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CRUCERO POR LAS RIAS BAJAS

 

2009/03/18 Miércoles

 

   Ha llegado María a pasar tres días huyendo de las ruidosas fallas valencianas, trae ansias de conocer Galicia y navegar en el Atlantico, La propongo un corto crucero por el parque natural de las islas atlanticas, visitando Cies y Sálvora,    para las cuales, Rocío me ha conseguido el correspondiente permiso, María encantada de ir a cualquier lugar siempre que sea por mar.

   A primera hora de la mañana hacemos un ligero acopio de víveres y como me habían prometido el motorcillo está a punto antes de partir, nos despedimos de Rocío, que ha venido a saludar a María y soltamos amarras con total ausencia de viento, pero eso si, el sol luce ya con fuerza. Izamos mayor, esperando encontrar en el canal una brisa que nos impulse como nos gusta.

Acortamos distancia dejando el torreón-baliza Ostreira por babor, ya conozco bastante bien la zona, como para poder saltarme algunas balizas laterales.

   Una tímida brisa del noreste hace que despleguemos el génova y me anima a montar la maniobra del spi, me decido por el ligero, porque tal y como está la previsión meteorológica será suficiente. Nada más salir del campo de bateas izo mi vela favorita para vientos portantes,  enseguida la corredera sube un par de nudos y nos ponemos por encima de los 5, es una delicia navegar solamente con el rumor del agua en las amuras.

   En poco tiempo sobrepasamos con soltura al único velero que lleva nuestra misma derrota. Por la proa, tenemos como referencia en la margen izquierda de la ría, el torreón que señala los bajos de Pombeiriño, en la península del Grove, desafortunadamente la brisa como ha llegado, se esfuma dejando flácido el ligero spi, no hay más remedio que arriarlo y dar macha al motor, pero ha sido por poco tiempo, porque nada más salir de la ría, una nueva brisa, un virazón del Oeste, nos permite de nuevo navegar a vela, esta vez desplegamos el génova para poner rumbo a la isla de Ons y dejarla por estribor.

   No vamos rápido pero no nos importa, disfrutamos del entorno, sobre todo María, en su primera vez por estas aguas atlánticas. Preparo la comida que hacemos en la bañera, hablamos de muchas cosas, de la Galicia ancestral, de navegaciones, pero sobre todo de planes futuros, mientras el piloto del Bahía nos lleva al primero de los destinos, a cinco millas, el paso entre la isla Ons y el bajo del Camouco, señalizado por otro torreón. De allí hasta Cies otras 10 millas al rumbo 175?.

   La brisa la tenemos franca, excepto una pequeña calma al paso por Ons, que apenas nos ha importunado, algunos veleros se ven en la lejanía, por la ría de Pontevedra.

   Observo a María como disfruta en silencio de la navegación, se que la gustaría  contemplar la crudeza del Atlántico en toda su bravura, pero como dice ella, a pesar de  la calma, hay algo que lo diferencia del Mediterráneo, además del color, es el vaivén de la ola larga, que apenas se nota.

   Este último tramo hemos de hacer varias trasluchadas porque la brisa se ha puesto del Norte y para navegar con soltura hemos de ir haciendo bordos. En poco más de 4 horas y media,  hacemos entrada en Canal del Norte que separa la Isla Cie del Norte, del cabo Home, en la península del Morrazo. No logro ver el monolito que en su día ostentaba los símbolos del anterior régimen, situado en el roquedal junto al embarcadero de la playa As Rodas, al pasar frente a la punta, compruebo que ya no existe, la verdad que era un atentado visual al entorno, pero también servía como referencia en la aproximación al fondeadero.

   Que maravilla, solo un velero en el lugar, toda la playa para nosotros, colocamos el ancla, a bastante distancia, dejando por medio la señal de peligro aislado, que marca el arrecife existente en medio de la playa.

   Botamos la neumática y como todo está en calma, hacemos el trayecto a la playa a remo. El pobre Rufino no comprende por que no le llevamos a corretear por esa playa maravillosa que ve en frente, sería difícil hacerle entender que unos sesudos proteccionistas del medio ambiente, desde un despacho, han prohibido que pueda bajar a tierra. Desconsolado, sus ladridos se oyen desde bien lejos, cuando María y yo caminamos por la senda que lleva al faro de la isla.

   Tampoco logro entender, que hacen todas esas artes de pesca en la misma bahía, si se entiende que en un parque natural la protección del medio ambiente, es extensible tanto en tierra como en el perímetro marino.

   Hacía muchos años que no pisaba la Isla, pero creo que me gustaba mucho más cuando era más salvaje y menos conservacionista, sin tantos letreros de prohibidos y vallas de madera, para que no pises aquí o allá.

   Volvemos pronto al barco, tanta naturaleza artificial no nos gusta y Rufino lo agradece en el alma.

