana, carreras atléticas de niños y unos chiringuitos donde comer y beber.

Al anochecer, vuelta a los barcos, cenar y tertulia como todas las noches.

Sin madrugar demasiado izamos velas y enfilamos hacia Fort de France, con la brisa no me resisto a largar el spi, para que nos saque alguna foto desde el cap's, al principi la brisa se ha resistido pero cuando alcanzamos el centro del canal, ya se ha establecido haciendonos navegar rápido, quedándose nuestro barco amigo muy por la popa.

El fondeadero de Fort de France está cerca del centro de la ciudad, si bien no es muy protegido, al menos tiene un buen desembarco con la neumática.

Damos una vuelta por la población, buscamos la oficina para hacer los papeles de salida, que se encuentra dentro de un comercio náutico, localizamos un ciber-café y visitamos el mercado, donde hay una gran variedad de especias, la biblioteca pública, cuyo edificio de una vistosidad arquitectónica un poco fuera de lugar, en un sitio como este.

Volvemos a los barcos a comer pronto, para que Javier tome con tiempo el bus hacia el aeropuerto, después de una siestecilla, volvemos a tierra, hacemos compra en un supermercado y pasamos el resto de la tarde en el ciber-café para poner al día nuestra comunicación con el exterior.

Hoy martes tenemos previsto ir a dormir a Dominica, tenemos unaa navegación de algo más de sesenta millas, así que salimos a las seis y media de la mañana, justo cuando comienza a amanecer

Remontamos la costa de sotavento, aprovecho la ligera brisa para navegar a vela mientras nuestros amigos, lo hacen a motor siguiendonos de cerca, aunque a ratos hemos de ayudarnos también de la máquina.

El Cap's ya navega bajo la tutela de la pareja, Jose y Virginia, esta, adaptándose a la nueva situación, poco a poco ha de acostumbrarse a que solo dependen de ellos para navegar y estos días son buenos para tal fin, con vientos moderados y la mar muy calmada.

Pasamos de largo la bahía de Sant Pierre, antigua capital de la isla que arrasó el Mont Peleé, allá por el año 1908 y nos internamos en el canal que separa Marinica de Dominica, veinticuatro millas, donde un viento estable del este, de veinte nudos y no demasiada ola, nos facilita una navegación al través de auténtica gozada, el Cap's mantiene el tipo no se separa demasiado de nuestra popa.

En tres horas ya estamos a sotavento de la isla Dominica, aunque sus altas cimas volcánicas solo nos proteje de la mar ya que el viento a ratos, se acelera en rachas por el efecto Fhoen, pero nos es suficiente con reducir un poco de trapo para seguir navegando tranquilamente.

Esta isla independiente, desde nuestra perspectiva, no ofrece belleza, hemos leido que tiene un creciente turismo interior de naturaleza, para visitar en 4x4. Tampoco existen demasiados fondeaderos para los cruceristas, solo al norte, en la bahía de Portsmouth hay el único protegido. Nos viene bien porque llegaremos al anochecer.

No tenemos intención de realizar los papeleos de entrada al país, auque nada más aparecer en los aledaños del fondeadero allí que nos viene el "gorrilla" de turno para ofrecernos sus servicios, aduaneros, turísticos y "proteccionistas". Si, si, si, a todo que si, mañana haremos todo lo que sea menester, le decimos, que ahora estamos muy cansados y nos vamos a dormir, quedamos en que pasará a las ocho de la mañana a recogernos, vale, muy bien, a las ocho.

Llamamos al Cap´s III para decirles que allá les va el servicial "gorrilla náutico" a contarles la misma película.

Como era de suponer, al día siguiente, a las seis de la mañana ya estamos los dos barcos levantando nuestros fondeos y saliendo rumbo a Las Saintes, a diecisiete millas, un pequeño archipielago, que descubrió Colón en su segundo viaje a las américas, pertenecientes a la francesa isla de Guadalupe, situadas a solo seis millas al sur de esta.

Accedemos por la parte sur, por el paso de Las Damas, entre dos pequeños islotes, donde largamos ancla en una pequeña rada de fondos arenosaos, para bañarnos, bucear un rato y comer.

El lugar bien merece la pena unas horas, además de estar solos, el fondo de la orilla tiene bastantes corales y pececillos de colores que hacen las delicias de las chicas.

A media tarde nos acercamos al nucleo principal del archipielago, Bourg des les Saintes, ahora si empezamos a descubrir el auténtico Caribe, un fondeadero de lujo, con bartantes barcos, pero con espacio suficiente para ponernos juntos y una vista espectacular.

Rápidamente botamos la neumática del Bahía al agua para desembarcar los cinco. La pequeña población de cuento, aunque le sacan buen partido al turismo, casitas de madera de marcado sabor caribeño con sus pintorescos colores, una calle principal con numerosos restaurantes, tiendas de souvenirs y una playita de cocoteros donde reposan las lanchas de los autóctonos, que no nativos, a los que la madre France cuida con esmero.

Aquí pasaremos unos días de relax, recorreremos algunas calas e intentaremos acoplarnos al ritmo lento del lugar.

   

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