   Con las primeras sombras de la noche, la brisa ha calmado y la rizada superficie del agua también, el velero y un par de motoras que han llegado más tarde, también han marchado, dejándonos solos en la bahía 

  

2009/03/19 Jueves

 

   De madrugada, ha comenzado a soplar el viento terral, levantando una marejadilla que se ha hecho notar en el fondeadero, pero no incomoda demasiado y no ha perturbado nuestro descanso.

   Como María también es madrugadora, para las 9 de la mañana ya hemos desayunado y tenemos todo recogido, deseamos navegar y levantamos el ancla. Propongo que vayamos a Portonovo aprovechando el terral para navegar hacia el norte.

   De nuevo es una delicia navegar sin prisas, pero a buen ritmo, el Bahía se mueve rápido incluso en ventolinas,  María aprende deprisa y ya va quedándose con la maniobra del barco, la caña aún no la lleva con finura, pero solo es cuestión de horas, me gusta su predisposición a la navegación.

   Arribamos a Portonovo, ya me he puesto en contacto con los amigos del foro y vendrán a visitarnos, entre tanto nos amarramos a la cabecera del primer pantalan y aunque no he dado conocimiento de mi arribada al náutico, voy en busca del marinero, para pedir permiso de amarre un par de horas, con la intención de ir a comer, la respuesta es que podemos quedarnos donde estamos sin problemas.

   Salimos a dar una vueltacilla por el bonito pueblo, sacar a pasear a Rufino, que tiene unas ganas locas de hacer sus necesidades, ya que a bordo se abstiene todo lo posible y de paso tomarnos un aperitivo.

   Hemos acertado entrando a tomar el tentempié en la pulpería la Cova de Ons, un nueve sobre diez en la ración que nos hemos comido, además su conversador dueño, nos ha asegurado que todo el pulpo que se sirve, es gallego.

   Volvemos al Bahía a preparar una paella para comer, en ello estoy cuando llegan José, con su pequeña hija Mencía y Alex, este finalmente se anima a quedarse a comer con nosotros y tras una animada sobremesa quedamos en volver a vernos muy pronto.

   Salimos a las cinco y media de la tarde, velas arriba nada más abandonar la protección del rompeolas, la brisa de no más de 8 nudos, ahora, está de nuevo establecida del Oeste, navegamos de ceñida rumbo a la isla de Sálvora distante casi 10 millas desde la punta Cabicastro, dejando el torreón del bajo Picamillo por babor y poco más adelante la baliza roja del bajo la Fagilda por estribor. Me hubiera gustado llegar a Sálvora con tiempo suficiente para desembarcar y contemplar la puesta del sol desde el faro, pero la amena conversación de Alex en Portonovo ha merecido la pena perdérsela.

   Arribamos al fondeadero de la playa del castillo, cuando el sol ha desaparecido detrás de la isla, largamos el ancla a cien metros del embarcadero en un fondo de 7 metros a media marea, estos de cuarto menguante, son muertas.

   Rufino que ya huele desembarco, comienza a ponerse nervioso y como ocurrió en Cies, tampoco aquí puede desembarcar y para evitarle el disgusto de vernos marchar, esta vez lo dejo encerrado en el interior del barco, aún así, la llorera perruna se ha hecho sentir un buen rato.

   Salvamos también a remo los cien metros que nos separan del pequeño muelle, al que han instalado un pantalan hace poco tiempo, porque el año pasado estuve aquí y no estaba. Nada mas pisar el muelle, vemos que se acercan, en un pequeño vehículo todo terreno, dos guardas del parque, muy amablemente, preguntan por nuestro permiso de navegación y fondeo, nos dan las oportunas explicaciones de la normativa de que la visita a la isla es restringida y que la única excursión es hasta el faro, sin salir del camino, le respondo que estamos autorizados y que conozco las normas, nos dan un folleto y retornan a sus quehaceres. Nosotros, como ya no vamos a ir hasta el faro, hacemos una visita a la escultura de la Sirena de Sálvora que preside desde su pedestal la pequeña playa del Castillo.

   Antes de que se haga de noche, regresamos a nuestro refugio en el interior del Bahía, el atardecer está siendo más fresco que en anteriores días.

 

2009/03/20 Viernes

 

   Nuevamente esta noche el terral ha hecho acto de presencia, volviendo a incomodarnos con la marejadilla originada, pero lo que realmente me ha incomodado han sido varias embarcaciones que he sentido cerca de donde nos hallamos.

   Con la luz del día salgo a cubierta, me quedo de un aire al ver tres pesqueros en las inmediaciones y numerosas boyas que señalan artes de pesca. Incluso una muy próxima donde debe de encontrarse nuestra ancla, a poco más de cincuenta metros uno de esos pesqueros levanta una red y poco después, otro cala la suya justo ante nuestras narices.

   Me indigna una vez más, el doble rasero con que las autoridades marítimas avasallan con sus dictatoriales normas a los aficionados náuticos. No hay derecho, que mientras a nosotros se nos prohíba con fuertes multas, la pesca de un mísero pececillo, en  todo el perímetro del parque, por contra, parece ser que los profesionales tienen toda la libertad del mundo para arrasar a su antojo los fondos, a escasos cien metros de la orilla y si lo hacen furtivamente, donde están esas autoridades para impedir semejantes desmanes.

   Pensábamos desembarcar nuevamente para acercarnos hasta el faro, pero la marejadilla, la indignación y que María prefiere navegar más que bajar a tierra, levanto el ancla, no si temor de que tengamos alguna red encima. Afortunadamente ha subido limpia, me alejo a motor de los pescadores, antes de izar la mayor, el viento terral de unos 10 nudos se mantiene, así que para remontar la ría de Arosa hay que hacer bordos, propongo que vayamos a fondear al Areoso, María está encantada, con los días que han tocado en suerte y la da igual donde vayamos y más en estos momentos de navegación en ceñida, que como dice, es mucho más divertido que a otros rumbos.

   Las roladas de la brisa son constantes y la presión va menguando a medida que nos internamos en la ría. A la altura de isla Rua apenas tenemos 4 nudos y avanzamos a menos de 3, hacemos bordos más cortos en las inmediaciones del islote de O Pedregoso, en el último, damos margen al torreón de Piedra Seca para internarnos en el campo de bateas, definitivamente la brisa nos abandona dejándonos clavados entre ellas, recogemos velas y a motor recorremos la última media milla.

   El fondeo en el Areoso es complicado para un velero, ya que la sonda pasa de 15 metros a solo 2 en no más de la eslora del barco. Largamos el ancla en cinco metros, pero al dar atrás me coloco en menos de 3 metros y todavía ha de bajar la marea, he de buscar un sitio más adecuado, ancla arriba y me muevo hacia un lugar en que el talud es menos pronunciado. Ahora me convence más, ancla en 7 metros y sonda de 5.

   La brisa ya ha rolado del terral, que teníamos por la mañana, al virazón que poco a poco empieza a establecerse. El agua se mantiene calma, así que me dispongo a bajar el motor fueraborda y probar que va correctamente. Sin la ayuda de la grúa, que no tengo montada, es un poco laboriosa la maniobra de colocarlo en la popa de la neumática, pero no tardamos en instalarlo, conecto la toma de gasolina desde el depósito y al segundo intento, arranca perfectamente.

   Aquí ya no tiene Rufino restricciones para corretear por toda esta magnífica lengua de arena, cosa que hace alegremente, incluso tirándose al agua, a cinco metros de varar la neumática en la playa. Paseamos a lo largo del arenal, el lugar invita a ello, nos encontramos solos como náufragos en medio de la ría, aunque el encanto no dura mucho, al ver entre las bateas, un velerito que se acerca con intención de fondear.

   Volvemos al Bahía a preparar algo que comer, el velero se ha situado al lado nuestro, demasiado cerca para mi gusto y así lo ha debido entender su patrón que ha repetido la maniobra un poco más alejado, enseguida ha llegado también una motora, cargada de estridentes niños, buen momento para desplegar velas, ahora que el virazón se ha intensificado. María acaba de recoger los restos de la comida y se apresta a ayudarme con la maniobra de izar la mayor y levar al ancla. Nos hacemos a la vela, sin tan siquiera poner el motor en marcha, desplegamos el génova y en un santiamén salimos del campo de bateas.

   Seguimos remontando ría arriba, esta vez viento en popa, no izo spi porque quiero comprobar como se comporta este génova atangonado, ya que será el que use en las grandes travesías oceánicas. En unos minutos tengo montada la maniobra, satisfecho de como queda y del navegar del Bahía a orejas de burro, con el piloto gobernando.

En las inmediaciones de Villagarcía de Arosa, recojo el tangón, damos media vuelta y a ceñir rumbo a la Puebla, apuro el rumbo para dejar la baliza roja de Moscardiño por estribor, la alcanzamos sin dificultades a buena velocidad y nada más virarla, abrimos diez grados el rumbo a nuestro destino, con lo que la velocidad se ha incrementado casi un nudo, estoy contento de como navega el Bahía.

Recogemos velas en el mismo puerto comercial de La Puebla, atracando sin novedad, tres días de crucero, casi 70 millas recorrida y el bagaje de haberlo pasado estupendamente, solo queda recoger las pocas cosas fuera de lugar y dar una baldeada a la cubierta, mientras María se da una ducha y prepara su equipaje para volar de nuevo a Valencia.

 

 

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